¿Y si, sí?
Independientemente de cuál sea el origen, la frase se consolidó como el mensaje de esperanza de este mundial trifásico 2026, porque no tenemos ni un nombre oficial, el mundial de Norteamérica, el Mundial compartido, el premio que todos quieren y sólo uno podrá tener.
Creo que la apología venía de la Liguilla de Clausura 2026 y era atribuida al equipo universitario Pumas, lo demás, resulta ser lo de menos, porque la idea se ajusta perfectamente a la necesidad de renovación, de bienestar mental, de triunfo y prosperidad que tanto estamos persiguiendo diversas generaciones de mexicanos.
La duda ya no es tortuosa después de decir el slogan ¿Y si, sí?, es una certeza a medias, tocar el cielo por instantes, la posibilidad de ser campeón, de lo que sea, como sea.
La esperanza es lo último que se pierde, nos ha enseñado la desventura, y es que, en los últimos días, hasta la naturaleza ha demostrado su hegemonía, pues es incontrolable en su fuerza tectónica y pluvial, el temor no es infundado, es más bien, advertido en las agencias de pronósticos climáticos, aún con todo eso, los aficionados han cruzado cielo, mar y tierra para estar en esos estadios agrandados y reformados que dan cabida a millones (casi).
Supongamos que los octavos de final sean realidad, eso es lo más optimista, que la frase funcionaría para los cuartos y así sucesivamente como si tuviera un poder profético o decretador. No se sabe si reaccionar con ternura o con rigor ante la hipótesis estadística que se propone con una frase tan breve, ahí caben los números, los récords, las probabilidades y los sueños.
¿Y si, sí? Ganamos, avanzamos, vivimos, perdonamos, subsistimos. Ni hablar del panorama geopolítico mundial, eso queda suspendido por unas cuantas semanas –en nuestra conversación diaria–, respeto para el deporte más popular del mundo. Disfrutemos como sea.

