Él y Ella (La espera)

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Introducción

¿Será que los sueños, cuando toman vida y se realizan en el alma y el corazón de los que aman, se convierten en una realidad que se puede palpar, acariciar y besar? ¿Será que un sueño es realidad y la realidad, esa otra parte del sueño que no quiere despertar?

Desde siempre lo esperó en aquel andén del tren de los sueños. No había horizonte por el que no asomara la esperanza. Jamás dudó de la luz que presagiaba su llegada. Pasaron varias lunas con su cara plateada, corrieron hojas en el almanaque de su vida y antes de que aquellos deseos dormidos despertarán, ya sentía silbar al tren de los sueños que se acercaba. ¿O sería su amor que la llamaba?

Era su rostro, que en el viento se dibujaba. Era su amor, que con amor llegaba.

Ella, perfumada con la esencia del jazmín en primavera, ataviada con encajes bordados de ilusiones, y la mirada transparente como faro, despejando el camino, para aquel tren de la ilusión que, en su silbar, la avisaba de que su gran amor le llegaba.

Capítulo 1 – La espera

Como espera ansiosa, la tierra seca, el beso fértil y prolongado de la lluvia para refrescar sus surcos. Como el crepúsculo a los arreboles de los atardeceres pintados de carmesí con el rescoldo del amor. Así lo esperaba, ansiosa, impaciente, para unir sus labios en un solo beso y sus corazones en un solo latir, para juntar sus pinceles y hacer de aquel pálido mundo un universo de colores tan intensos como los latidos de una pasión. Y pasaban, los días, con sus horas húmedas de soledad. Y pasaban las noches con las estrellas apagadas. Pero todo tiene un final, menos el amor de verdad.

Y cuando el reloj, cansado de dar vueltas en vano marcó las cuatro de la tarde, por fin se escuchó la voz tan ansiada, tan esperada: Señores pasajeros, está haciendo su entrada, en el andén del amor, el tren de la ilusión y la esperanza.

Capítulo 2 – La llegada

No podía ser otro que él, se dijo, cuando lo vio bajar del vagón con su sonrisa de esperanza y su mirada ilusionada. Por sus gestos sabía que la buscaba y sin dilatar más el tiempo, salió a su encuentro. Manos que se juntan, ojos que se cruzan, labios anhelantes, cuerpos que tiemblan. Todo resumido en un solo instante, aquel en el que los enamorados, después de tantas lunas de espera, al fin, ponían fin a la esperanza para dar paso a los instantes azules y dorados  donde ya se hacían realidad, los sueños para abrir paso al futuro con los colores más intensos de los latidos del amor.

Amanecían las caricias dormidas y se despertaban los besos en aquel andén de los sueños.

La espera se fue de regreso a donde moran la soledad y el silencio. El sabor amargo de la inquietud y las dudas, pasaron de estar presentes a desaparecer, como por ensalmo, con el primer beso, con la siguiente caricia, con un ¡te amo!, susurrado en los labios. Era inaugurar nuevas travesías, era estar mirando la estación a lado de su amor. Era despedir al tren que en aquel andén los juntó. Y se abrieron nuevos días y las hojas del calendario, lucían pletóricas en aquel almanaque con historias divinas.

Capítulo 3 – El encuentro

Volvieron los atardeceres y cuando llegaba la luna, se encendían de nuevo las estrellas. Y, en aquella cabaña de puertas y ventanas cerradas, ahora abiertas, se volvió a oír el trino de pájaros cantando canciones de amor y requiebro. El agua del pozo, antes cubierto de hojas, ahora volvía a ser la fuente donde llenaban los cántaros, los enamorados y daban de beber al limonero. 

¿Me amas?, se le oía decir a ella. ¿Y a él?, él no pronunciaba palabra, la miraba con los ojos relucientes de amor y con la mirada le decía todo. Iban caminando agarrados del corazón. Al fondo, la cabaña les esperaba con las puertas y ventanas abiertas. Y como en un sueño donde triunfa el amor, la chimenea se permitió, con el humo de la ilusión, dibujar en el cielo, para los enamorados, un corazón. 

Y, desde ese bendito día…

La luz pintó sus ojos por el amor genuino 

que muestra, de los cielos, lo hermoso en su mirar, 

ahora en sus luceros de intenso titilar 

se mira ese presente cercano a lo divino.

Andén de la ilusión, uniste sus destinos

y así los liberaste tan solo de soñar

bordando realidades en bello despertar 

al verse de la mano andando los caminos. 

Los sueños toman vida si mente y corazón, 

se esmeran cada día por verlos concretados; 

es bueno conocer y hallar una razón.

Que haga de la espera jazmines perfumados,

ahora los amantes en un mismo vagón 

disfrutan cada día… sus besos angelados.