EL PAÍS SE SOBREENDEUDA… LAS FAMILIAS TAMBIÉN
“El endeudamiento excesivo transforma el futuro en una obligación permanente.”
Hyman Minsky
LO ABSOLUTO ELIMINA A LO RELATIVO: En la era digital, donde el marketing, la publicidad y la competencia familiar, induce a las familias a adquirir cosas que no necesitan, pero dan estatus y, además, tienen un precio estratosférico en relación con su costo, pululan por las redes ofertas de mercancías y de tarjetas de crédito que quizá en otros tiempos sería posible adquirir (y pagar), no ahora,
La inflación (real, no la de la fórmula neoliberal) rebasa cualquier aumento a los salarios mínimos, a los incrementos políticos al magisterio o a los destinos desconocidos de los programas sociales. Los aumentos pueden ser históricos en números relativos, pero la inflación también es histórica, en cifras absolutas.
Pensemos en una familia donde el ingreso ya no alcanza. Primero usan la tarjeta para completar el supermercado. Después piden un préstamo para pagar otra deuda. Más tarde venden el coche para cubrir intereses y, finalmente, hipotecan o pierden la casa tratando de sostener un nivel de vida que el ingreso real ya no puede mantener.
Lo más dramático es que, aun después de vender patrimonio, la deuda continúa creciendo. Eso mismo ocurre cuando millones de familias viven permanentemente endeudadas: el problema deja de ser financiero y se convierte en social, emocional y económico. Las familias mexicanas viven más financiadas y menos tranquilas, y el país igual, duplica en 7 años la deuda que se generó en casi 200 años y que, por ser pública, la pagamos todos.
Durante años, el crédito se presentó como sinónimo de progreso. Una tarjeta adicional, meses sin intereses, préstamo inmediato, “dinero disponible”, etc.
Hoy, después de la pandemia y de la afectación de la producción y los precios por la violencia, la pandemia y los “impuestos indirectos” (huachicol, protección, seguros, derecho de piso, etc.), para millones de familias mexicanas, el crédito dejó de ser herramienta y comenzó a convertirse en supervivencia.
La señal más preocupante ya está aquí, hay miles de hogares que sobreviven para pagar intereses, es la segunda señal de que la economía entera comienza a debilitarse, la primera es el incremento real a los precios. ¿Ya fue usted al súper o a la gasolinería esta semana?
EL PROBLEMA NO ES INDIVIDUAL, ES ESTRUCTURAL: Especialistas financieros y autoridades como la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros han advertido un fenómeno preocupante, cada vez más familias caen en mora, aumentan los atrasos, crece el sobreendeudamiento y muchas familias ya deben el equivalente a 7 u 8 meses completos de ingreso, las “agencias de cobro” les llaman de seis a ocho veces al día para recordarles que no son tan amables como decían en su publicidad..
Eso significa algo muy simple, si dejaran de gastar totalmente, necesitarían casi un año entero solo para pagar deudas y morir de hambre.
Pese al artilugio que se usa para señalar que la pobreza ha disminuido (igual que el poder adquisitivo), la verdad es que, para la clase trabajadora, la que sí produce y no es apoyada en términos reales, los ingresos ya no alcanzan. Aunque el salario nominal ha subido, la inflación -medida en precios de alimentos, renta, transporte, gasolina y servicios públicos y privados-, ha erosionado el ingreso real. Aparentemente entra más dinero, pero alcanza para menos. Ya nos dijeron que hay que sustituir la carne por frijoles… pero no de Zacatecas.
Por otro lado, a pesar de que el Banco de México reduce la tasa de referencia, la que cobra a los bancos, al 6.5 %, lo cierto es que, en México, muchas tarjetas de crédito cobran entre 40% y 80%, los moratorios se duplican, anual e incluso más, eso se llama usura. Ah, pero por su afore o su ahorro, con dificultad le pagan e 4% y a veces el rendimiento es negativo.
La publicidad ofrece crédito fácil, porque los emisores saben que la educación financiera es muy débil. Aplicaciones, fintech, préstamos exprés y tarjetas departamentales han multiplicado el acceso al crédito, pero no a la educación financiera. Como resultado, muchas familias usan deuda para comer, para pagar otra deuda o para sobrevivir entre quincenas. Eso ya no es financiamiento, es angustia y dependencia financiera.
Índice 2018 = 100. Serie ilustrativa para explicar la dinámica económica del sobreendeudamiento familiar.
Lo más grave es que problema no se queda en las casas, cuando millones de familias destinan gran parte de su ingreso a pagar deuda, el fenómeno se multiplica, la gente consume, ahorra e invierte menos y vive con un mayor estrés financiero. Y si agregamos a un país que debe 20 billones de pesos, que destina un billón a programas y proyectos improductivos y casi un billón y medio a pagar intereses, la crisis está a la vuelta de la esquina, quizá antes. ¿Pagó usted la totalidad de sus créditos este mes?
Hyman Minsky, economista renombrado, explicó hace décadas que los sistemas financieros se vuelven inestables cuando el crédito deja de financiar productividad y comienza a financiar supervivencia.
Eso ocurre cuando, ni más ni menos, cuando la deuda crece más rápido que el ingreso, los intereses sustituyen al ahorro y el crédito deja de impulsar crecimiento real.
DE FONDO
La inflación persistente, la pérdida del poder adquisitivo y la precarización laboral han empujado a miles de familias mexicanas hacia un sobreendeudamiento silencioso. Buena parte de la clase media que hace algunos años podía sostenerse con ingresos equivalentes a ocho o nueve salarios mínimos, hoy se recontrata con cuatro o cinco, mientras mantiene costos de vivienda, transporte, salud y educación muy superiores a los de hace una década.
A ello se suma un entorno de baja productividad, extorsiones criminales, ‘derechos de piso’, pagos de protección y mordidas institucionales que encarecen artificialmente bienes y servicios en prácticamente toda la cadena económica. El resultado es una economía donde muchas familias sobreviven, sustituyendo ingreso real con ‘tarjetazos’ sin fondo, créditos caros y pagos mínimos que terminan convirtiendo el consumo cotidiano en una deuda permanente.
DE FORMA
El origen del problema se llama productividad, competitividad y seguridad, judicial y de la otra, Hyman Minsky, economista destacado en el tema señala que cuando las familias se endeudan no para crecer, sino para llegar a fin de mes, la economía entra en una zona de fragilidad permanente.
La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros ha advertido recientemente sobre el aumento de la mora y el sobreendeudamiento de los hogares mexicanos, reflejo de una combinación preocupante: inflación persistente, tasas de interés elevadas, ingresos insuficientes y acceso cada vez más fácil a un crédito impagable.
DEFORME
La gran contradicción mexicana estriba en que mientras el discurso oficial habla de estabilidad, fortaleza económica y crecimiento (con pronósticos a la baja, por cierto), millones de familias viven endeudadas, refinancian tarjetas, pagan intereses crecientes y y llegan a fin de mes con dificultad, o no llegan.
La macroeconomía puede verse estable mientras la microeconomía familiar se está fracturando.

