UNA CARAMBOLA

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Rezumaba glorias de antaño la entrada al Gran Hotel que de ya, de pronto, te presentaba su sala de billar con mesas en los extremos y a los lados las mesas en donde se jugaba dominó y a veces ajedrez.

El ambiente era una fantasía de los años 40: maderas labradas sillas viejas y resistentes y llenando casi todo el espacio 6 mesas de billar de tres bandas, impolutas, exactas, exquisitas, en donde lucían sus galas los mejores billaristas toluqueños.

El tabaco fuerte y sobre todo el aroma del café hacían más poético el ambiente.

Comprando unos dulces en las alacenas del Portal se encontraron don Luis y don Edmundo, que fueron campeones estatales. Inmediatamente salió el envite de parte de Luis:

  • Mira quedamos cerca del “grano” ¿nos echamos un partidito? 
  • Solo para recordar.
  • ¡juega! Dijo el señor Mundo.

Ambos penetraron al escenario de sus pasadas glorias.

Una mesa quedaba libre y el grito de Luis ¡tiempo! Hizo que varios ojos los identificaran.

  • Estos sí eran chingones.
  • Ven vamos a verlos 

Varios mirones rodearon la mesa y Luis y don Edmundo se picaron.  Ambas bolas llegaron al límite y entre caballeros se cedieron mutuamente el honor de principiar. El mingo rojo sangre como la camiseta local de fut quedó enmedio y nadie se fijó en la llegada de Froylán el mocetón que era el actual ganador de todos los partidos.

Don Luis tiró, pass, una dos y tres bandas y clacc. Tomo de nuevo su taco lo enbadurno con tiza y de nuevo placc al mingo una dos y tres bandas y clac y carambola en la siguiente erró y don Edmundo, parsimonioso, tomando un taco del 18, como era su costumbre midió, se agachó levemente sobre la baranda y tiró como el solo sabía hacerlo con lentitud, aterciopeladamente, rozando apenas el mingo y una vuelta dos barandas tres llega, no llega y pac carambola.

En eso una voz juvenil cortante sorprendió a todos. Era Froylán que retó a la pareja:

  • ¿Uno de ustedes se aventaría un jueguito a treinta carambolita de a 200 pesitos? 

Estupor. Silencio.  Eran el pasado y presente. Luis y Mundo se miraron y sin esperar, el maestro Edmundo agarró el envido.

  • Yo mero. Va. Pásale.

Los mirones sabían que Froylán era el actual chingón del billar, pura potencia, a las dos vueltas tal vez y como no iba Carlos Barraza el campeón nacional que andaba de gira,  Froy era el que partia el queso.

Más mirones se acercaron.  Mundo el viejo campeón cambió su taco por uno 22, más pesado mientras Froy armaba su lujoso y reluciente taco que había sacado de su funda.

Comenzaron picándose y Froylán quedó más cerca del extremo, colocaron las bolas y pac, el tiro de Froy corrió y golpeó al mingo, una. De nuevo armó su tiro y pac salió con fuerza su bola y dando un rodeo de cinco bandas tocó a la bola contraria ¡dos! Exclamó. El tercer tiro ya no dio en el blanco y le tocó a don Edmundo tirar.

Lentamente le puso tiza y con cuidado caminó la baranda y vio la posición de las bolas. El aroma del café colombiano y el de cigarros y puros hacía enervante el ambiente.

Don Edmundo tiró, con su estilo. Con trabajos, tocó al mingo y una, dos, tres bandas y ahí va la bola len-ta-men-te a su destino. Carambola una. Ahí mismo, el maestro midió y tiró una, dos, tres bandas y pac pegó asi nada más al llegue

Al siguiente tiro don Edmundo falló. 

Cada vez más curiosos veían una partida sui generis y así iban 9-8 a favor de Froy y luego 12-10 a favor de don Edmundo después 15-14 adelante Froy. Un curioso que se acercó, bebía su rico y humeante café con tragos rápidos. Los veteranos del billar del Gran Hotel estaban con don Edmundo y los jóvenes querían que Froylán mostrara la fuerza de la nueva generación.

Y así iban llegando a empatar a las 20 carambolas.

De pronto Froylán se terminó su Coca Cola y como si le vinieran nuevos bríos con fuerza atacó y ligó 3 carambolas mas ya iban 23-20.

Cada vez que el taco de uno y otro movían las arandelas del alambre de arriba todos los del billar hasta los que jugaban ajedrez veían que Froy iba arriba. Al tocarle su tiro don Edmundo que no fumaba se acordó de cuando si lo hacía y se inspiraba y pidió a Luisito un Malboro. Se lo encendieron y auu le dio una fumada larga y de una taza de café ajena le dio tres tragos largos. La tiza lleno de polvo azul la punta de su taco y con lentitud midió, pac, casi rozando hizo que la bola navegara en el verde paño y clac una, dos, tres, cuatro y cinco. Don Mundo se había inspirado y ahora, casi terminando estaban 28-27 a su favor de don Mundo. Que de nuevo midió y len-ta-men-te  salió el tiro que dio la vuelta al cuadrilátero verde y pac llego a la 29. Le faltaba una carambola para ganar y la tensión y los nervios de viejo o quien sabe qué, hicieron que ni tocara la bola contraria.

 Le toco a Froylán que vio el tiro vendido era una tabla y la podía hacer con facilidad. 

Quien sabe cómo Froylán vio la cara del viejo y se acordó de su padre, de cuando lo llevaba de la mano y le compraba un dulce de las alacenas y luego entraban al billar y ahí se enamoró de las tres bandas y viendo a don Mundo se acordó que el viejo, de joven, gano dos veces el estatal y era el orgullo del grano, pues representaba al estado en los nacionales. Vio su tiro y estaba fácil es más, había un puente en donde si no le pegaba a la primera a la otra vuelta si pero pensó que tenía toda la vida por delante y don Edmundo no merecía la derrota en su vejez. Ha chingá pero como hacer para que su tiro haga gol y que en la segunda vuelta no chocara, y además que se vendiera.

Silencio en el salón. Froy tomó su taco, midió para fallar. plac salió el tiro: una, dos, tres bandas y entró enmedio de bola y baranda como gol de fut pego otra vez en la baranda. La bola siguió su camino una, dos y ya no llegó. El tiro quedo ideal para don Mundo que colorado, después de una fumada y otro trago al café con una sonrisa leve que solo don Luis notó tiro una, dos, tres bandas y len- ta- men-te apenas, como soplido a un pétalo de rosa chocó a la otra bola.

Los presentes aplaudieron.  Froy al darle los 200 pesos le estrechó la mano y por bajo le dijo maestro sigue siendo el mero champion y se fue con sus cuates a pedir una torta de pierna y una cervecita.

Don Edmundo llegó con Luis y sólo le dijo paga el tiempo, pues vamos a echarnos un coñaquito al Colonial.

Salieron al Portal y los chavos mientras preparaban la torta de Froy, oyeron que su mero cuate el tiritas le dijo mirándolo de frente a los ojos:

-¿Te hiciste pendejo en el último verdá? Froy no contestó y acordándose de su jefe le dijo a don Agapito, el que confeccionaba su torta, con la voz ronca y dos lagrimitas que se asomaban:

– Sin mucho chile por favor.

Fin