Al nogal de mi morada

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Camino hacia el nogal,

un aliento suave mi elección empuja.

Aves concurren al presente

y la adornan con su jubiloso andar.

 

Hace apenas días

el fruto de Júpiter se bifurcaba en nacientes promesas,

en la soledad de sus ciclos,

en ese espacio colgante que a los humanos aterra.

Pero el árbol siempre lució sereno y digno.

 

Esta tarde, él reúne en sí la inteligencia entera del universo.

No opone al viento resistencia

y hasta su rama más pequeña confía en el viento.

 

¡Se rinde!

suelta

sus inflorescencias

al suelo.

 

Entonces, el árbol me mira y me saluda amoroso

me muestra sus bifurcaciones ahora de vida plenas,

sus espacios más íntimos, más caprichosos, más vulnerables.

Me enseña la humildad de su vida y la dignidad de su sostén.

 

Desde la tierra que da soporte a la tierra de mi cuerpo

comprendo entonces que las hojas del árbol acarician las nubes

desde las ramas y desde el suelo

del mismo modo que las mariposas

y los sueños.