BOLERO (1)

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¿El Bolero ¿Pues no es aquel chavo que lustra al calzado y lo deja como espejito?

-Si mi buen-, pero también es el género musical con más dolor, más corazón, más popular y hasta más polémico y para que se eduque mi buen, de él, del fabuloso bolero latinoamericano va usted a leer.

Desde lejos refulgía con sus rayos de luz. Eran las sinfonolas de antes. Los ojos y amarillos cintilaban mientras en si vientre avanzaba la negra tortilla a la aguja que la hacía cantar. Y casi al instante, la aguja haciéndole cosquillas al disco, lo provocaba y unas guitarras llenaban el lugar. “Ay vida dime que no es cierto que tú me has escrito esta carta fatal, ay vida, le he pedido al cielo que nunca me dejes en mi soledad. Comprende que sin ti me muerooo”.

La sinfonola, cantando Carta Fatal: el que había puesto el veinte con el corazón adolorido viajaba con el sonido que salía del caliente armatroste lleno de lucecitas y sonidos.

En la noche, sin otro ruido que lo opaque, la canción que sale del armatroste que invade todo el barrio. Las ondas musicales se revuelven con el aire y llegan las quejas adoloridas a tocar en las ventanas.

Otro veinte y ¡crank! El disco que se eleva para que la aguja le descubra su secreto y el bolero, como sacando chispas se deja oír.

Perfume de Gardenias tiene tu boca… el enorme radio deja escuchar la música, los bulbos encendidos son pequeños mundos en donde parece minimizarse la orquesta. Adentro, mil burbujas musicales se revientan y sintonizada nuestra vida en la XEW, caminamos tarareando el bolero de moda… perfume de gardenias tiene tu boca, perfume de gardenias, perfume del amor … Y Rafael Hernández, a través de miles de silbidos que tararean su canción rasgará el aire todavía limpio, que inundaba las calles con pocos autos.

La época dorada del bolero, coincide con la del radio. Música, dramas e historias policiacas. La imaginación dibuja el cuadro en el cerebro. Por los oídos entran los sonidos y con Carlos Lacroix perseguimos al asesino. De pronto el perseguidor se vuelve y dispara al detective. Nos tapamos con una cobija para evitar una bala perdida. La estrecha calle casi a oscuras es testiga del duelo… ¡aahg! -chorreando sangre el maloso por la herida- pronto se olvida porque en tres minutos, pues en el programa siguiente, Los solistas de Lara abrirán el mundo de la música.

Siempre el bolero. En el rito de aprenderse la letra para no inventar, se necesita poner en el atril una revista de poemas –muchos mochos y maltrechos- que eran los cancioneros.

Por debajo de la puerta era introducido. Así, gratis, sin que pidieran algo de cambio. Era el Cancionero Picot y llegaba a todos lados.

El cancionero estaba repleto de boleros. Hojeándolo era como llamar al espíritu de toda la inspiración del mundo, era como tocar las cuerdas de todas las liras y luego, en una canción hallada al azar, cantar, diciendo que solamente una vez… amamos en la vida.

Sin música no tiene sabor la vida y los latinos no nos sentiríamos completos sin el bolero… no hay bella melodía en la que no surjas tú… nada llega más. Ni el canto épico, ni la música norteamericana, ni los valses, ni la musca clásica culta, que ha sido aprisionada por una elite. ¿Y con lo anterior, sigue siendo secreto que en el bolero esta él cómo para decirle a la mujer que nos desgarra el alma y que no podemos más? Una canción en la noche fría, un dejar parte del corazón caliente en la ventana que nos separa de quien nos trae muriéndonos de amor.

La calle abrillantada por el desgaste de tantos pasos, una ventana que, a media luz, oculta a una mujer, unos latidos rápidos de un corazón enamorado. La luz del poste, lejana, lamparoncitos en los tabiques. Cubetadas de noche negrísima y el trío que principia a despertar al vecindario. Despierta dulce amor de mi vida, despierta si aún te encuentras dormida.

El bolero, como la música más hermosa del mundo. La vena popular que brota espontanea, el canto de aquel condenado músico, a veces también poeta, que halló en la cuerdita escondida del corazón, la música y la letra que a todo un pueblo nos sonaba igual.