+VICENTE RUIZ COLÍN Y PELUQUERÍA RUIZ, ANTES IMPERIO, UN FÍGARO TOLUQUEÑO MUY PIOCHA; UN RECUERDO DE LA TOLUCA DE LOS AÑOS CINCUENTA

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La frase:

La de Vicente Ruiz El Güero, es sin duda una historia ligada a la vida de Toluca y de sus peluquerías.

UN RECONOCIMIENTO

VICENTE RUIZ COLÍN Y LA PASIÓN POR LA PELUQUERÍA

(Primera de dos partes).

 

Generalmente todos los seres humanos tienen una pasión. Para muchos es el futbol, para otros, la lectura; algunos más, chatear; otros ver series de TV; para Vicente Ruiz Colín es la peluquería.

Su temor,  al morir, que la Peluquería Ruiz desaparezca junto con él, porque aunque con ella ha sostenido a su familia, esposa y  tres hijos: dos hombres y una mujer de bien. Ninguno continuó con el noble oficio.

Aunque no es toluqueño de nacimiento, lo es por adopción, ya que lleva más de 66 años viviendo en nuestra ciudad.

Durante la entrevista no sólo habló del arte de la peluquería, sino que dio clases lo mismo del manejo de las tijeras, que del afilado de sus instrumentos. No cualquiera sabe hacerlo.

Por si fuera poco, es el introductor en Toluca del famoso corte a navaja. Y ojo, está orgulloso de ser peluquero, como se les llamaba antes, no estilista, como se les llama ahora.

Esta entrevista se publicó en mi libro Toluca con y por su gente, publicado en el año 2018.

ASÍ FUE LA ENTREVISTA

Hábleme de sus papás, ¿dónde nació, por qué llegó a Toluca?

Nací en Temoaya, estado de México en 1937. Mis padres originarios de allá, Alfredo Ruiz Valdez y María Colín Rubio.

Vine a Toluca a la edad de 14 años para aprender el oficio que ha sido durante 70, es el de peluquero.

¿Por qué peluquero?

Por casualidad. Es un oficio que no heredé, no fue iniciativa mía aprenderlo, sino que como soy huérfano desde los cuatro años de edad, de padre, mi madre buscaba que me viniera a estudiar acá la secundaria, porque en Temoaya no la había, termino la primaria y no fue posible, porque se necesitaba, para esto tener dónde vivir o un espacio en la escuela de Artes y Oficios.

Se hizo la lucha por entrar a esa escuela, pero no fue posible, entonces me puse a trabajar en una abarrotera, me invitó el señor de la tienda para que estuviera como empleado de mostrador.

Resulta que por esos días, llegó la esposa de un señor peluquero en Toluca, era tía de mi mamá, una señora de Temoaya también, pero se vino para acá desde joven; se casó con el señor Pánfilo Sánchez quien era el dueño de la peluquería.

Mi madre, viendo que no podía seguir estudiando, quería que aprendiera algún oficio, entonces platicó con su tía, por casualidad fue, porque iba cada cinco o seis años por allá. Ya estaba trabajando en la tienda, le dijo mi hijo está trabajando ahí, pero eso no es un oficio, quiero que lo tenga para que se mantenga, ya que no pudo seguir estudiando.

La tía dijo, déjame consultar con mi esposo; ellos no tenían hijos, a ver si quiere que viva en la casa y que se vaya a la peluquería, como aprendiz.

La respuesta fue positiva, fue a finales de febrero. Para el 4 de marzo me trajeron aquí, me desempacaron, en el año 52, para entonces fue que inicié como aprendiz de peluquería.

Me vine con la idea de no ser peluquero, porque no conocía nada de eso, conocía a los peluqueros de mi tierra, se la pasan echando pulquitos, pelando piojos y mugre con la gente de allá, de mi tierra.

Al llegar me encontré con una peluquería de primera categoría, que manejaba gente de importancia, estaba en lo que fue el Hotel Principal Rex, ahí estaba la peluquería, se llamaba Imperio, ahí nos iniciamos en el 53, hubo que tirar aquel viejo edificio del Hotel Principal y nos pasamos a la primera casa de Matamoros que era de un señor Rosendo Campos, de Tejupilco.

Ahí le rentó a don Pánfilo, lo que era su cochera y se hizo del local para la peluquería, esto fue a principios del 53 hasta el 60, que nos tiraron esa casa para hacer la que está actualmente en la mera esquina, Matamoros e Hidalgo, tiene varios locales.

Para esto me pasé a la siguiente casa, en 1960 me ofrecieron hacer un local, lo que era la entrada de la segunda casa de Matamoros, del doctor Medina y su esposa la señora Sonia Cravioto, me hicieron un local y me rentaron.

Ahí estuve hasta que se hizo la ampliación de calles, en 1967, salí de ahí y me fui para Aldama, atrás de lo que fue Sears, la Mueblería Lux, de Luis Pérez Goñi; la casa donde estuve había sido parte de la  Escuela Claret, nada más que habían tirado aquella y habían hecho una nueva casa que tenían nuevos locales y ahí me pasé.

Durante

¿Donde está la reparación de calzado?

No, la otra es una que tiene dos cortinas, estaba el zaguán de por medio, el que estaba al sur, eran dos cortinas tenían de fondo como tres metros, menos, pero de largo era como seis metros y ahí fue donde estuve hasta que me volvieron a dar mi local, cuando hizo el nuevo edificio la familia Medina, me regresé a finales del 70.

En lo que lo acondicioné, abrí el primero de enero del 71, lo que fue para nosotros la nueva Peluquería Ruiz, cambió de nombre, porque la otra la dejé trabajando.  Ahí hasta 1988, que me pude pasar donde estoy actualmente en la colonia Morelos, 23 de septiembre 515, ahí hasta que me saquen con los tenis por delante.

¿Llega a Toluca y qué le dice don Pánfilo?

Me dice, ¡qué bueno que te viniste!, eres un niño, pero vas a salir de aquí joven o adulto y si te pones abusado, antes que termine el año vas a ganar dinero con las tijeras.

Efectivamente para octubre salí para una peluquería que era de un hermano de él, estaba en la calle 5 de Mayo, entre Sor Juana y Pino Suárez, donde se atendía el 95 por ciento de niños, el resto de adultos, ahí duré un año.

Cuando don Pánfilo abrió la peluquería de los Baños María Teresa, la desorganización del señor, desgraciadamente, él había pedido a don Fermín Larregui, el dueño de los baños, que le diera el local de la peluquería y como era su cliente, accedió.

Llegada la fecha para abrir, don Pánfilo no tenía muebles, entonces desvistió un santo para vestir el otro lugar, así fue.

Dejó a tres personas trabajando, un muchacho que estaba haciendo su secundaria, tenía relación con él, en calidad de hijastro, su mamá era la amasia del patrón. Otro muchacho, que había aprendido con él, Pancho Nava, el primero se llamó Guillermo García y un señor que tenía algunos años trabajando con él,  tenía muy buena clientela, pero el señor se sintió patrón, indispensable, empezó a beber, a faltar y terminó quitándolo de la peluquería, entonces me llamó a mí, me dijo, te vienes en lugar de Pablito.

De hecho me dejó al frente, como encargado, esto en Matamoros, él se fue a los baños y acá dejó, pero este señor Pablito empezó a faltar, a beber y lo quitó, porque don Pablito era encargado del negocio.

¿Fue difícil aprender?

No. Había un sistema para los aprendices empíricos como lo fui, primero lo ponían a uno a practicar con las maquinitas manuales hasta que aprendiera a moverlas para no jalar, después con las tijeras a trabajar con el cliente invisible, nos poníamos atrás del sillón, hasta que tenía uno la soltura.

¿Cómo se lograba ese ritmo?

La práctica nada más, eran horas de estar ahí. Al principio se cansan los dedos rápido, pero después se va uno acostumbrando al movimiento y va durando más,  llega el momento de estar moviendo esa maquinita 10, 15 minutos y no causa cansancio, simplemente se sigue moviendo con las tijeras.

Además las tijeras, para los que aprendimos así, porque ahora ya es otra cosa en las academias. Lo veo con las personas que han trabajado conmigo, no las agarran igual que nosotros, nos enseñaron a poner el anular en un ojo y el pulgar en otro, sólo se movía el pulgar para que la hoja de arriba estuviera estable y entrara en forma horizontal.

Moviendo las dos, llega el momento en que puedes agarrar una oreja.

¿En esa época cuánto se cobraba?

Cuando llegué, se cobraban dos pesos por el corte de cabello y un peso 20 centavos por la rasurada.

De esas tijeras creo que ya ni las hay.

Sí las hay, el costo es dependiendo de las marcas, porque hay unas que son para salir del paso, no duran mucho, pero unas buenas tijeras, valen 600, 700 pesos. Pienso, porque son varios años que no compro, tengo un montón de tijeras, pero las últimas que compré eran de los mejores aceros, ya tienen algunos años, duran mucho sabiéndolas cuidar.

Hay quienes les dan a los afiladores, se los acaban en unas cuantas afiladas, yo las afilo con piedra esmeril, hay que saberlo hacer, igual que con la navaja antigua que usamos para rasurar. Teníamos piedras especiales que nos decían que venían de los acantilados de Checoslovaquia, las piedras ayudaban a afilar, la lona que tenemos colgada en el sillón, eso era para asentar el filo.

Por decir, más o menos el filo de una navaja te dura un día, por ejemplo tenía seis o siete que afilaba cada semana, después cada día asentar, cuando no quedaba bien, hay que volver a afilar, es otro oficio que hay que aprender, afilar las tijeras así como las navajas.

Eso ya se acabó, vino lo desechable, ahora cortamos unas Guillette que están escaseando, pero vienen otras marcas de la India y de China, que es la que usamos, con la misma forma, metemos en el portanavajas y ya se acabó el problema de ser afilador.

Le toca también la transición de la maquinita manual a la eléctrica.

Cuando empecé a aprender ya existían las primeras eléctricas, pero eran muy caras y donde estaba no tenían máquina eléctrica, porque se cobraban dos pesos el corte y una máquina de ésas costaban no sé si 400 ó 500 pesos, entonces nadie las tenía.

Trabajé cuatro o cinco años con las manuales y ya después me pude hacer de mi primera máquina eléctrica.

Para esto, quedé como encargado de ese negocio, como empleado, 53-54 y a mediados del 55 la vendieron, porque don Pánfilo se estableció a dos cuadras, se llevó los mejores muebles, los mejores peluqueros y los que dejó acá le fallaron, se fue para abajo, a mí la gente me acababa de conocer como aprendiz, obviamente no me tenían la suficiente confianza.

Empezó a arrojar números rojos la peluquería, había pensado él heredársela a su hijastro, pero la puso en venta, obviamente no habló conmigo el señor, porque era menor de edad, entonces habló con mi hermano mayor, venía periódicamente a ver cómo se portaba su hermano, porque eran las disciplinas de aquella época.

En una de ésas, le dijo que quería vender la peluquería que a ver si me quedaba con ella, entonces iba todos los domingos a visitar a mi madre, llevaba mi ropa sucia para que la lavara, me salió con que don Pánfilo quiere vender la peluquería, que si te quedas con ella. Le dije, ¡no mamá!, no tengo dinero para comprarla.

Cuando me acuerdo de esto se me quiebra la voz, porque cuando iba, de lo que ganaba le daba a mi madre, 30, 40 pesos a la semana, de lo que me quedaba, me dijo ¡sí tienes!, todo lo que me has dado te lo he ido guardando.

Fue cuando dijo, quiere que le des el 50 por ciento y para el otro 50 por ciento te espera un año a mensualidades, como estaba encargado del negocio, sabía cuánto ingresaba más o menos, me animé, en esas condiciones, ¡sí!

Mi madre me dice te falta para el 50 por ciento, te faltan 500 pesos yo te los regalo, así fue que, en julio de 1955, a partir de la mitad del mes tomé posesión como propietario de la peluquería.

Desgraciadamente, esto es algo tal vez que no importa para lo que tú buscas, pero te lo digo, terminé mal con el señor porque tuvimos algunas dificultades, habiendo vivido en su casa, aprendido en su negocio.

La conducta de él no fue la correcta, no me corrió de su casa, porque él debía rentas que no había pagado y cuando el dueño de ésta dice, tú le compraste a Pánfilo, pero no me tomaste parecer si te quería rentar o no; le dije le tomé parecer a su hija, porque estaba en el juicio, por esa casa, había muerto la mamá de esta señora, la esposa de don Rosendo y le heredó la casa a su hija, pero el señor dijo no, la casa es mía y se fueron a juicio.

Entonces a nosotros nos llegaban órdenes de los juzgados de diferentes instancias en que se le pagara a ella o a él, finalmente cuando nos ordenaron pagarle la renta a él, fue cuando me llamó, me dijo: Pánfilo me debe renta y yo sé que le debes dinero, además el abogado que llevaba el asunto de la casa, era cliente y amigo de don Pánfilodon Guillermo Molina Reyes.

Estaba conectado con la situación, sabía en qué condiciones había comprado la peluquería, el asunto es que para que no me corriera, dejé de pagar a don Pánfilo lo que le debía para pagar la renta que adeudaba y eso le molestó, desgraciadamente eso motivó el distanciamiento entre nosotros.

En Aldama

¿Cómo se fue haciendo la clientela?

Tratando de superar el trabajo, porque el peluquero empírico se hace viendo trabajar a otras personas, cuando ya sabemos manejar las tijeras, las herramientas en general, veíamos trabajar a otra gente, íbamos agarrando lo que nos iba gustando de cada uno para hacer un estilo personal.

Entonces había visto trabajar a la gente con la que había estado en esa peluquería como aprendiz, después acá, no se aprende nada, porque era cortar, no perdí el contacto, como vivía en la casa del señor Pánfilo me mandaba abrir, cuando llegaban los elementos me iba a desayunar y luego me iba a trabajar, como era de su hermano la peluquería no había problema de horario.

Viendo que quería superarme y no había visto más que trabajar a unas cuantas personas, me iba a la Ciudad de  México en calidad de cliente, a peluquerías de alto nivel para ver qué les pescaba, así fue como introduje aquí, en Toluca, el Corte de Navaja, porque no se hacía.

Cuando me enteré precisamente por andar allá ya se cortaba el cabello a navaja, fue que aprendí a hacerlo y lo introduje, y cuando abrí mi nuevo negocio, Peluquería Ruiz, la implementé con los primeros lavabos al sillón para lavar el cabello, porque para cortarlo a navaja, como se usaban brillantinas en aquel tiempo, no se cortaba bien, aparte de que había que mojarlo y para secarlo la brillantina transmitía el calor del secador y era molesto, quemaban si se descuidaba uno.

Tuve la oportunidad de poner un negocio bonito.

En aquel tiempo, montar una peluquería de cuatro sillones, era pensar en invertir cinco, seis mil pesos por sillón, invertí 25 mil pesos por sillón, tú conociste la peluquería, era la más bonita, no de Toluca, de muchos alrededores, venían Colegios de México a conocerlo, se corrió la voz debido a que iba a esa ciudad a tratar de superar mi trabajo, me hice de unos amigos, los invité a que vinieran a verla y entre sus palomillas de colegas, corrieron la voz.

Este muchacho, tenía interés en eso, me vino a hacer exhibiciones, me traía dos o tres elementos, me decía júntame colegas para darles la clase a todos.

Él formó su club y hacía una especie de competencias, se iba a Guadalajara, Morelia, Puebla y se vino a Toluca, buscaba un lugar amplio para montar el que estuvieran trabajando, 12, 15 personas a la vez y a ver quién hacía mejor el trabajo y les daba algún incentivo, un diploma.

Esto se hacía en lo que fue el bar de San Carlos, como estaba amplio el local ahí se hacía, entonces me pedía el local de la peluquería, porque lo hacía generalmente en domingo para que fueran a lavar los modelos que iban a estar para esos cortes.

Así fue que se corrió la voz y venía gente de la Ciudad México a conocer mi negocio, lo puse muy elegante y si lo recuerdas, no era la mejor peluquería de Toluca, era la de muchos lugares.

¿Cómo se consiguió a los otros tres peluqueros?

Uno trabajaba con un tío de él, el otro había trabajado con otro colega mío, que estaba por Galeana, pero habían bajado los ingresos con la cuestión de las melenas, se metió a  una fábrica y lo saqué, porque tenía referencias de él, trabajaba bien.

Conocía exhibiciones que nos venían a dar y aprendieron el corte, nos fue bien, estaba lleno el negocio a todas horas, con la fortuna que ahí salió para el techo de mi familia y de mi negocio, ahora me tienen despreocupado el cambio de domicilio y rentas.

Salí de Matamoros en 1988. (Continuará el martes).