Importancia Otomí
El doctor Manuel Gamio, abuelo de la escritora y cronista excelente que aparece cada domingo en el periódico La Jornada, con textos de excelente factura relacionados con la vida cotidiana y crónica de la Ciudad de México; cito una de sus columnas dominicales para valorar lo que su padre le dejó en el amor al pasado y al presente desde la vista de un cronista nacido para serlo, titula Sabiduría ancestral: Entre las muchas cosas que deslumbraron a los españoles al descubrir las riquezas que poseía el territorio recién cubierto estaban la variedad y utilización de las hierbas. Les impresionaron los jardines botánicos de Tenochtitlan y Texcoco. Esto sucedía 100 años antes de que se creara el de París y 50 antes que el famoso de Padua.
Prueba de su asombro es que todos los cronistas e historiadores y el propio Cortés las comentaron con admiración. El sabio fraile Bernardino de Sahagún escribe un amplio capítulo, En que se trata de todas las hierbas, en la magna recopilación que llevó a cabo con informantes indígenas en el Colegio Real de Tlatelolco. Nos habla de ciertas yerbas que emborrachan, de las comestibles conocidas, de las que se comen crudas y de las medicinales. Estas últimas son decenas, sus explicaciones son minuciosas y da el remedio para prácticamente cualquier enfermedad. Cuando un Cronista lo es, lo es. Y Ángeles González Gamio es cronista de pura cepa. Sus artículos son un lujo para La Jornada. ¿Quiero un magisterio de cómo hacer crónica actual? Sus artículos de cronista son bello ejemplo a seguir. Prueban que la labor del historiador y del cronista tiene que ver con la capacidad de alrededor de una palabra: Toluca, saber encontrar todos los puntos de la metáfora que siendo cardinales son más que eso, pues llama a investigar el espíritu de la palabra, su origen y sus vicisitudes de existencia, que al sobrevivir permite conocer y llevar a investigaciones de varias ciencias para entender la trascendencia en el país de tal palabra: ¡Toluca!
Alrededor de Toluca se encuentran navegando, volando, caminando palabras como Matlatzinca, Otomí, Mazahua, Nahua, y las que de lejos vinieron al Valle de Toluca como las va deslindando el cronista de Toluca que nació para serlo, don Poncho Sánchez García. Alrededor de esas palabras está la que hace estudiar la herbolaria y todo tipo de yerbas y plantas o flores que son riqueza en territorio nacional aun antes de la llegada de los españoles. Cuenta Ángeles González Gamio: El tema se consideró de tanta importancia que a fines del siglo XVI, el rey Felipe II envió a su médico personal, Francisco Hernández, a hacer una compilación de la flora de la Nueva España. La medicina europea recibió admirada la información sobre mil 200 especies vegetales curativas.
Los españoles del siglo XVI tenían entre sus prioridades conquistar todo territorio que pudiera darles mayor riqueza económica y material. No sabían de la belleza que es la cosmovisión que era riqueza pretérita de quiénes tenían un respeto sagrado por la naturaleza. ¿Cómo iban a entender tal riqueza de colores en jardines donde imperaba la naturaleza, y una clara lección, los aborígenes de esos tiempos habían llegado a un acuerdo con la madre naturaleza, para que a través de la domesticación de plantas, árboles, flores se pudiera convivir buscando, en este caso el bien para el ser humano, que los soberbios españoles cuando llegaron al verles semidesnudos; pensaron que lo eran de espíritu, de alma, de vestido formal: cuando su vestimenta estaba enraizada en su mentalidad que hacía de ellos desnudez conviviendo con la desnudes de la flora y fauna, vestido heredado desde el nacimiento.
No tenían que esconder, nada que meter en el baúl, eran naturaleza y por ello, de la misma sabían mucho más que los estudiosos europeos en su tiempo. Esa lección es otra prueba del orgullo con el que debemos ver a nuestros antepasados. En ese orgullo claro que están dos palabras: Calixtlahuaca y los Otomíes.
Retorno a quien es uno de nuestros más brillantes estudiosos del pasado, Manuel Gamio, del que don Poncho dice: También el doctor Manuel Gamio negó que las otomianas fuesen ramas destroncadas del Ticomán, antes bien, supuso que los pobladores arcaicos del Valle de México eran quienes descendían de los Otomíes. Esta verdad es notoria porque el odio de los aztecas contra los otomís fue permanente. No soportaban que su cultura terca en sobrevivir y defenderse no se pusiera de rodillas ante su poder temerario. No comprendían que una raza cuando viene del lejano pasado ha de sobrevivir porque los muchos siglos que lo ha hecho, le dan escuela y permanencia para saber qué cosa deben hacer para salir adelante ante el acoso del enemigo. Son ancianos plenos de sabiduría los Otomíes y en ello está su fuerza y reciedumbre.
Defensa del doctor Gamio por los otomianos seguramente fue materia y consideración, al convivir cerca a través del sacerdocio con los otomíes de su tiempo de don Ángel María Garibay. Escribe Sánchez García, que el doctor Gamio deja los comentarios siguientes: La civilización arcaica es la más antigua del Valle de México, y de acuerdo con las fuentes históricas, la civilización identificada por la arqueología, es la civilización otomí: a la que se refiere la Historia. De ello el cronista expresa: …dice el maestro Gamio colocando a este grupo racial en un sitio de gran distinción ya que, por consecuencia, debe suponerse que todo el altiplano estaba ocupado por tribus otomianas en los últimos escaños del ciclo agrícola; mismas que fueron relegadas al noroeste por el empuje de los totonacos invasores que se establecieron especialmente en Teotihuacan y Cholula. En otras palabras, o en insistentes llamados al tema: la importancia de los otomíes según múltiples estudios hace ver que su antigüedad les da derecho de piso en los Valles de Toluca y México, y ello no debe espantar, pues la verdad histórica está por encima de visiones ideológicas o costumbres que por falta de información avocan a dar a un tema el definitivo resultado que viene a ser un grave error al revisar seriamente el pasado.
Para el doctor Gamio la verdad era: Al llegar la población de cultura teotihuacana al Valle de México, se puso en contacto con la civilización arcaica que ahí estaba establecida, originándose de este contacto un tipo de transición escultórico… A más de cien años que el interés por descubrir lo que México fue en su pasado precolombino los resultados de intensas investigaciones, llevadas a cabo por todo tipo de estudiosos del pasado del hombre, señalan resultados que no se deben desechar. El tema de los Otomíes, viene a ser prioridad para quienes habitando la ciudad y municipio de Toluca deseamos buscar la verdad sobre sus orígenes, sus aventuras existenciales que en críticos momentos o aquellos de convivencia social les permitieron a Otomíes, matlatzincas y mazahuas dejar su huella antes de que llegaran los belicosos guerreros nahuas.
Si se hiciera un sociograma sobre lo que la historia nos hace saber, encontraríamos interesantes datos sobre la importancia de los ancestrales otomíes, cita don Poncho: Jiménez Moreno, por ejemplo, sólo se atreve a suponer que… Teotihuacan fue incendiada a fines de su tercera fase, pero se ignora si los autores del atentado fueron los bárbaros noroccidentales o pueblos más próximos como el Otomí… y otro comentario más: De ese modo no queda claramente establecido si los otomíes que fueron relegados al occidente por la marcha imperiosa de Teotihuacan, regresan por la revancha alrededor del año 600 y se apoderan de ese emporio cuando ha perdido su fuerza y ya no puede mantenerlos a raya. Lo que debe quedar claro es que la cultura que se encuentra al norte dentro de Toluca y hacia Jilotepec, pasando por Temoaya y Huixquilucan: son los Otomíes, hoy más que nunca presentes, los cuales merecen un discurso que valore su importancia histórica en la entidad. Y en particular Toluca la cual tiene necesidad de saber su pasado. Para así, contener visiones o ideologías que descuidan groseramente —lo menos—, su pasado.

