+ 660 mil mexiquenses irregulares en EU; El martirio que viven nuestros paisanos en Estados Unidos; El calvario de quienes fabrican pirotecnia en el Estado de México
La frase:
Los Estados Unidos deben ser un lugar de asilo para los amantes de la libertad civil y religiosa que son perseguidos.
THOMAS PAINE
1.2 Millones de mexiquenses viven en EU
Los últimos días han sido de pesadilla para las personas de origen mexicano que viven actualmente en los Estados Unidos de América. La marcada política racista y proteccionista del mandatario estadounidense, Donald Trump, ha convertido el vivir en ese territorio en todo un tormento. Hasta semanas atrás era posible todavía desempeñar un trabajo honesto como parte de la economía estadounidense, a pesar de tener una condición migratoria irregular, pero todo ha empeorado.
La persecución se desató en agravió de los connacionales que están en ese país, no por ganas de mantenerse lejos de territorio mexicano, sino todo lo contrario, están más al norte del río Bravo precisamente porque en territorio mexicano no encontraron oportunidades ni de vida y menos de desarrollo, e incluso algunos se fueron huyendo de la inseguridad y del grado de violencia que hoy se vive en nuestro país.
Pero, ¿de qué tamaño es el problema de los mexiquenses que viven actualmente en los Estados Unidos de América?
De acuerdo con la Coordinación de Asuntos Internacionales (CAI) del Gobierno del Estado de México, más de 1.2 millones de migrantes que radican en Estados Unidos son de origen mexiquense, lo que representa 10.1 por ciento de los mexicanos que se desplazaron al país vecino.
La dependencia calcula que 660 mil connacionales originarios del territorio mexiquense tienen una situación migratoria irregular, que representa 55 por ciento del total que se ha desplazado a esa nación.
El sur del Estado de México sigue siendo la zona que más expulsa mexiquenses, municipios como Tejupilco, Amatepec, Tlatlaya y Luvianos son reconocidos a nivel nacional por la gran cantidad de hombres y mujeres que se han ido a alguna entidad norteamericana a radicar y desde ahí a intentar sobrevivir y mejorar, en lo posible su situación económica y social.
La mayoría de esas personas que hoy viven como migrantes –muchos ilegales—dejaron familia en México, específicamente en el Estado de México, por lo que su relación económica también se ha puesto más complicada porque al señor Donald Trump recientemente se le ocurrió establecer un impuesto para los envíos de dinero que realizan de cualquier ciudad de Estados Unidos a el Estado de México para que sigan sobreviviendo de ese recurso.

Por eso, su situación actual es complicada, porque muchos de ellos han dejado de ir a trabajar en las últimas semanas, temerosos de ser sorprendidos por cualquier patrulla del servicio de migración estadounidense y ser deportados a México, con lo que concluiría de tajo su sueño americano (que se ha convertido en pesadilla) y aquella mejora que han conseguido por lo menos lavando sanitarios o sirviendo en algún restaurante.
La mayoría de nuestros connacionales que ahora radican en Estados Unidos son gente buena y trabajadora, cuyo mayor pecado ha sido irse allá detrás de la ilusión de una vida mejor, aunque también, como en todos lados, hay personas que ven en el delito, en el tráfico de drogas o en otra actividad ilícita una forma de sobrevivencia de la cual muy pocos son capaces de salir y escapar hacia una vida digna.
Por ello es tan complicada la situación actual de nuestros mexiquenses en el extranjero, particularmente para quienes viven en situación irregular migratoria en Estados Unidos, quienes incluso están pasando hambre porque no pueden salir a las calles libremente a buscar el sustento, porque sus hijos han dejado de acudir a las escuelas por temor a ser capturados en los mismos planteles educativos y corran la suerte de los deportados.
Sí es justo y necesario que nuestras autoridades nacionales busquen la forma de que los dejen en paz, de que se regularice la situación migratoria de todas esas mujeres y hombres de vida honesta y respetable, que se regularice su situación migratoria, y, sobre todo, que dejen de perseguirlos, porque actualmente se vive en condiciones tan difíciles como en aquellas persecuciones de la época de los nazis cuando se cargaban a todo aquel que fuera o pareciera judío, polaco u homosexual.
Indebidamente estamos reviviendo tiempos violentos y radicales que creíamos que habían quedado atrás, pero lamentablemente no es así, hoy no se persiguen personas por motivos religiosos, simplemente se les persigue por el pecado de ser mexicanos y vivir en una nación que no es la suya.
Tenemos que hacer algo, pero todos, no es cuestión de ideologías o de partidos políticos, es cuestión de humanidad, porque nadie debe vivir o sobrevivir siendo perseguido, la mayoría de nuestros mexiquenses en migración ilegal no han cometido mayor delito que precisamente ese, el haber creído que reharían sus vidas en otro país, porque ellos mismos creen en la libertad, esa libertad que hoy el presidente estadounidense Donald Trump está demostrando que no es más que un cuento en el país de las libertades.
+ El calvario de quienes fabrican pirotecnia en el Estado de México
Otro asunto que ha llamado la atención en las últimas semanas en el Estado de México es la constante explosión de talleres donde se fabrican artilugios de pólvora que luego se utilizan en celebraciones, la mayoría de éstas relacionadas con las fiestas patronales que en esta entidad hay por decenas.
Varias han sido las personas que han perdido la vida en los últimos días en este tipo de accidentes, que en la mayoría de los casos no son precisamente eso, sino una constante es que en los últimos años se creó una zona de tolerancia donde se podía almacenar pólvora negra para ese tipo de explosivos, pero crecieron como hongos aquellos lugares irregulares donde se sigue realizando ese tipo de artesanía pirotécnica, pero sin las condiciones técnicas y operativas que permitan por lo menos reducir el factor de riesgo de esa actividad económica.
Y habría que subrayar lo que actividad económica”porque casi nadie se dedica al peligroso empleo de hacer esos artículos con pólvora por gusto, la mayoría que se emplea en esa actividad lo hace por necesidad, porque pagan bien por los artículos que se preparan para las fiestas de pueblo y para otras actividades festivas que se celebran, al menos en el Estado de México, casi todos los fines de semana bajo la mirada pasiva de nuestras autoridades.
Mucho se habló en otros sexenios sobre la construcción del mercado de San Pablito, La Saucera, en Tultepec, pero de entonces a la fecha muy poco es lo que en realidad se ha avanzado en materia de prevención de accidentes, como elegantemente se le nombra a ese tipo de explosiones.

Cada vez se habla menos del Instituto Mexiquense de la Pirotecnia, figura de la administración pública estatal surgida durante el sexenio de Arturo Montiel Rojas y por algún tiempo mantuvo a raya ese tipo de accidentes que cobran vidas cuando los cohetones estallan antes de tiempo, antes de que se les necesite en los atrios de las iglesias o antes de que alguien quede mutilado.
Hoy el Instituto Mexiquense de la Pirotecnia ha sido prácticamente desmantelado, y, aunque de nombre existe, la verdad es que las limitantes presupuestales han cobrado factura y ahora no hay dinero en esa dependencia para labores como la inspección y la verificación que antes se realizaba a lo largo y ancho de esta entidad.
Por eso advertimos que los accidentes de los últimos días registrados en esa materia no son en realidad producto de la casualidad, hay causas, y, de haberse tomado medidas preventivas seguramente algunos de ellos pudieron disminuirse, evitarse y puede ser que hasta erradicarse al 100 por ciento.

En la Saucera, que es el lugar de mayor concentración de pólvora en el Estado de México, todo el mundo platica que tiene más de un año que no se realiza ninguna verificación, menos los cursos de protección civil que anteriormente se realizaban prácticamente cada fin de semana, porque se dejó de hacer y hoy incluso a las propias organizaciones de productores de pirotecnia les han dejado de interesar.
Un caso más de abandono institucional. En términos reales el famoso tianguis de San Pablito dejó de ser un sitio seguro y se convirtió en el claro ejemplo de irregularidad, corrupción de quienes deberían realizar continuamente inspecciones, y de muertes porque una vez que sucede la explosión, es cuando alguien se acuerda que había que capacitar para un manejo ordenado y seguro de estos productos.
La pirotécnica está en crisis, ni más ni menos, tendrán que seguir contabilizando los muertos por esta causa, porque nadie en su sano juicio va a seguir arriesgando la vida, por más que paguen bien.


