Experiencias cinematográficas

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El cine, desde su concepción, ha buscado aportar algo a quien decide pagar un boleto para asistir a una sala: datos, historias, referentes, emociones, anécdotas y la posibilidad de aprender desde la visión de un director. Es decir, de alguna manera nos educa.

 

Los muy puristas (por no decir arrogantes con eme), pugnan por una diferencia entre el cine comercial y el cine de arte; y con frecuencia desdeñan aquello que consideran poco inteligente; si bien es cierto que hay de calidades a calidades, mi personal apreciación es que el cine es una expresión artística que plantea una visión de la realidad que emana del contexto en el que es creada.

 

Igual de valiosa es una cinta de élite y festival internacional que una de ficheras y tugurios a la mexicana, en ambos casos se trata del reflejo de una sociedad en particular.  En el devenir del tiempo, películas con buenos guiones, directores galardonados y presupuestos altísimos resultan verdaderos fiascos, mientras otras que parecían churros sin sentido, acaban siendo aclamadísimas.

 

No podemos hablar de lo que no conocemos, por lo que mi sugerencia será la de asistir a las salas para experimentar en carne propia lo que sea que el filme nos ofrezca, al final del camino tendremos tiempo para asimilar lo que nos parezca bueno y desechar lo que consideremos innecesario.

 

En las últimas semanas hemos tenido en cartelera al menos tres cintas que logran generar esa experiencia cinematográfica (cuasi religiosa) en la audiencia, dejando sabores de boca tan diversos como peculiares.

 

La primera de ellas La camarista, ópera prima de la directora mexicana Lila Avilés, logra reflejar ese mundo subterráneo, prácticamente invisible, en el que muchas personas se encuentran, con ideales y metas claras, con una cultura del esfuerzo a toda prueba que, por las recanijas circunstancias del entorno, acaban por diluirse ante una realidad cruda, a la que acabas por resignarte sin la posibilidad de más opciones.

 

Con una narrativa interesante, logra contar una historia tan cercana, que es inevitable voltear a uno mismo para desglosar nuestro quehacer cotidiano.

 

La segunda, Once upon a time in Hollywood, del siempre polémico Quentin Tarantino, es un homenaje al cine mismo, las múltiples referencias a cintas icónicas, la magnífica recreación del ambiente de la época (1969) y la conjunción de un elenco de gran calidad, le hacen un trabajo de excelente manufactura que, adicionalmente, logra establecer teorías alternativas sobre los hechos que obligan al espectador a buscar referentes más allá de la película.

 

Si bien durante la primera mitad de la cinta pareciera que no es un trabajo del director, el ritmo y cierre no dejan lugar a dudas; más allá de las críticas que ha recibido, el resultado es una obra muy personal que, con el tiempo, acabará por ganarse un sitio especial en la historia de la cinematografía.

 

La tercera, Yesterday de Danny Boyle, un filme evocativo, con un gran corazón y merecido homenaje a una de las bandas, si no es que la banda más famosa de la historia: The Beatles.

 

Reconociendo el rol protagónico de la música, el énfasis está en imaginar un mundo en el que los pequeños detalles y los referentes personales dan un sentido único a la vida.

 

Vaya al cine, de él también aprendemos.

 

horroreseducativos@hotmail.com