Where the wild things are…

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Spike Jonze me los presentó, los conocí y me agarre fuerte de ellos, tristes,
enormes, temibles y miedosos, pude saborear la película con todo lo que traía, la
etérea y bella banda sonora de Karen O (Yea Yea Yeahs), los increíbles rostros,
los paisajes empolvados, las dunas de máximo 5 colores, y toda ella, como una
película que guardé para mi yo de 7 años.


Siempre dije que sería increíble poderla ver a esa edad, entender lo que portarse
mal significa, ahora que soy mamá cuido mucho lo que le leo con mi hija, procuro
que las historias reflejan problemas y situaciones que ella pueda ver como reales,
o posibles, tampoco totalitaria, amo los cuentos de hadas y la fantasía, pero de
vez en cuando los libros ayudan a movernos dentro de historias parecidas a
nuestros propios comportamientos.
Eso mismo pasa con Dónde viven los monstruos, que después de ver la cinta
por ahí del 2012, quise tener en mis manos el libro y poderlo leer en casa como un
historia de antes de dormir, la realidad es que es compleja para una niña que está
por cumplir los tres años, sin embargo creo prudente contarles de qué va…


El libro de Maurice Sendak, que como ilustrador y autor de literatura infantil,
publica en 1963, presenta una historia relatada por Max, un niño que,
incomprendido en casa, decide emprender un viaje en una barca a una tierra en
donde criaturas bestiales buscan un rey o un líder, el encaja como tal y por ser el
rey promete crear un lugar donde todo el mundo sea feliz, sin embargo, pronto se
da cuenta de que gobernar su reino no es una tarea tan fácil y que sus relaciones
allí resultan ser más complicadas de lo que pensó al principio.
La narración tiene una carga muy constante de dominación, libertad, deseos,
oscuridad, sueños y pesadillas, por eso cuando lo tengo entre manos recuerdo
que tendré que estar más tiempo para compartirlo con mi hija, es una obra
compleja, inclasificable e interesante que, a pesar de estar bellamente ilustrado y
retrata a los mounstros como seres nobles y sonrientes, metáfora que siempre he
disfrutado, muestra cómo los seres humanos reproducimos una serie de
esquemas que tenemos interiorizados a causa de nuestras realidades sociales.
Conmover la mente adulta y por igual la mente de los niños me parece un acierto
increíble, y por eso creo que esta pieza de literatura merece un buen lugar en el
muy curado librero de mi vida, de entre mundos fantásticos, personajes poéticos y
discursos íntimos.