Yo mestizo

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En la portada de la obra se visualiza a Zapata y un Iphone, quizá una imagen que aparentemente podría ser más sugestiva que la de la obra “La Revolución” de Fabian Chairez, en la que gracias al apoyo de diseñadores gráficos que pretendieron sintetizar el alma de la obra de una transición que nuestra generación de manera poco sensible ha logrado atisbar y mucho menos reflexionar en torno a la nueva generación sobre la cual, nosotros hemos sido los principales apóstoles.

Ese yo mestizo fue la intención de explicar una realidad a través del cuento y el relato familiar, desde la perspectiva de mi familia revolucionaria y con la figura central del militar Genaro, que no fue otra intención más que la de revelar, develar y desmitificar el significado de la transición que evocó la Revolución Mexicana en las familias de a pie, marcadas del simbolismo de lo mexicano y de la transformación social a partir de una lucha que abrió los espacios para la expresión de la sociedad contemporánea, y que de manera indirecta vinculamos al legado de Don Filiberto Gómez, a quien se asociaba esa rama de mi familia a la que pertenecía mi abuelo Genaro.

En una lectura sencilla, podría asimilarse brevemente al Coronel no tiene quien le escriba, sin embargo, el sentido iba más allá, el de descifrar, a través de la narrativa cuál es la realidad de todas aquellas personas que siguen, desde la perspectiva liberal, esperando que los resultados de la revolución se materialicen en una verdadera liberación de las ideas traducidas en una mejora de la calidad de vida de las y los mexicanos, sin embargo, como se revela al cierre de la obra, a pesar de la identificación que un idealista pudiera tener en torno a la evolución de las ideas, llegamos al estadio fatal de que la revolución pasó, juntamente con sus revolucionarios, y que, aquellos herederos de dicho legado, si bien, no podemos decir que nos encontramos solos, lo cierto es, que debemos hacernos a la idea que necesitamos ser abanderados de una nueva revolución.

Por ello, la lectura del yo mestizo representa una autobiografía existencialista y proyeccionista de lo que, los resabios de la generación equis en conjunto con los baby boomers, a partir de la experiencia del autor, mi hermano Luis Ángel Sánchez Rodríguez, quiso compartir desde la vivencia de las historias familiares llenas de ego, con los honores ignotos de una lucha fragmentada y con la idea de la honra de una lucha sin ideales, se traducen en el devenir de las vidas, que aparentemente sin pena ni gloria, están destinadas a pasar en esta vida.

Sin embargo, la esperanza y las claves están en los detalles, en los valores que soportan los ideales de los antihéroes, tanto de parte del autor que narra la obra, como de Don Genaro, que buscan a través de la dialéctica asimilar las razones que dieron lugar a dichos sucesos, y que, a través de esta dejan improntas claras de los verdaderos motivos que deben estar presentes ante la ocurrencia de dichos sucesos históricos y la forma adecuada de asimilarlos en una historia familiar, es decir, como parte de las propias pautas que deben regir la conducta de quienes están convencidos de que la existencia cuenta con un propósito y con ello, la misión representa adoptar decisiones que eventualmente serán objeto de incomprensión, ´pero que son necesarias para la evolución de las consciencias, aunque a veces sus autores mismos desconozcan con claridad las razones que en verdad motivan sus acciones.

Ese yo mestizo que si bien se encontraba dirigido principalmente a la adaptación política de las nuevas generaciones frente a la asimilación de los sucesos históricos que marcan la mágica historia familiar en un entorno social del México contemporáneo, a fin de buscar descifrar de mejor manera la realidad a la cual se enfrenta a fin de perseguir objetivos que en muchas ocasiones, en realidad eran quimeras.

Una obra que sin duda, fue sólo un primer borrador de una serie de reflexiones e inquietudes que obraban en la mente de mi hermano Luis Ángel y que, estoy seguro que sus secuelas, podrán explorarse en el imaginario colectivo de quienes le conocimos y que de manera clara ubicamos las razones psicomágicas que subyacen en cada una de sus líneas, puesto que no fue pretencioso, es decir, no buscó realizar una obra imaginaria que enmascarara las razones que motivaban e ideaban cada uno de los personajes, sino que, de manera prístina pretendió dar un mensaje de su propia vivencia en la historia familiar y la adaptación de las ideas en la sociedad política contemporánea del siglo XXI.

Ese yo mestizo que anticipaba entre las transformaciones la adaptación de las ideas frente a los cambios tecnológicos y el origen del yo mestizo digital, puesto que la portada no fue sino la anticipación de las ideas que giraban en torno a su habilidad de comunicación en el ámbito social y político y que encontraba como nuevo espacio de desarrollo, las redes sociales como había iniciado en el marco de sus programas de Nueva Era y que conjuntamente con hermanos, buscaba reposicionar el mensaje vigente de la fraternidad universal.

En esta ocasión, sirvan estas breves líneas para agradecer y reconocer a alguien más que mi hermano mayor, héroe y ejemplo, sino con sobriedad, reseñar que ese Mestizo, fue un periodista consumado, abogado en ciernes, escritor, locutor, editor, servidor público, ciudadano, masón, hermano, hijo, amigo, padre, familiar, gran ser humano, y sobre todo un alma libre y de voluntad genuina, que siempre se brindó a los demás, por encima, inclusive, de sus propias comodidades, dando sentido a la fraternidad universal, a la que siempre perteneció y que, atendiendo a la historia familiar que tanto le importaba, ha sido un gran eslabón que ha honrado a nuestros antepasados, pero que, adicionalmente, se ha convertido en la piedra angular de las generaciones que le sobrevivimos y las que también tomarán esa estafeta, en el marco de un mestizaje que ha madurado para entregar los frutos y los resultados esperados, dignos de un gran linaje. Hasta siempre hermano, sé eterno Luis Ángel Sánchez Rodríguez.