Siempre hay un roto para un descosido

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Mientras voy caminando por una de las calles más transitadas de San Pablo Autopan, que, dicho sea de paso, es una zona otomí al norte de Toluca, observo un negocio un tanto escondido, pequeño; a simple vista no se ve afluencia de gente, pero si te adentras un poco más, hay mesas grandes, anaqueles con hilos de distintos tamaños y telas de varios colores; entonces comprendes que se trata de una sastrería. Aunque este negocio tiene su letrero Sastrería, pocas personas saben que en ese lugar hay alguien que puede reparar sus prendas de ropa.

Aquí un poco de contexto: la palabra sastre deriva del latín sartor, que significa remendar o reparar. Las sastrerías tienen sus orígenes en Europa en el siglo XIII; brindaban un servicio más personalizado y acorde a las medidas de las personas. En este oficio la precisión es fundamental; todo traje debe tener compostura y estar elaborado a la medida del cuerpo del cliente. Para un sastre la palabra no tiene arreglo simplemente no existe. Todo pedazo de tela es trabajable y cada cuerpo distinto.

Hablando del negocio de sastrería en San Pablo Autopan, este negocio es sombrío, y ¿por qué digo que es sombrío? La explicación la daré más adelante; tanto en San Pablo Autopan como en Toluca centro, es casi imposible encontrar una sastrería. Estos negocios tal cual los conocíamos están desapareciendo y esto tiene una explicación. Los cambios sociales, económicos y hasta políticos hacen que el estilo de vida de las personas se vea afectado. Cuando hablamos de prendas de ropa y observamos lo que está de moda, es decir, lo que vende, entendemos que las personas compran ropa más por moda que por necesidad. Lo mismo da que una prenda de ropa que aún sirve la puedan enviar al sastre para reparar que tirarla a la basura o simplemente deshacerse de ella.

La inmediatez, prima hermana del consumismo, da un mensaje a la sociedad en el que no es necesario arreglar algo, simplemente desecharlo o sustituirlo por algo más novedoso. La gente no desea invertir dinero ni tiempo en arreglar una prenda de ropa; basta con mirar los diseños extravagantes que se ofrecen en las tiendas; en esos lugares no importa si la ropa te queda a la medida, sino que tengas lo que está en tendencia. Así como la ropa es sustituible, algo similar sucede a la hora de arreglar nuestra vida misma; es más fácil decirle al otro Yo soy así y nadie me puede cambiar antes que evaluar nuestra conducta y corregir. Es más fácil dejar en las manos del cónyuge el futuro del matrimonio porque un día descubrieron que no estaban hechos el uno para el otro, y conseguir una nueva pareja es la única opción o, por lo menos, la más inmediata, como si esto solucionara el problema.

En los empleos, si un colaborador no cumple los objetivos de la empresa, antes que evaluarlo para detectar las áreas de oportunidad, lo más barato es sustituirlo por otro perfil con más destreza. Así como expongo aquí que las sastrerías que fueron un negocio que ayudaba a las familias a ahorrar un poco de dinero antes que dar por perdido algo, asimismo creo importante que la sociedad aprenda que aún lo roto tiene compostura, aun con los defectos que como seres humanos tenemos aun con ello nuestras conductas pueden tener una nueva dirección, incluso aquellos que tras varios años han trabajado por conseguir el empleo que deseaban y no lo han conseguido, ello no determina la gran labor que hacen, hay otros empleos esperando por su experiencia.

Por ello digo que el negocio del sastre en San Pablo Autopan es sombrío, porque cada vez que alguien lleva una prenda de ropa que parece tal vez no tener compostura, la respuesta del sastre ante este problema es (tomaré tus medidas, cortaré un poco y tengo lista tu prenda de ropa para determinado día). Sombrío porque para esta sociedad que alguien diga que algo tiene compostura es imposible; es hasta cansado pensarlo. En épocas de inmediatez, podemos reparar lo roto, lo descosido y permitirnos modificar, analógicamente hacer lo que el sastre con la ropa, dar una nueva oportunidad.