Musicoterapia y la salud mental

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Desde la prehistoria, la música ha tenido un papel importante en la vida cotidiana. Nuestros antepasados usaban este estímulo sonoro no sólo para entretener, sino también en ceremonias, rituales de caza y ritos de paso, fortaleciendo el vínculo entre los miembros de la comunidad y su entorno. Pero la música también desempeña otro papel: mejorar la salud mental y emocional de las personas.

A lo largo de la historia, esa característica de la música se ha estudiado con el fin de conocer todos sus beneficios. En la antigua Grecia se cimentaron los primeros fundamentos científicos de las utilidades médicas que brinda la música; del siglo XVIII al XIX se estudiaron otros beneficios, y a mediados del siglo XX se estableció el término musicoterapia, que se refiere al uso de la música o sus elementos con el objetivo de reducir el estrés, calmar el dolor, incrementar la autoestima y ayudar a combatir los problemas neurológicos de las personas.

La música clásica ejerce efectos antidepresivos al sincronizar las oscilaciones neuronales entre el córtex auditivo, responsable del procesamiento sensorial, y el circuito de recompensa, encargado del procesamiento emocional. Cuando esta conexión ocurre, repercute en la amígdala extendida, una estructura central en el procesamiento de la información emocional. Al sincronizarse estos tres factores, el estado de ánimo en personas con depresión mejora.

Cuando escuchamos música, varias áreas del cerebro se activan, involucrando redes neuronales complejas relacionadas con la percepción auditiva, la emoción, la memoria y el movimiento. Estos sistemas trabajan juntos, lo que permite que la música no solo se perciba a nivel auditivo, sino también que despierte emociones, recuerdos y respuestas física.

De manera general, la musicoterapia se puede clasificar en dos tipos: activa y receptiva. Cuando hablamos de musicoterapia activa, nos referimos a aquella en donde el paciente toca los instrumentos, canta o baila; en cuanto a la receptiva, como su nombre lo indica, el paciente es solo un receptor de la música, un oyente.

Si bien la musicoterapia pasiva ha mostrado mejores resultados, ambas terapias influyen de manera positiva en distintos padecimientos neurológicos o en otras enfermedades.

La musicoterapia puede mejorar la salud mental, emocional, física y social de los individuos, adaptándose a las necesidades particulares de cada persona, y ha demostrado ser eficaz en una amplia variedad de contextos terapéuticos.

Algunos de los principales beneficios incluyen:

  • Beneficios emocionales:

  1. Reducción del estrés y la ansiedad: La música puede ayudar a calmar y relajar, reduciendo los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
  2. Mejora del estado de ánimo: Puede elevar el ánimo, reducir síntomas de depresión y aumentar sentimientos de bienestar general.
  3. Mejora de la expresión emocional: Facilita la expresión de emociones difíciles o reprimidas, proporcionando una vía segura para explorarlas.

  • Beneficios cognitivos:

  1. Mejora de la memoria: En personas con trastornos de la memoria, como Alzheimer, la música puede activar recuerdos y mejorar la función cognitiva.
  2. Estimulación cognitiva: Ayuda a mantener o mejorar funciones cognitivas como la atención, el lenguaje y la percepción en personas con demencias o lesiones cerebrales. 
  3. Mejora en el procesamiento auditivo: Puede beneficiar a personas con dificultades en la percepción y el procesamiento del sonido.

  • Beneficios físicos:

  1. Estimulación motora: Facilita el movimiento en personas con discapacidades físicas o que están en proceso de rehabilitación, mejorando la coordinación y el control motor.
  2. Reducción del dolor: La música puede actuar como un analgésico natural, al reducir la percepción del dolor y aumentar la tolerancia en personas con dolor crónico.
  3. Mejora de la función cardiovascular: La música puede ayudar a reducir la presión arterial, la frecuencia cardíaca y mejorar la función respiratoria.

  • Beneficios sociales:

  1. Fomento de la interacción social: La musicoterapia en grupo fomenta la comunicación, la cooperación y el sentido de pertenencia, especialmente útil en personas con trastornos del espectro autista o dificultades de interacción social.
  2. Mejora de habilidades comunicativas: Facilita la expresión verbal y no verbal, beneficiando a personas con dificultades del habla o el lenguaje.