MARTHA HILDA GONZÁLEZ CALDERÓN
Por Xavier Lazcano Díaz
Inglaterra es la cuna del parlamentarismo. El sistema parlamentario inglés tiene sus raíces en la Carta Magna de 1215, que limitó el poder del monarca y sentó las bases para un consejo de nobles que eventualmente evolucionó hacia un parlamento. A lo largo de los siglos, el Parlamento inglés se desarrolló, especialmente con la creación de la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores. Este modelo influyó en muchos otros sistemas parlamentarios en todo el mundo, convirtiéndose en un referente para la democracia representativa.
Fue precisamente en Londres en donde hace unas horas falleció Martha Hilda González Calderón, una mujer de su tiempo, que encontró en la vida parlamentaria los peldaños por los que transitó en su corta vida pero muy prolífica, hasta alcanzar el reconocimiento de sus pares, como uno de los personajes de la vida política nacional más importantes del presente siglo.
“La perseverancia, mi querido señor, da lustre al honor” apuntaba Shakespeare, otro referente en la formación de quien hoy rendimos homenaje, en reconocimiento a su legado en todos los ámbitos del acontecer nacional donde tuvo la oportunidad de desplegar toda su capacidad y emoción social para servir a los mexicanos. Martha Hilda nació para servir, para abrir brecha, para dejar huella y para dejar un profundo vacío entre sus paisanos mexiquenses. Su perseverancia fue modelando su sello personal como una mexicana ejemplar.
Formada del brazo de grandes mujeres como Laura Pavón Jaramillo y Beatriz Paredes Rangel, supo aquilatar con gratitud el consejo recibido y su respaldo incondicional. Fue una mujer leal, a ella, a sus principios, convicciones y valores; pero por supuesto, a su partido el PRI, al que nunca le dio la espalda a pesar de que éste no le correspondió como debió de ocurrir. Ella hubiera sido una Presidenta de su partido ejerciendo un liderazgo incluyente, inteligente e imprescindible y una Gobernadora honesta y comprometida.
Siempre será motivo de guía e inspiración para los personajes llamados a trascender en su comunidad como lo fue Martha Hilda, el legado del titán de las letras inglesas, que ya sentenciaba en Hamlet: “Sobre todo esto: sé sincero contigo mismo, y de ello se seguirá, como de la noche al día, que no podrás ser falso con nadie”.
Quien fuera Diputada Federal, Diputada Local, Presidenta Municipal de Toluca y destacada integrante del gabinete de seis gobernadores del Estado de México, hasta el momento, la única que ha logrado tal hazaña, siempre fue reconocida por una mujer de resultados, responsable, íntegra y congruente, siempre dispuesta a dar lo mejor de ella.
Reconocía a Don Ignacio Pichardo Pagaza como uno de sus mentores en la política y en la vida, como también lo fue Don Emilio Chuayffet Chemor, su amigo cercano, a quien conoció desde que fue su maestro en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma del Estado de México y de quien alguna vez le reconoció: Abracé el servicio público, inspirada por un hombre de Estado: Emilio Chuayffet Chemor.
Su cercanía intelectual y personal con Don Emilio, le permitió conocer y estudiar a plenitud el legado de Don Jesús Reyes Heroles.
César Camacho Quiroz, Arturo Montiel Rojas, Enrique Peña Nieto, Eruviel Ávila Villegas y Alfredo del Mazo Maza, valoraron su experiencia y trayectoria impecable, al reconocerle su participación en sus equipos de trabajo.
Además de haber servido a su estado como parte de los equipos de los siete gobernadores antes mencionados, también mantuvo una relación cercana con Don Alfredo del Mazo González y Don Alfredo Baranda García, de quienes estuvo dispuesta a tomar nota de sus consejos con la humildad que siempre le caracterizó, les participó de sus programas y estrategias que desplegó como defensora del medio ambiente y de todo lo referente a las políticas de género y de procuración de justicia.
No me cabe la menor duda en señalar, que ha sido la mujer en la política mexiquense y nacional más completa y formada en las trincheras del territorio a ras de piso y del desarrollo integral de su estado que tanto quiso, el Estado de México. Dejó las cotas muy altas para las nuevas generaciones de mujeres, de quienes en su gran mayoría, la reconocen como su mentora y modelo de inspiración a seguir.
Fue una mujer intelectual al modo de las que describía en su herencia literaria Rosario Castellanos, Martha Hilda de gran sensibilidad, fue una gran lectora, como pocos políticos pudieran presumir. Aprendió de los sinsabores de la política y de la resiliencia tan necesaria para transitar en el devenir público siguiendo los pasos de otro titán universal, Winston Churchill.
Churchill alguna vez expresó con su característico sentido del humor y su aceptación de la inevitabilidad de la muerte, al tiempo que mantenía una actitud reflexiva sobre el más allá: “Estoy preparado para encontrarme con mi Creador. Si mi Creador está preparado para la gran prueba de encontrarme es otro asunto».
Esta es una apretada reseña a manera de una respetuosa nota luctuosa de quien fuera una gran hija que llenó de satisfacciones y orgullo a sus padres y hermanos; una esposa amorosa y comprensiva; una madre excepcional que siempre acuñó con amor a sus hijos y una amiga imprescindible para quienes disfrutamos de su calidez, cercanía, empatía, solidaridad y enseñanzas.
Ahora corresponderá a las instituciones a las que sirvió, honrar su memoria como corresponda a una mujer ilustre como lo fue Martha Hilda, joven inquieta y soñadora que del brazo de su padre, que asistía a los conciertos de la Orquesta Sinfónica del Estado de México, como parte de su formación integral en la cultura y el humanismo.
Recordaremos su sonrisa, mirada serena y conversaciones entrañables que le caracterizaban a las mujeres que como ella, se elevan a la eternidad para brindarnos su luz y orientación cual Estrella Polar.
¡Que en Paz descanse!

