Diario de un seductor
Del filósofo y teólogo danés Sören Aabye Kierkegaard se habla o escribe mucho. Poco lo hemos leído con atención, preocupados por estudiar a Emmanuel Kant o Federico Hegel y, a otros filósofos de la escuela alemana —desde el siglo XVIII aportan textos que forman nuestro pensamiento— que han pintado el mundo contemporáneo. De la inquietud que viene de preguntar: ¿Cuánto los filósofos han aportado a la liberación de la mujer en los últimos 5 mil años? encuentro una lectura que me agrada pues tiene por título Diario del Seductor, escrito por quién en 1843, publicó un texto llamado: O esto o lo otro, donde aparece su novela Diario de un Seductor escribo de Soren Kierkegaard.
Nacido en Copenhague en 1813 al publicar los textos referidos demuestra una sabiduría a muy joven edad. El libro sobre un seductor de mujeres muestra la fuerza de sus pensamientos en relación a la feminidad que se retrata en Cordelia. Su libro es de una delicadeza relevante y deja el buen sabor por lo delicado de lo escrito. Comprueba que también los filósofos saben poetizar en torno a la mujer y lo hacen con delicia y finezas a diestra y siniestra. Fallecido en el año de 1855 —sólo vivió 42 años—, la influencia del filósofo no sucedió en vida, pero al paso de las décadas se nota su influencia en escritos de pensadores como: Martín Heidegger, Karl Jaspers, M. Barth, Jean Paul Sartre y Miguel de Unamuno. Su pensamiento pasa por Alemania, Francia y España dejando huella notable al encontrarse a mitad del siglo XX entre corrientes existencialistas. Su tesis con la que se doctoró en 1840 lleva el título Sobre el concepto de la ironía, cuando cumple 27 años de edad. Sólo vivió 4 décadas y dos años más —al igual que José María Heredia y Heredia el poeta cubano-mexicano— dejó en sus textos filosófico una madurez que cortó la parca ante juventud y madurez del escritor preocupado por la humanidad.
Diario de un Seductor es prueba de riqueza cultural que Kierkegaard tiene en jóvenes años. Muestra la riqueza que es propia de la personalidad, que no sólo hay teología y filosofía en el fino literato que es: comprueba con esta novela o diario de hechos del amante de la mujer que se llama Cordelia cómo es que le ve en su feminidad, la ilumina con sus palabras, alaba su belleza que es, para él, celestial: idealizando a la mujer comprueba que el tema del amor es de las emociones menos estudiada en la historia. Siendo, como es, emoción que guarda todas las emociones conocidas del hombre o la mujer: va más allá de lo que creemos conocer, sus párrafos bellamente escritos cual diario de vida piensa y vive para la amada. Para el amante pues Cordelia escribe sus sentimientos y pensamientos con total pasión e ilusión por el hombre. Libro que debemos de leer y estudiar con afecto y pasión, con felicidad como quiere Borges que hagamos nuestra lectura cotidiana: … aquí las cartas de Cordelia: / <<Juan: No te llamo mío. Veo que nunca fuiste mío, y por eso ya estoy muy duramente castigada por haberme agarrado a este pensamiento como a mi única alegría. Con todo, te llamo mío; mi seductor, mi engañador, mi enemigo, fuente de mi desventura, túmulo de mis alegrías, abismo de mi felicidad. / te llamo mío y me llamo tuya; y estas palabras que otrora acariciaban tus sentidos postrados delante de mí en adoración, suenan ahora como una maldición sobre ti, una maldición para toda la eternidad.
Lenguaje claro que sorprende a filósofos a la manera de Sócrates en sus cuestionamientos que a diario hace sobre todos los temas humanos. En el filósofo griego sabemos que sus relaciones matrimoniales no son de las mejores. Al sabio pensador su mujer lo trae como sonaja ante sus rabietas porque el filósofo siempre anda en otros mundos, los del filósofo que no se inquieta por lo que ha de comer, pero sí, por saber ¿qué cosa es la sabiduría y para qué estamos con los pies en la tierra? Mientras la señora de Sócrates es muy tierra a tierra y día a día. No comprende el porqué su esposo tiene que andar en cosas que no le reditúan ninguna ganancia monetaria; sólo por su deseo de hacer que los jóvenes piensen, ¡no que sepan!… sino que piensen (razonen) en el conocimiento que reciben. Con espíritu crítico… cuando los sofistas dan lecciones para cobrar sin importarles, si enseñan cosas ciertas o falsas.
Lenguaje sobre la mujer y el amor. Kierkegaard da lecciones de sentimiento y sabiduría en sus palabras bien escritas; prosigue Cordelia en su carta: Pero no te debes alegrar por eso, no debes pensar que yo quiero, persiguiéndote inútilmente, o acaso armándome de un puñal, provocar tu sonrisa. / Huye donde quieras: yo soy siempre tuya; márchate a los confines del mundo: yo soy tuya, tuya hasta la muerte. / Hiciste un gran mal seduciéndome a mí, pobre criatura, para quien tú lo eras todo, y yo no hubiera deseado otra alegría que no fuese vivir siento tu esclava. / Sí, yo soy tuya, tuya, tuya, soy tu maldición. / Tu Cordelia. Escritos precisos y de profunda emoción. Bien recuerdan lo que Wolfang Goethe publica en 1775 su novela que inicia el Romanticismo en Europa: El Werther texto surgidos del alma y cotidianidad con el espíritu delicado que une al literato alemán, con el filósofo danés. Igual espíritu de enamoramiento en dos almas gemelas cuando escriben de la musa, de la mujer idealizada.
El estudio de los amorosos en filosofía es tarea que debe profundizarse para comprender cómo es que el hombre en los momentos que más lo necesita la mujer no sabe estar ahí. En otra de las cartas de la mujer enamorada dice: Juan: ¿Será inútil toda esperanza? ¿No despertará jamás tu amor? Yo sé que tú me amaste, a pesar de que no sé de dónde me viene esta seguridad. Quiero esperar, esperar hasta que tú ya no tengas deseos de amar a otras mujeres en el mundo. Y si entonces tu amor resurgiera, yo te amaría como a un dios, Juan, como a un dios. El amor o enamoramiento es emoción que tiene misterios inacabables en la existencia y alma humana. Es punto de confluencia donde se realiza la pareja en sus afectos más serios y sensibles: como lo cita en canción la compositora María Grever: Si yo encontrara un alma como la mía. Resumen de lo difícil que pueda llegar a ser posible por la enorme cantidad de pobladores en el planeta. El amor sólo se da cuando se encuentran dos almas para ser una sola. Se encuentra también en aquél que se enamora —pero no es correspondido—, cierto, pero es inacabado como se puede comprender. Dice la amante: ¡Ah, Juan! ¿Cómo puedes ser para mí de tan despiadada fiereza? ¡Cómo tu corazón, tu gran corazón, podía no ser más que un eterno engaño? / ¡Ah! Vuelve de nuevo a ser tú mismo. Sé paciente con mi amor, perdóname si yo no puedo dejar de amarte; si mi amor es ahora para ti un peso, un tiempo vendrá en que tú volverás a mí. Oye la palabra suplicante de tu Cordelia, tuya, tuya. / Tu Cordelia.
Sorprende la fineza de Kierkegaard en tomar la emoción femenina en su exacta expresión, en su exacta pasión; refleja la capacidad del filósofo para convertirse en sus imágenes, en el poeta que comprende el alma de la otra. Cómo comenzó todo, el ‘Seductor’ lo dice un 4 de abril: ¡Cuidado, mi bella desconocida! ¡Cuidado! / No es fácil como usted cree descender de un carruaje; algunas veces hasta puede ser un paso importante. Los estribos están en ocasiones tan mal colocados, que se debe dejar dentro la gracia para poder ser inconveniente. Y, muchas veces la única salvación está en dar un salto precipitado a los brazos del cochero o el conductor del trineo. ¡Cocheros, conductores de trineos, esos sí que tienen suerte! El ‘Seductor’ ha diferencia de la enamorada tiene mirada para ver cosas profanas: hechos que parecen intrascendentes. No reflejan lo que Cordelia dice con toda pasión y entrega. Ése 4 de abril, al final de su escrito escribe: Ahora basta un poco de paciencia y nada de avidez; ella fue la elegida, algún día me ha de pertenecer. Un libro que debe ser leído con igual afecto que El Werther de Goethe, comprueba de ese sentimiento que está en el alma humana, y que va más allá de la materia como objeto que se puede hacer propiedad a cualquier hora, sin que tenga repercusiones éticas en el mundo del enamoramiento.

