Más allá de la vocación

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El maestro y escritor Abraham Rivera Garza, oriundo del Estado de Cuautla Morelos, escribió uno de los poemas que más impacto han tenido entre quienes se dedican a trabajar en educación; el poema titulado maestrito de pueblo es una conversación entre un padre y su hijo, en la que el padre explica a su hijo los motivos por los cuales no desea que sea maestro, dichos argumentos van desde: no saber cantar, no saber contar un cuento, poniendo al maestro como la profesión más baja a la que podría acceder un joven. Sin embargo, la contestación que el hijo hace en el poema es contundente Y entonces pensé: Si me aferro a ser licenciado, médico, contador o ingeniero, ¿cómo iba a despertar la conciencia de mi pueblo? ¿En qué los voy a ayudar siendo licenciado? Tal vez no podría darles amor, justicia o palabras de consuelo, no podría yo ofrecerles gran cosa para calmar su tormento. 

El anterior poema sale a relucir a poco tiempo de festejar el Día del Maestro, el 15 de mayo, fecha que se instaura en México en 1918, desde que el presidente Venustiano Carranza firmó el decreto para establecer la fecha como la oficial. El término maestro para referirse a la figura del docente frente a grupo representa una profesión que ha cambiado a través de los años, desde la manera para cursar la carrera de educación hasta los requisitos para permanecer como docente, los sueldos y prestaciones a los que se tiene acceso, qué decir de lo que representa la figura del docente para la sociedad y, lo más importante, el motivo por el que algunos jóvenes determinan que quieren ser docentes.

En la educación media superior, cuando los jóvenes están por pasar a la educación superior, es interesante escuchar su respuesta a la pregunta: ¿por qué quieres ser docente? Hablando de aquellos que se dirigen a educación, las respuestas oscilan entre porque tengo vocación, porque me gusta enseñar, porque me gusta trabajar con niños, respuestas que están bastante cerca de lo utópico. Sin embargo, al entrar de lleno a la carrera, algunos alumnos descubren que no era lo que esperaban y se deciden a darse de baja de la carrera; entonces la palabra vocación comienza a perder estabilidad.

Otra contracarta, cuando el egresado se enfrenta al campo laboral y se da cuenta de que conseguir un trabajo como docente no representa el ingreso económico que esperaba y que acceder a la educación como docente no es tan sencillo. También están aquellos docentes frente a grupo, aquellos que constantemente se preguntan si valió la pena conseguir ese lugar como docentes, todo esto debido al desgaste mental y emocional que les conlleva trabajar en salones pequeños, con una plantilla alta de alumnos, bajo condiciones no favorables y donde, si algo malo ocurre, el primer responsable es el maestro.

Hasta hace poco, ser policía era la profesión considerada de máximo riesgo; ahora, ser docente es también una profesión considerada como de alto riesgo; basta con revisar en los últimos años las agresiones cometidas contra docentes, en las cuales algunos perdieron la vida. Con todos los pros y contras que conlleva ser maestro en México, ¿dónde hace mella la palabra vocación? José Cueli, 1973, señala que la vocación es el llamado a cumplir una necesidad; es un toque de clarín, que cada persona oye y siente a su manera: es un impulso, una urgencia, una necesidad insatisfecha.

No obstante, la vocación no es previa a tomar la decisión de ser docente, es una condición que el docente desarrolla dentro del salón de clases, pese a las circunstancias adversas se sigue preparando, aunque sus emociones son llevadas al límite todos los días debido a la presión social, el docente maneja sus emociones, no se despierta todos los días con el mejor ánimo sin embargo sale de casa a dar lo mejor en cada clase, su preocupación está en que todos los alumnos logren aprender algo cada día, destinan tiempo elaborando material visual para sus clases, pasan los fines de semana planeando lo que van a enseñar.

Con todo ello, cada día eligen salir a dejar lo mejor en el salón de clases. Entonces, vocación deja de ser solo un llamado; vocación es conocer el riesgo y asumir el reto confiando en que la educación habrá de cambiar la forma de pensar de los alumnos. El docente, utópico o no, también está resistiendo. A cada uno de ellos, felicidades por su labor y valor.