Vigencia de Julio Cortázar

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La década de los sesenta fue crucial para las negociaciones de paz en todo el mundo, ideas libertarias en la ciencia y en las artes cruzaron fronteras, los portaaviones cercaban archipiélagos asiáticos, hecho que no impedía que naves soviéticas hicieran pruebas de despegue, que Richard Nixon se instalara en la Casa Blanca o que naciera el Jumbo Jet. Calculando la diferencia entre aquellas fechas y las del calendario, contamos cincuenta años. En este continente, el Boom Latinoamericano había detonado en las venas de América Latina como una sencilla exageración de la realidad que se contagió por su efecto mágico y tropicalizado.

El  éxito de los autores representativos de este movimiento trascendió exportando a Europa vidas y sueños, llevando un poco de Revolución, exuberancia, cosmopolitismo colonial, hervor de sangre, mestizaje y, especialmente, esa característica difícil de determinar: la heterogeneidad de un movimiento literario.

De entre todos los representantes del movimiento, Julio Florencio Cortázar Descotte (Bruselas, 1914-París, 1984) aportaría las bases de una nueva narrativa, heredable a todas luces para generaciones posteriores de narradores, poetas y otros orfebres de la escritura.

Ya para esos años había publicado su famoso cuento El perseguidor en Ed. Sudamericana reunido junto a otros relatos  bajo el titulo Las armas secretas (1959), Los premios (1960). En la mítica editorial Minotauro, de Buenos Aires, aparecieron en 1962; la novela mágica que lo hace trascender Rayuela (1963), Historias de Cronopios y de Famas, ya en Nueva York  se publican traducciones por la Editorial Pantheon y en París, Gallimard hace lo propio.

La vuelta al mundo en ochenta mundos, 62 Modelo para armar, AlmanaqueÚltimo Round. A la par de su intenso ritmo de publicación: Bestiario, Final de Juego, Las armas secretas, Todos los fuegos el fuego. Pameos y otros poemas , Prosa de Observatorio, Libro de Manuel, su actividad política, crece visita Perú, Ecuador y Chile, activista en la defensa de los derechos humanos, realiza visitas clandestinas a zonas de conflicto, dialoga con mandatarios  y revolucionarios, en una palabra, contribuye a la sociedad.

De la misma manera contribuye a la literatura, porque esta sociedad se vuelca sobre sus libros, y los transforma en materiales vivos, objetos culturales  con la etiqueta identitaria: latinoamericano. El joven profesor que saliera de Argentina, inspirado traductor de Edgar Allan Poe, no volvería otra vez, en intercambio, Francia regresó al eterno niño avejentado, creador de una obra enorme que nunca traicionó su argentinidad, y procedió a entregarnos el recurso literario por antonomasia: la universalidad.  Me atrevo a proyectar que fue el único latinoamericano afincado en París que pensaba en argentino mientras detallaba en su prosa las grandes obras del arte contemporáneo en cuanto a música, pintura, arquitectura se pueda tratar.

Hizo los valores estéticos visibles y nos mostró con franqueza el espejo del otro europeo, momento definitivo para todo artista, dejar de ser puro, enfrentarse a la otredad del colonialista.

En la estructura también fue un innovador, a pesar de su apropiación afrancesada de los simbolistas, el ejercicio de esas formas dentro de sus cuentos y novelas tienen una doble ventaja ya que adquieren otro sentido para el latinoamericano, ejercitando capacidades creativas para convertirse en la personificación de la totalidad humana (artística y política)

Como los grandes del vanguardismo europeo y latinoamericano de Picasso a Neruda concluye postulando la equivalencia de las dos vanguardias (la artística y la política) porque ambas son intrépidos modos de reconquistar la plenitud dinámica de la humanidad.

¿Qué hace tan importante esta transición? Su continuo mezclar mundos inconciliables, el movimiento de su intelectualidad como una fuerza atrayente para las juventudes, logra conformar, como en sus cuentos, un espacio de intermedio entre el principio y el fin, un ritmo entre las naciones de la misma manera que va ensartando  frases larguísimas, con interjecciones, con adornos propios de lo latino,  para llegar al desenlace de reconocernos como distintos, en vías de desarrollo, parchados, collages, en continua transformación. La generación del Boom fue considerada de alta conciencia crítica, en su momento cada uno de sus individuos formaban escuelas de pensamiento, ahora, todo ha cambiado.