Antaño y hogaño

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En Perú 77, sede de la Arena Coliseo el enorme papel de china PEGADO EN LA PARED anunciaba que en la pelea estelar José “El Toluco López cruzaría mandobles VERSUS El Gavilan Lalo Guerrero.

En una multicolor sinfonola, una moneda dejaba caer la tortilla negra de acetato e inmediatamente el danzón Zacatlán, interpretado por Carlos Campos atronaba la tienda-cantina.

José López, se bajó del taxi y entró a la arena. Una explosión de júbilo lo recibió y en un rato más asimilando buenos mandarriazos noquearía al famoso Gavilán y de ahí con sus cuates después de recibir un miserable salario, vamos a Wuakiki.

Es Las Vegas, se dice que esta ciudad gringa  nunca duermen, la arena se presentan ante una multitud vociferante los gladiadores que la TV a  color llevara a todo el mundo. Colores, luces, música si a eso se le llama a un negrito rapero que acompaña a uno de los boxeadores y ya se sabe que cada contendiente cobrara dólares por millares.

La cancha es de vil tierra y las tribunitas de cemento atestiguan lo primeros partidos del Club Deportivo Toluca en la segunda división. En la cancha forcejeo con el duro balón de piel de carnaza, quiebres, despejes altísimos y en los espectadores la emoción de lo imprevisto.

Al terminar el partido cuánto se juntó, si sombra costaba 5 pesos y sol 2 VAROS y al repartirles el magro salario a los terrosos contendientes del Querétaro y del Toluca, estos se congratulaban de tener otra chamba.

Antes era corazón en lugar de dinero y la pasión de lo que se hace en lugar de cuanto me pagan. 

Y así todo: el radio te hacia imaginar y al ir caminando por la calle sin autos escuchabas la radio novela El Derecho de Nacer” que salía de la sala de las viejas casonas.

El hogar era humilde, pero la ternura campeaba, se llegaba hasta besar la mano de la abuela querida y aunque en la mesa había sólo frijoles y tortillas, el beso a la frente de los padres signaba ese tiempo.

Hoy, hay silencio en lugar del grito gozoso que daba el jugar con una pelota de esponja; hoy. es el silencio de unos ojos sin vida clavados en el celular.

Ya no imaginas, ya no sueñas, ya no se te va la calma al escuchar, al oír las tenebrosas narraciones radiofónicas.

Apague la Luz y Escuche ni modo manito a meter en tus neuronas el miedo, a hacerlas trabajar y pensar que seguirá en el siguiente programa; en donde cada semana. el maestro Agustín Lara estrenaba una canción, y los ruidos de la calle, tan singularmente poéticos; ¡algo que soldar! Y salía la mamá con dos vacinicas despostilladas; ¡del limon la ñieveee!, ¡tomarán dulces! Y en la tarde cuando el pandero ciclista se anunciaba apretando una vejiga de claxon, inmediatamente era casi asaltado y como empezaba la noche las campechanas parecían espejitos de azúcar.

Y así el vendedor de plumeros que era un pavorreal ambulante, las tortilleras que con chiquihuite al hombro te contaban tortilla por tortilla.

Ahora nos queda el sonido del afilador de cuchillos, del vendedor de camotes y el que predomina diariamente, que en su chocante corrientes nos enmarca este tiempo: se compraaan refrigeradores, estufas, microondas, y fieros viejos que vendaaaan.

¿Ya se fueron las feriecitas con sus caballitos?

No todas 

Pero lo que se va yendo son las serenatas y el gusto por la lectura y el pensamiento de que valemos por lo que somos y no por lo que tenemos.

También se fueron las mentes brillantes de la oficialidad y la disidencia: Adolfo López Mateos, Jesús Reyes Heroles, Vicente Lombardo Toledano, y Manuel Gómez Morín, por nombrar y hoy da pena ajena soportar a Alito, Canallín y Lily Tellez.

 Usted querido lector (a) compare qué parece que se terminó nuestra capacidad de asombro y si tienes 70 ó más años de edad da gracias a la vida por haber transitado por avances, epidemias, inteligencia artificial, etc. y todavía querer llorar cuando recuerdas viendo esa foto antigua a la gente que ya no está, al mundo que ya se fue y que tú aún transitas por este mundanal ruido.