Eco de sonidos

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Carmen Martínez Sandoval

Es sábado por la mañana, como otras ocasiones, rememoro un pasado intangible que ha dejado llaves para las puertas del recuerdo. Evoco mi pasado, en él, he anclado esta historia territorial que me ha convertido en habitante del mundo. 

Hoy, soy la mujer madura que recuerda una niñez, donde mi padre y la familia pasábamos por el estado de Querétaro.

Recuerdo que, a mis seis años de edad, los días anteriores a las salidas de nuestro lugar de origen, miraba a mi madre organizar los pormenores del viaje: salir a San Juan de los Lagos para celebrar la fiesta de Santa Juanita era una fiesta feligresa, un festín de fe al que había que llegar a tiempo el quince de agosto. 

Esos éxodos eran de madrugada, alguna vez, desperté cuando el auto familiar, estaba estacionado frente al estadio Corregidora; mis hermanos que son apasionados del fútbol me dijeron – Mira, ése es el Corregidora, ahí vienen los equipos nacionales a los partidos más importantes. En el silencio del pensamiento, mis ojos atraparon cada detalle de la construcción pareciéndome una edificación imponente. 

Siempre que pasábamos a las orillas de Querétaro, el sonido de sus letras, hacía eco a mi interior, como si, mi historia personal tuviera una deuda vivencial en él.

Años después, cumplidos los veintitrés, la existencia en este cosmos, me arrojó a esta ciudad estéticamente diseñada por la historia México. 

Han pasado más de treinta años y la palabra Querétaro, cobró un significado sustancial en la senda de mi vida. Esta alma, ávida de mundo, continuó con el deseo del conocimiento, entre un mundo barroco donde las paredes de sus casas de estudio, fueron la fortaleza artística de una ciudad colonialmente construida en los cimientes de la libertad mexicana.

El andar por esta ciudad, en una atmósfera colonial, ha sido un gozo viajero de la vida; edificios de calles adoquinadas donde uno va escribiendo múltiples historias; relatos de vida como aquella luna roja que dejaba a mis espaldas, la magnificente iglesia de la Congregación: una intensa y brillante luna susurrándome – ¡Querétaro del amor! – ¡Amoroso Querétaro!

Querétaro, en ti, he disfrutado el amor por mi vida, el amor por mi profesión, el amor de pareja, el amor de madre. En ti, se encendió el amor por las letras, por la palabra, por el arte, por la historia, por la cultura. Eres la ciudad donde he calzado mis trascendentes pasos.

En la brevedad del tiempo, has escrito una narrativa existencial en cada sitio de este espacio en el universo, aquí escribo mi instancia cósmica permeada de sueños cumplidos, de ilusiones hechas realidad, en tus misiones, he fortificado mi fe.

Hoy, sentada frente a esta máquina, hacedora de la memoria escrita, me recuerdo en esa niña, en esa adolescente, en esta mujer que me habita, escribiéndonos en una historia propia, en una historia inevitablemente compartida. 

Hoy, soy una habitante del mundo que agradece cada uno de los momentos que me ha dado esta ciudad de la que me enamoré primero, de su eco de sonidos: Querétaro.

Evoco mis primeros momentos caminando por sus calles, mirándola con el asombro de lo nuevo, de lo desconocido. Hoy ando en ella con la certeza de saberla mía, de saberme suya.

Desde mi infancia, tu nombre me invocaba, hoy sé que acuñaste mi alma, que el universo abrió las puertas de esta ciudad para decirme: ¡Escríbeme Querétaro!