De vuelta al origen

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En el Marco del Año Internacional de las Lenguas Indígenas, han tenido lugar diversas manifestaciones culturales y artísticas de nuestros pueblos originarios. Durante uno de ellos, en Xoxocotla, Morelos; de entre las diferentes actividades, hubo presentaciones de libros en relación a diversas culturas como la Otomí, Mazahua, Náhuatl y otras.

Lo que llamó mi atención fue la significativa presencia de extranjeros en la presentación de libros y para la organización del evento. En una de las exposiciones, se comentó que uno de los libros se logró por la intervención de la Universidad de Harvard, que contactó a los expertos mexicanos de la lengua Náhuatl, en colaboración con la Universidad de Holanda, que fue quien prestó el Códice para la investigación. Además se presentó un diccionario del Serbio al Náhuatl, que resultó de una investigación antropológica en Serbia.

Es usual que exista el interés por otras culturas e incluso la adopción de ellas, como ha sido en nuestro continente, hemos aprehendido mucho de los estudios y culturas de otros sitios, como sucedió durante  la colonización.

Entonces viene la pregunta ¿Por qué ahora después de tantos años, aquellas culturas se rescatan y se fijan y que un lapso de tiempo no se tuvo la curiosidad por descubrir o adentrarse en su conocimiento?

Lo que un día fue choque de culturas, de confrontación, de imposición o de adopción, probablemente hoy sea motivo de unión y comprensión. Michel Maffesoli dice que hay “un efecto de estructura que, de manera inconsciente, une orgánicamente lo que el pensamiento occidental y moderno habían separado mecánicamente”.  Es decir, aquello que se negó y se cambió, hoy nos vuelve a unir en este regreso o búsqueda a lo sagrado, en la ‘apetencia espiritual’ ”.

Vivimos en tiempos de constantes confrontaciones, guerras, discriminaciones, extremismos cada vez más mortales, un ambiente de violencia que nos lleva a vivir en un constante miedo, con la sensibilidad a flor de piel, donde cualquier ataque o discrepancia se vuelve motivo de guerra.  Sensibilidad que nos lleva a buscar un refugio o como diría Carl Gustav Jung, que en las situaciones de gran emotividad aparece la noción de un Dios o un poder sobrenatural, y es probable que, en esta búsqueda de manifestaciones religiosas, las consideradas “culturas modernas”, ahora vuelven sus ojos a las religiones de nuestras tierras en las que tal vez encuentran afinidad o simplemente un deseo de conocerlas.

Pero ya Maffesoli habla de que vivimos en un tiempo donde necesitamos un “regreso a lo sagrado” ante una “armonía conflictuada” en términos de ética y  de una lógica contradictoria; no es ningún secreto que hoy no son suficientes los estándares para vivir bien y de un estilo de vida perfecto, siempre es interminable, siempre falta algo más a lo material y  en esa lucha por lo material, el aspecto espiritual y ético se hacen cada vez más débiles o invisibles y de ahí las crisis, las “circunstancias muy emocionales o los momentos de emergencia” que dice Jung, nos llevan a buscar y observar las manifestaciones religiosas.

Porque ya no bastan las manifestaciones institucionales que parecen en la actualidad rebasadas por las crisis de ética, pero Maffesoli confía que “hace falta un sustrato de podredumbre para que la vida crezca”; entonces esperemos que ante estas problemáticas y oscuridades en temas de instituciones lejos de descalificaciones y ataques, busquemos el crecimiento, la mejora y la aplicación de modalidades que nos lleven a Crecer; es momento de construir, de comunión hacia un camino colectivo a la paz y armonía.

Y entender también que “lo desconocido, lo inexplicable o lo que nos trasciende, tiene un especial significado a nivel antropológico y sociológico” como menciona Jung, que nos puede ayudar a lograr una mejor convivencia y alcanzar la armonía que necesitamos y no sólo entre seres humanos, sino que también con nuestro entorno como se hacía en los orígenes de estas civilizaciones.