XVII
El blues nace
en el sabor
de los labios,
en las líneas
de los muslos,
en el color
del cielo
que despierta.
El blues
nace en las magnolias
y surge
en el vaivén
de su nombre,
en el pizzicato
que inventamos,
en su hálito.
El blues nace
en el tiempo,
en aquel espacio
donde mi nombre
y su nombre
coinciden,
como en el punto
donde coinciden
todos los mares
y todo el silencio
y sus manos
acarician mis manos.
Nos encontramos
nos inventamos
en el mar
el blues
y el silencio.

