Vanguardias en México I: Vlaminck, una “fiera” del color

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Si el de Antropología es el museo mexicano más conocido a nivel internacional, el Soumaya es el más internacional de los museos mexicanos. Sólo por hablar de una sección, el cuarto piso corresponde al Impresionismo y vanguardias y contiene una colección que nada envidia a las del Reina Sofía de Madrid o al L’Orangerie de París pues alberga obras de Van Gogh, Renoir, Courbet, Degas, Pisarro, Modigliani, Cezanne, Tolouse-Lautrec, Klimt, Matisse, Mondrian, Chagall, Sorolla, Van Dongen, Corot, Morisot, Utrillo, De Chirico, Gross, Fantin Latour, Cassat, Israels, Dufy, Rouault, Luce, Braque, además de los mexicanos Dr. Atl, Rivera, Zárraga, Tamayo, Orozco y Ramos Martínez.

 

Este cuarto piso del Soumaya constituye un excelente panorama para aquél que quiera estudiar y entender las vanguardias; por lo mismo resulta ser una inigualable introducción a la exposición temporal que este museo alberga desde marzo del año pasado: Vlaminck. La expresión del color. Maurice de Vlaminck es uno de los grandes vanguardistas que conforman el llamado tridente fauvista, junto a los también franceses Henry Matisse y André Derain.

 

Las vanguardias son una corriente pictórica que tienen un inicio bien definido: la vigésimo primera edición del Salón de Artistas Independientes de París de 1905, en la que expusieron los tres mencionados y cuyo mote, fauvistas (de fauve, fiera), les fue impuesto por el crítico de arte Louis Vauxcelles. La anécdota cuenta que en la exposición, una obra del escultor prerrenacentista Donatello se vio rodeada por pinturas coloridas, por lo que Vauxcelles exclamó ¡Donatello entre las fieras!, al tiempo de expresar su sorpresa por la orgía de tonos puros que presenció. Así nació el Fauvismo, primera vanguardia que rompió con las tradiciones academicista, impresionista y postimpresionista y trascendió otras corrientes como el simbolismo, aunque también abrevó de ellas. Su principal característica es la explosión del color y el uso de colores puros en los lienzos. Comúnmente se acepta que el Fauvismo tuvo una vigencia de dos años, hasta 1907, año en que el grupo original se separó.

 

Volviendo a Vlaminck, éste nació en París en 1876, en pleno apogeo del impresionismo francés. Aparte de pintor fue escritor de novelas eróticas, ceramista y grabador; tuvo dos vocaciones frustradas: las de ciclista y músico. En cualquier caso fue un artista completo que reflejó diversas sensaciones en su obra pictórica al musicalizar y dar volumen a sus trazos, así como al utilizar intensamente la paleta de colores para obligarlos a expresarse.

 

Con estas ideas llegué a ver la exposición de Vlaminck, esperando mirar muchos cuadros con colores fuertes y brillantes pero, a decir verdad, lo más colorido que hallé fueron flores pintadas entre 1913 y 1919. Ahí fui entendiendo que se trataba de una muestra de la etapa posterior al Vlaminck fauvista, que se extendió desde 1908 hasta 1950, en la cual abandonó la brillantez para dar preeminencia a los colores oscuros y a los blancos muy intensos, así como para dejar una huella más honda al exprimir hasta lo último los tubos de pintura y dejar marcas en las telas a través de las espátulas y de sus propios dedos.

 

Es así como La expresión del color muestra 120 obras de entre más de 6 mil que creó Vlaminck, incluyendo óleos, gouaches, acuarelas y dibujos, muchos de los cuales son exhibidos por vez primera en nuestro país. La muestra es de una extraordinaria homogeneidad cromática y temática que afortunadamente permite la inclusión de elementos diversos como puentes y ríos, casas y caminos, montañas y bosques, lagos y riberas, mares y barcos, árboles y almiares. Mención aparte merecen algunos detalles:

 

  • Con ciertas excepciones, la mayoría de los marcos son dorados, lo que hace resaltar aún más los colores utilizados.

 

  • Muy pocos cuadros presentan figuras humanas y elementos diferentes (un tractor, una carreta); los demás son naturaleza pura y salvaje.

 

  • Vlaminck demuestra una obsesión por los paisajes, caminos y puentes.

 

  • Condenó al Cubismo y culpó a Picasso de arrastrar la pintura francesa a un callejón sin salida y a un estado de confusión indescriptible; pero al menos en dos óleos (Los tejados rojos, 1909 y La casa gris en el barrio Saint Michel…, 1914), se acerca de manera peligrosa al Cubismo pues las casas denotan formas geométricas.

 

  • Se reconoce en sus obra la rapidez y la urgencia de los trazos, lo cual a mi parecer prefigura la característica de otra vanguardia, el Futurismo, empeñada en imprimir velocidad y movimientos en las pinturas.

 

  • Parece que en sus lienzos logra plasmar la temperatura del paisaje a través de un intensivo y profundo uso de colores oscuros y blancos, de manera que si observas el mar puedes sentir la tormenta; si te fijas en el campo de trigo, el viento levanta tu cabello; si te acercas al paisaje nevado, el frío recorre tu cuerpo. Es por ello que, con notable precisión y acierto, los curadores de la exposición llaman a esta característica El color gritado.

 

Finalmente, la muestra del Soumaya conmemora 70 años del fallecimiento del artista (11 de octubre de 1958), conocido también como El ermitaño de la Tourillèrie (la granja donde vivió una parte de su vida). Es una exposición imperdible en este inicio de año, de esas que de cuando en cuando visitan nuestro país, donde es posible contemplar de cerca y estremecerse con las creaciones de una de aquellas fieras que en los albores del siglo XX cambiaron para siempre el arte universal con su ojo vanguardista.