Yo también compartía posts de Filosóforaptor

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Para esta columna tuve que echar mano de una meticulosa investigación en mi cuenta de Facebook. Investigación detonada por aquella escabrosa notificación que dice, un día como hoy. Así, scroleando dos o tres veces, no pasa nada, serán al menos uno o dos años. El tiempo no es mucho y es probable que tanto física, intelectual y emocionalmente seas el mismo de esos posts. Pero si la decidía es mucha y te dejas, arrastras por el dedo unos 7 u 8 años atrás, es ahí en donde comienza la hora del terror.

Y me cuesta admitirlo, era de esas personas que compartían post de Filosóforaptor, Memes de Ciencias Sociales y puede que hasta del Viejo Agrio, todas famosas páginas por contar con nutridos grupos de seguidores en que la realidad se presenta precisamente de una forma irreal, casi utópica pocas veces asequible.

Entonces hice lo que consideré más sensato y me eché un clavado en mi muro años atrás para terminar de reírme de mí mismo transcurrido el tiempo. Hallé, por ejemplo, uno con la cara de García Márquez que dice: Yo quiero proponerle a usted un abrazo, uno fuerte y duradero, hasta que todo nos duela. Al final, será mejor que me duela el cuerpo por quererle y no que me duela el cuerpo por extrañarle. Otro con el rostro de The Rock, atónito con una inmensa palabra en el titulo que dice: ¿Igualdad?, seguido de: ¿No te llama? Llámalo tú, ¿No tiene dinero? Invítalo tú, ¿No tiene ganas de salir? Ve a verlo tú, ¿Te enamora? Enamóralo tú también. Y el mejor: el de una chica sentada con un libro entre las manos (que sugiere inteligencia) y que habla de que una mujer inteligente deja ir a quien no se quiere quedar y sabe que no necesita a un idiota.

Es casi seguro que para entonces no había leído a García Márquez; ni siquiera sé si lo que dice ahí, lo dijo él, y es probable que el subtítulo que le puse a la última imagen: será? Na… les gustan las novelas de las 8 y los bailes de Julion Álvarez, poco tuvieran que ver. Era una visión del mundo bastante totalitaria. Me dejé llevar por la imagen y por sepa John Lennon, lo que estuviese sintiendo en ese momento. 10 años atrás, eso parecía una verdad irrefutable y hoy, no soy más que el títere Pedro diciéndole a Facebook: ahora no por favor.

Con algo de calma, mucho más sereno, soy consciente de que en aquel entonces estaba comenzando apenas la carrera. Hoy, me cuesta trabajo creer que pensaba de esa forma, pues muchos de esos posts expresan no sólo una necesidad voraz de atención, además, una visión sesgada y bastante inmadura de la realidad que recula en el opuesto de la toxicidad, en el grotesco positivismo.

Pero algo sí es cierto, estoy seguro de que esas publicaciones sentimentaloides, sí son una expiación a un nivel superior de razonamiento en que comienzas a entender que la realidad y los fenómenos sociales en particular, no pueden ser vistos con un mismo ojo y que por supuesto no se puede categorizar al mundo entero dentro de ellos. Así con la política y otros menesteres. Y si eso no pasa, es ahí donde viene el conflicto, pues se corre el riesgo de dar maroma tras maroma cayendo en el mismo sitio sin avanzar.

Aquellas páginas están ligadas a la necesidad exacerbada del vulgo por ser escuchado, comprendido y aceptado a base de likes. Y está bien, es normal en esta dimensión llamada redes sociales que sigue siendo nueva a escasos 10 u 11 años de su existencia y poca investigación al respecto. El problema viene cuando alguien pretende terminar con un problema real, vaciando sus frustraciones en redes.

Hablando con mis alumnas para la clase de Teoría de la entrevista, de la peligrosa forma en que la autoayuda irrumpe en la psicología alejando al terapeuta (porque por increíble que parezca hay quienes en pleno 2021 usan este tipo de textos como recurso didáctico y/o  terapéutico) como al estudiante de la indagación y comprobación, y al cliente, de un proceso terapéutico serio. En ese sentido, lo que pasa en redes, son la autoayuda de hoy, pues ambas están ceñidas a la voluntariedad del individuo y es ahí en donde las neurociencias (por mencionar una) dicen rotundamente: no.