Y si Adelita
Pude irme cuando era más que imposible,
quemar las naves, cambiar mi oro
por los espejos empañados de bronce
y luego comenzar.
Ser su soldadera, su mejor amiga
el cuento de nunca acabar,
supongo que no era ésta
la intención del poema.
Opinión no solicitada, acusación
manifiesta, me hallé sola y el camino
serpenteaba hasta el infinito.
Era un tipo de mujer sólo eso,
de un cardumen innecesario
de los que caen en la red primero
las que toman el anzuelo con la mano. .
Con los frutos vinieron los fracasos
y a cada logro floreciente un reclamo.
Nunca suficiente, nunca del tamaño
de otras viajeras intelectas
siempre el núcleo roto del rebaño.
Sin embargo, sólida, piedra, arcano.
Jamás permití que nos tocara la tormenta
así convocara los vientos más arduos.
A todo dije que sí y pudiendo negarme
tengo el premio de la más cobarde.
¿Quién soy yo para juzgarlo?

