Visitantes distinguidos venidos de Ciudad de México
Se debe atender otras lecturas, por ejemplo, el acercarse a comentarios de la primera edición del libro: Toluca / Crónicas de una Ciudad / Antología compilada por Mario Colín Sánchez, y publicada en la colección Biblioteca Enciclopédica del Estado de México, en el año de 1955. En palabras de presentación de dicho texto por el sabio cura Ángel María Garibay Kintana, querido y ejemplar cronista, sabio estudioso de teología, de culturas grecolatinas y del oriente; particularmente, destacado por sus investigaciones y publicaciones de culturas prehispánicas del Náhuatl y Otomí.
Cito el texto que escribe para el libro de Mario Colín Sánchez al que llama: Tacita de Plata. En tal, el padre Ángel María Garibay dijo con fecha 22 de agosto de 1955: El regreso a lo mexicano tiene mejor arraigo en la provincia. Y al verla, el corazón se siente con alegrías de niños y sueños de adolescencia. Por la provincia comienza siempre la renovación. Lo mismo la historia romana que en la de los pueblos modernos, tan complejos y tan complicados, De Hispania fueron a Roma Marcial, Lucano, los Sénecas. Y la veta que dejaron es de las más briosas y plenas de savias. Acá estamos —dice Garibay—, comenzando con bellos libros de bellas ciudades. Me tienta a hablar ahora de uno que es linda realización. Se trata de la antología acerca de “Toluca”, que con “Crónica de una Ciudad forja el licenciado Mario Colín…”
Vale más el contenido. Desde atisbos acerca de su historia prehispánica —porque de atisbos nos pasan— en que hallamos del brazo al indispensable Sahagún con Robelo y con otros peores. Sigue la mejor parte. Desfile de Altamirano, la Marquesa de Calderón de la Barca, sojuzgona y entrometida, pero, como buena mujer, captadora de la realidad que pasa; Gutiérrez Nájera, el multiforme; Vasconcelos, en su edad de oro, y entre los vivientes, la sagaz vista de Salvador Novo, la desbordada de Zúñiga. Los fragmentos de Salinas son ciertamente los más ricos.
De todos estos hilos puede tejerse el cuadro. Y el cuadro es simplemente luminoso. / Una ciudad quieta y sumergida en la luz; con los crepúsculos más meditativos del mundo, con el fluir del agua que ni siquiera canta, por estar en rezo. La ciudad de los juaristas, y la ciudad del Obispo Vélez —primero sin segundo—, con su tianguis del viernes, con sus intensos y largos, en penumbra y sugerencias, portales únicos, portales que son archivo de los ya viejos, por los amores que en ellos escondieron; alegría de los jóvenes, por los juegos de azul y oro. La mejor imagen es la de la taza de plata sobre el albo mantel; la del incensario que pebetea a la infinita luz. De nuestros mayores estudiosos, investigadores y lectores del siglo XX, el padre Ángel María Garibay, expresa en palabras la ternura por el terruño que es origen de su sabiduría.
Sus palabras escritas en la amistad que le une al excelente promotor cultural que es Mario Colín, Garibay Kintana dice: La “tacita de plata” no es sólo Toluca. Toda la provincia inmensa, con sus riquezas no sospechadas, con sus misterios legendarios, es la vasija del amor en que se labra el México futuro. El México integral, que nada ignora y que todo ama. La antigüedad de los perdidos en las sombras de los siglos y la creación de aye”.
Al revisar los cuatro puntos cardinales que parten o llegan a la capital mexiquense, tarea es investigar el pasado que habla de aquellos visitantes que amaban la Ciudad de Toluca de fines del siglo XIX y siglo XX, llegaron por el camino que hoy conocemos del Paseo Tollocan y, a través de la autopista hasta el que llamábamos kilómetro 13, fuera a su entrada o al salir de Ciudad de México.
Personajes que dejaron huella por algún escrito o alguna fotografía. Cito de nueva cuenta el libro de Mario Colín Sánchez titulado: Toluca / Crónicas de una Ciudad / Antología. Una visión que nos recuerda a quienes admirados de la capital mexiquense en el México independiente le visitaron. Desde el recuerdo del poeta chileno Pablo Neruda, quien en su libro Confieso que he vivido recuerda su visita al mercado de los viernes en Toluca. De igual manera la visita de Diego Rivera y Frida Kahlo, la cual aparece en su bella presencia en una fotografía en lo que es contraesquina de calles de Toluca. Cito información de Thelma Morales García, directora del Museo La Pila, quien me cuenta lo siguiente: Por otra parte, existen datos y registros de varias visitas de Frida Kahlo realizadas a lo largo de su vida a Toluca, como lo recordaba uno de sus alumnos Arturo García Bustos, que regularmente viajaban en el auto de Cristina su hermana, que era la que manejaba. Frida y, los “fridos”, llegaban a Toluca para visitar el tianguis de los viernes que se colocaba en los alrededores del Mercado 16 de septiembre —hoy El Cosmovitral y Jardín Botánico—, y se dedicaban a recorrerlo y disfrutar de la barbacoa y el taco de plaza; además de las artesanías que elaboraban los mazahuas y otras etnias que llegaban a vender a dicho lugar. Recordemos a Diego que además iba a Metepec por figuritas eróticas que compraba con los artesanos del barro para hacer su colección que le hizo famoso.
El texto de Mario Colín, es un material invaluable para saber de aquellos que visitaron la ciudad y por igual les sorprendió su belleza que les hizo encontrar rasgos que no les fueron afables. Salvador Azuela, en dicho libro titula sus palabras de inicio: Crónica de Toluca, escribe: Se ha hecho justicia a ciudades mexicanas espléndidas por su belleza como Puebla, Morelia, Oaxaca y Querétaro, para citar unos cuantos casos espigados al azar. No ocurre lo mismo con Toluca. Aunque no sea comparable con aquellas poblaciones en lo que a grandeza monumental y artística se refiere, trátase de una ciudad grata y mexicanísima, que el viajero apresurado que atraviesa rumbo a Guadalajara o a Morelia, no puede contemplar en todos sus aspectos amables.
Ciudad de largo peregrinar sus avenidas o carreteras que le han de comunicar con el mundo cercano o con aquél, que habla de su internacionalización hace comprender que Paseo Colón, el nuevo Paseo Tollocan, la nueva Avenida Isidro Fabela por un lado, y la Alfredo del Mazo Vélez por otro yendo al norte de la entidad, representan la pujante etapa de macropolitización que ha sufrido la Ciudad de Toluca desde fines de la década de los sesenta del siglo pasado y siendo promovida a finales de los noventa por los gobiernos estatales correspondientes. Prueba de ello es el Paseo Adolfo López Mateos yendo rumbo a Zinacantepec, todos esos paseos son uno y la misma cosa: la pasión por poner a Toluca en el contexto de la nación y del mundo, como se constata con el Encuentro de los países de Canadá, Estados Unidos de América y México, en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto en su visita a la Ciudad de Toluca, haciendo del Paseo Tollocan una vía supervigilada en la cual no se pudo transitar por sus carriles centrales mientras el presidente de Estados Unidos de América, Barak Obama y el primer Ministro de Canadá Stephen Harper lo hicieron.
Leer y más leer para comprender la grandeza de una persona o de una Ciudad como Toluca. Dos párrafos que aparecen en el libro de Mario Colín dicen mucho, son de del escritor Salvador Azuela, que define mucho de nuestra historia: Tierra en donde se establece la batalladora tribu de los matlatzincas, éstos acaban vencidos por los aztecas. Llega el dominio español —hierro, sudor y sangre— con los soldados de Gonzalo de Sandoval. El espíritu franciscano que habita en el alma de Fray Andrés de Castro, suaviza los rigores del trato que sufren los indígenas sojuzgados. / Ciudad apacible, empero, ninguna de las grandes preocupaciones del país le ha sido extraña. El Instituto Científico y Literario del Estado de México, se crea al iniciar nuestra existencia de nación independiente, en un anhelo paralelo de autonomía cultural. En sus aulas enseñó el voltariano liberal don Ignacio Ramírez y bajo su impulso se incorporó a la cultura del país, don Ignacio Manuel Altamirano.

