Uróboros

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Un territorio inventado, con cartografías inexploradas, algunas sin trazar.

Un lugar a donde el alma escapa en búsqueda del misterio, de su propio misterio, ése, que no logra reconocer aunque lo mire a los ojos a cada instante.

¿Por qué no lo reconoce? ¿Por qué tantas almas emprenden una secreta peregrinación hacía este lugar? Tan secreta que quienes lo hacen, no lo saben:

El alma parte, escindida, con la esperanza de encontrar aquello innombrable, azaroso, que quizá no exista, pero tal vez lo haga porque algo en el alma la empuja a buscar, a vagar, a caer de rodillas y, en paradoja, a emprender el vuelo, la marcha, caer en el abismo una y otra vez, cada vez más profundo (¿o más alto? ¿se hunde o se eleva?)

Y, al entrar en el territorio, el alma concibe un nuevo lenguaje, particular pero común. Pareciera un lenguaje inventado, no lo es, es su lenguaje.

Ahí la vida paralela: la de los cuerpos mortales y la del alma en eterna hoguera. Ahí el Nombre, en un mundo sólo el sustantivo; en el otro, el conjuro ante el cual el misterio es revelado, la cartografía trazada con precisión, el viaje del héroe.

¿Dónde empieza y dónde termina uno y otro? En el mismo lugar: conjunción, gerundio perfecto.

En ninguno hay tiempo, pero en uno se fuerza a que exista, en el otro, lo temporal o atemporal sucede porque sí, sin cadenas ni agujas o tumbas del reloj.

El espacio infinito: coartado, defendido y vilipendiado; miseria o riqueza en uno. En el otro: eterno instante, destello.

No existe más iniciación que la intuición del alma, la sed del misterio, la certeza absurda y absoluta del deber de buscar y, si es posible, encontrar.

Calles, laberintos, callejones y buhardillas. Mares, océanos, mares externos, subterráneos, internos, lloviendo, en sequía, mares en todos sus estadios pueblan los cielos, agitados por el fuego sagrado y la palabra.

Dentro, las venas y arterias colapsan ante la cárcel cotidiana, mientras en el otro mundo destilan, hierven, son habitadas en un canto franco de vida.

Aquí o allá es lo mismo, mas no es igual.

Todo/Nada: la paradoja eterna y palpable, vívida.

Utopía y Distopía separadas, mas siempre nutriéndose de las mismas raíces. Tan opuestas que son lo mismo: ambas amantes, ambas se detestan, creen que una destruye y la otra crea, una es realista, la otra sólo sueña. ¿Cómo no amarse? ¿Cómo no destruirse?

¿No es esa la historia perpetua de la humanidad, de los amantes, el obsceno deber?

Soñar que se sueña. Destruir la destrucción misma sin posibilidad creadora:

Eros/Thánatos son uno, son dos, son la humanidad constante pereciendo, son la exploración y curiosidad, son la creación absoluta y sublime en el punto de quiebre: Nada, sólo la muerte.

Pero ¿es que la muerte es Nada? ¿No sería justo mirarla desde el Todo? Desde la sombra que nos persigue/alimenta/aniquila/marejada imparable que, al unísono destruye y crea.

Origen

destino

oráculo:

U R Ó B O R O