Belleza inalcanzable
Mi amiga se ve divina, ay ¿quién fuera ella?, claro, es porque su esposo le paga todos los lujos y sus cirugías. Ella siempre tan bella ¿y yo?… ¿Será porque soy más morenita que no me lucen las cremas y los tratamientos?, siempre me he preguntado por qué todas las campañas de belleza, todos los anuncios espectaculares en revistas, comerciales en la televisión y en las redes sociales, aluden a mujeres blancas y caucásicas, si en nuestro país la mayoría de la gente es de tez morena. Bueno, el papá de mi amiga es español, así que ella se considera más europea que mexicana, siempre se la pasa comparando ambos países, sin mencionar que se la pasa todas las vacaciones en el “otro lado del charco”.
Me pregunto cómo le hace ella y su esposo para pagarse la casi veintena de cirugías y procedimientos estéticos; simplemente en el rostro se hizo una rinoplastía, levantamiento de cejas, bichetomía y un tratamiento para aumentar el volumen de labios y pómulos.
Se ve tan bien la condenada… ¡¿Que no piensa envejecer nunca?! Bien sé que no debemos ni criticar ni juzgar los cuerpos ajenos… pero… es que siento que las mujeres estamos obligadas a seguir estándares de belleza europeos y permanecer eternamente juveniles, para que nuestras parejas, nuestros esposos, nuestros hombres, nos presuman como trofeos de campeonato con formas corporales que no son para nada naturales.
¡Nuestros rostros no están diseñados para parecer de muñecas!
¡Y ni hablar de la rutina física y alimenticia!, se va a encerrar ocho horas a sus clases de kickboxing, bicicleta estacionaria, cardio, abdominales, bebiendo litros y litros de agua y sin poder comer todo lo que nos gusta. Nada de pan, harinas, gluten, carbohidratos…
No puedo seguir ese ritmo de vida, ¿a qué hora voy a trabajar?, ¿a ver a mis hijos?, ¿a atender a mi marido?… ¡¿a vivir?!
Pero la verdad es que no me siento a gusto con mi aspecto. Me acabo de comprar esta crema blanqueadora que asegura, gradualmente ir blanqueando la piel, a ver si funciona, espero que no me mientan. Como la anterior. Ya les mandé un correo donde expongo muy claramente mi disgusto con su producto. También me compré esta crema antiarrugas, y antiedad, que garantiza la eliminación visible de las marcas en la piel. ¡Me aterra llegar a los treinta! No quiero ser vieja. No me importa que me critiquen que le pongo cuatro filtros a mis fotos de Instagram, y que siempre saco como cincuenta fotos para ver en cuál me veo mejor, o mejor dicho, menos peor.
Quiero seguir siendo atractiva para mi marido, no quiero que me deje por otra más joven y más bonita. Ay, voy a llorar.
Pero si mi amiga, que parece modelo de pasarela le ha soportado algunas infidelidades a su marido ¿qué me puedo esperar yo? Bueno, ella tiene sus razones, si lo deja, ¿quién le sigue pagando las cirugías y tratamientos? Por eso le soporta tantas “aventuras”.
¿Pero yo?: en primera, mi marido no es tan espléndido; segunda, no tengo el cuerpazo de mi amiga; y tercera: si me deja, me voy a quedar sola, vieja y fea. No. Primero me mato.

