+111 Aniversario de López Mateos y la historia de su monumento
La frase
Harto difícil que México vuelva a tener un presidente como Adolfo López Mateos.
CALIDAD PURA
EL DETALLE: Hoy (ayer martes 26 de mayo) se cumple el CXI Aniversario del Nacimiento de un mexicano ejemplar: Don Adolfo López Mateos. Con su obra, dejó un legado de enseñanzas, que en lo personal, me han inspirado a lo largo de mi vida. Un presidente nacionalista como ninguno. Preocupado verdaderamente por el bienestar del pueblo. Un estadista en toda la extensión de la palabra. Es una fortuna que en mi ciudad puedo admirarlo todos los días en su atalaya en el Cerro de Coatepec; en el monumento que la Universidad Autónoma del Estado de México le erigió en 1972, desde donde nos hace sentir que todo es posible, que la vida es una proeza del espíritu y que no existen alturas prohibidas, cuando el vigor juvenil, la fuerza de los sentimientos y el valor inquebrantable de la voluntad, se ponen al servicio de una causa: la de la inteligencia. ¡Que falta nos hace un presidente de esta talla! ¡Feliz día!
Lo anterior lo escribió en su página de Facebook el diputado y licenciado Juan Maccise Naime, lo cual me inspiró para recordar al maestro Adolfo Villa, autor del monumento que se llama “cabeza de Adolfo López Mateos en lo más alto del cerro de Coatepec, en Ciudad Universitaria.
Es un extracto sacado del libro POTROS “la pasión cabalga de nuevo, de mi autoría.
Adolfo Villa González
Puntual a la cita de sus clases cotidianas, sin dejar a un lado una mezcla equilibrada de seriedad, (que se matizaba con la voz que poseía fuerte, vigorosa), con alzarla un poco bastaba para imponer una disciplina férrea, en aquellos años juveniles y de aparente rebeldía, todo volvía a su cauce entre el murmullo natural de los alumnos cuando entrar al salón para su clase de Etica y filosofía Moral, esta última palabra obligaba a algunos a pensar que se trataba clase de religión, la base si en cuanto al comportamiento y las buenas maneras que la sociedad de los años sesenta imponía.
Pasaba lista con rapidez extrema para después adentrarse en el interrogatorio infaltable de lo que se había visto el día anterior para hilar el tema y realizar la exposición de los nuevos conocimientos, así era Adolfo Villa González, una mezcla de desparpajo, pero al mismo tiempo una disciplina que había adquirido en sus años mozos, misma que llegó a conservar hasta el final de su existencia.
Vida que fue rica en experiencias que le fueron proporcionando los años y uno que otro alumno, sobre todo cuando les apasionaba un autor leído, ansiado por conocer, pero que la vida no le brindó esa oportunidad.
De los pintores, jamás preguntaba porque los conoció al revés y al derechos su parte externa y en su interior sobre todo cuando se descubre y se sabe que es artista. Al batallar no por exponer su materia sino por ampliar el panorama de su conocimiento personal lo obligaba a estudiar y leer en abundancia por si algún alumno meloso deseaba ampliar la teoría explicada:… “y para que se vea que uno es experto en ella, se tiene que estudiar no al ritmo, que uno se propone Garduño, sino al que le impone uno el aula”.
Jamás hay que dar la impresión de que es uno improvisado en lo que explica, porque los alumnos te comen, te pierden el respeto y no se acostumbran a lo que uno les dice todos los días, estudien para que no los repruebe en la vida, se atrevía a confesar ya no frente a todo ni a los alumnos sino a los que por azares del destino se convertían en colegas de la cátedra.
Ahí si entraban los consejos –no para aplicarse a pie juntitas– sino para convertirse en experto en la cátedra y en la materia que se imparte.
El mundo de Adolfo Villa no sólo fue la cátedra sino su pasión por la escultura: ahí si me siento pleno, ahí sí veo la transformación de la materia, ahí sí lo que uno piensa se convierte en realidad, ahí si moldea uno las figuras, ¡lástima que no hablen!
Al principio de los sesenta cuando se dijo que la Ciudad Universitaria iba tener asiento en los alrededores del cerro de Coatepec, con una serie de edificios en donde se ubicarían las facultades como se hizo con el paso del tiempo y se comenzó a construir el Estadio, no para el futbol sino para las pruebas atléticas que antes se practicaron en el antecedente el Instituto Científico y Literario de Toluca, ahora ya Universidad Autónoma del Estado de México, “me propusieron la idea de realizar un busto, pensé que iba a ser algo pequeño, pero después me precisaron que iba a colocarse en la cabeza de este cerro y que sería del que fue director del Instituto, del licenciado Adolfo López Mateos, del que en ese entonces de 1958 ya era presidente de México y su mandato concluía en 1964, de ahí la premura por hacer algo especial”.
Fue cuando se me ocurrió hacer su busto, un busto que encerrara la expresión pueblerina o el lenguaje de aquella época como se les decía a las personas muy inteligentes y de gran capacidad de pensamiento ¡Cabeza grande!, era el requisito para ocupar el máximo puesto a que todo hombre aspira ser presidente de su país.
Así se pensó y así, me tuve que quebrar la cabeza para hacer precisamente eso, la cabeza de López Mateos, colocada en la punta del cerro para que la gente cuando pasara lo contemplara en toda su dimensión, no en el cuerpo sino en el asiento de las ideas, así tuve que trabajar para calcular las proporciones, que fuera fácilmente identificable y que comentaran a voz en cuello, sí se parece, sí es López Mateos, la gente tenía que verlo desde los ángulos en que pasara y no tratara de adivinar quién era sino de precisar porque un letrero por encima de ella iba a verse demasiado burdo, ridículo y espantoso. Eso no debía ser. Cumplí con el encargo y ahí la puede usted ver desde la distancia en que se ubique.
Es de los pocos monumentos que han respetado los alumnos. ya vio lo que le pasó a la estatua de cuerpo entero al licenciado Miguel Alemán en Ciudad Universitaria en la UNAM, en donde hasta que no lo dinamitaron los muchachos revoltosos, se convencieron en que era mejor desaparecerlo. Además a López Mateos ¡sí se le quiere!
Adolfo Villa González, nació en Ocoyoacac, en donde se le consideró “Hijo ilustre”, realizó sus estudios en su tierra natal y Toluca, estuvo en el Seminario Conciliar y realizó estudios como escultor en Francia e Italia, destacan sus obras Un Cristo y 12 apóstoles y el busto del licenciado Adolfo López Mateos.
Adolfo Villa González, de origen otomí, trabajó al frente de un grupo de canteros de Durango dirigidos por el maestro Andrés López y por el ingeniero Víctor Manuel Torres Delgado, encargado de los aspectos constructivos.
La escultura monumental dedicada al que fue presidente, Adolfo López Mateos, que se encuentra en el mirador que está en la cima del Cerro de Coatepec, es una escultura revestida de cantera rosa proveniente de Durango, mide 12 metros de altura y que pesa alrededor de 60 toneladas. A su lado hay una asta bandera, que desde hace unos meses luce la bandera de la UAEM para significar el territorio de Ciudad Universitaria.
Maratón de donaciones para la supervivencia de Almadía, Era y Sexto Piso
A cuatro días del cierre de la campaña #DependientesDeLectores, la meta sigue distante: apenas se ha reunido el 40%. Por esta razón, se lanzó la iniciativa #SeLograPorqueSeLogra en colaboración con amigos y aliados, periodistas, críticos y lectores, para conseguir nuestra única meta: lograr que Ediciones Era, Almadía y Sexto Piso sobrevivan.
Convocamos a un maratón de donaciones que se realizará este viernes 29 de mayo. A partir de las 4 de la tarde comenzaremos una transmisión vía redes sociales de las tres editoriales, el Fondo de Cultura Económica y el canal de YouTube de Dependientes de Lectores, para conseguir las donaciones que nos hacen falta hasta llegar a la meta. Este esfuerzo es un gesto de amistad de Mariana H, Ilana Sod, Yuriria Sierra, Marion Reimers, Leonora Milán, Olivia Zerón, Pamela Cerdeira, Saraí Campech, Sopitas, Javier Risco, Nacho Lozano, Óscar Uriel, Alejandro Franco, Cha!, Rulo y Miguel Ángel Ángeles junto a escritores, editores y creadores. La intención es lograr la meta de donaciones y convivir con quienes comparten la idea de que escribir y leer es vital: somos lo que leemos y somos lo que leeremos.
Este maratón de donaciones tendrá transmisión simultánea en las redes sociales del Fondo de Cultura Económica y de las tres editoriales.
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