¡Buenos Aires!
Desde el aire un dibujo de luces,
un mapa de monumentos, donde
la noche se detiene con sus fantasmas
bohemios en delirio de sus glorias y
el asombro del momento.
Corrientes con su Obelisco, es un faro
de cemento.
Allí, convergen caminos de tangos y
sentimientos, la pizza El Guerrín y las
Inmortales icónicas en el sustento.
Sus heladerías famosas por su franui, Dulce
de Leche y Alfajores.
*
Esa mezcla de sabores y nostalgia es muy porteña.
Entre el estruendo del subte y el ritmo del tren
mis pasos buscaron otro rastro.
La Casa Rosada y el Congreso.
Teatro Colón, Puerto Madero, Palermo.
La Casa de la Poesía, un refugio cultural y literario.
*
CABA, me abrió sus calles
de alegría y contento,
Díaz Vélez fue la avenida
que me detuvo en el tiempo,
recorriéndole su entorno entre el rumor
del Parque Centenario y Nuestra
Señora de los Dolores, que me bendijo el
encuentro.
La zona de Caballito y Almagro, árboles que parecen
túneles verdes, las copas se abrazan y el cielo se esconde.
Los días allí plantaron sus raíces en mi alma.
Un eco a promesas de esquinas con su cultura
poética, las ferias de libros y el museo Centenario,
me atrapa una y otra vez. Un riesgo de perderse
en un café y medias lunas.
Doblo la esquina y mis pasos me llevan a de San Telmo,
con sus calles empedradas y su vaca lechera pictórica.
De recuerdos entre adoquines y faroles. Mística colonial
ecos del tango y sus casonas susurran leyendas en cada
zaguán.
La Plaza La Bohemia, la estatua de Mafalda, símbolos del barrio
Entre poemas y cuentos ahí fui dejando mis huellas con poetas
de alto vuelo.
*
La Plata capital de la provincia con su monumental Iglesia.
Buenos Aires y sus provincias me habitaron el corazón.
En Chascomús, pueblo de ensueño y laureles en sus predios
De San Andrés y la paz de su laguna que crea un puente de
placer.
Ingeniero Maschwitz, aire de campo y poetas declamando
entre cantores…voy uniendo los rincones entre trenes y
oraciones, latiendo en mis versos, por tanta hermosura,
tesoro y memorias y toda esa gente que me dio calor
y se hace querer e invitándome a volver.
La majestuosa
ánfora del alma
que en luz y calor
me dejó su olor
con sagrada calma
koro
