Volando bajo

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Cualquier mente sensata pensaría que un país que enarbola las causas educativas como bandera política, tendría todas las condiciones para que educadores, padres de familia y alumnos hicieran su trabajo de manera prístina.

Del mismo modo, la congruencia mandataría la construcción de un modelo educativo incluyente, razonado, en el que se lograría erradicar problemas tan añejos como el analfabetismo, el ínfimo aprendizaje matemático o la tan manoseada comprensión lectora.

Nuestra realidad, lamentable realidad, nos deja claro que, en México, por mucho discurso que se escriba o enuncie al respecto, no hay interés por mejorar las condiciones educativas actuales; con todas sus letras, la educación no es un tema prioritario.

En la Secretaría de Educación Pública, han desfilado funcionarios con una gran visión de Estado y con una genuina vocación de servicio: José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet y Justo Sierra son ejemplo de ello, pero en su inmensa mayoría, una danza de perfiles impresentables que no han sabido encausar al sistema educativo en una ruta medianamente exitosa.

No se puede presumir al mundo que hacemos una buena labor educativa cuando hay miles de escuelas, particularmente en Educación Básica, que no cuentan con los servicios mínimos indispensables para desarrollar su labor. ¿Es posible aprender en un aula sin techo, sin ventanas, sin agua?  Que lindo es presumir que tenemos cerca de un cuarto de millón de escuelas para la educación obligatoria, aunque un porcentaje alto de ellas no cuente con el cien por ciento de sus necesidades cubiertas. A eso, por mi pueblo le llaman simulación.

No es, ni será posible emprender grandes proezas, mientras la postura siga siendo tan pequeña, tan mezquina, tan mediocre.  Como nunca en la historia, el tema educativo está volando muy bajo.

El niño debe encontrar en el espacio escolar un lugar para sentirse pleno, se tiene que trabajar para lograr arraigo en las escuelas, un estado de pertenencia que logre convencer al estudiante de que todo lo que ahí descubra tendrá un impacto positivo en su vida y le preparará para encontrar el éxito que sueñe. Eso no está sucediendo.

El desprecio hacia la educación no es nuevo, porque el despacho de la Secretaría de Educación Pública ha hospedado a personajes como Fausto Alzati (Falzati), quien se ostentaba como doctor sin un grado o cédula de por medio, así como Políticos del tamaño de Manuel Bartlett, Emilio Chuayfett o Josefina Vázquez Mota. ¡De miedo!

Mucho se argumenta que los titulares no son profesores y que por eso no se logran avances; nada más para dejar claro, que eso no es garantía, refiero a dos que si lo fueron y como que no son ejemplo de éxito: Plutarco Elías Calles y Delfina Gómez Álvarez.

Y si a todo ese entorno sumamos la creencia social de que sin títulos tengo un montón de dinero, para que estudiar si no sirve de nada o para que estudiar si acabará de chofer de Uber, pues todo apunta a una legitimación de un paradigma sin aspiraciones y sin salida.

Que mal andamos, que bajo volamos.

horroreseducativos@hotmail.com