Aprendamos lecciones

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Segundo día del año, seguramente con pilas recargadas y con la mente llena de buenos deseos y mejores intenciones para iniciar la segunda década del siglo XXI.

 

En esa convicción, debemos partir de que la vida, como sea que le hayamos vivido, nos ha ofrecido lecciones de las cuales tenemos que sacar provecho, para no tropezar, como suele ser, con la misma piedra.

 

Ya hemos dicho que es complejo hablar de justicia porque cotidianamente vemos personas que, dándolo todo de sí, con grandes esfuerzos y compromisos fuera de toda discusión, usualmente no tienen los resultados que merecen; en contraparte, personas laxas, descuidadas, desordenadas y sin una disciplina clara, que parecen tener buena suerte a pesar de lo que dicta el sentido común.

 

Aún con ello, sigo pensando que sólo quienes dan orden y sentido a sus existencias tienen muchas más probabilidades de encontrar mejores resultados en el largo plazo que quienes apuestan a su buena estrella.  No es conveniente retar al destino, al final del camino las cuentas acaban por cobrarnos esas facturas pendientes.

 

Por ejemplo, pienso en quienes han fracasado matrimonialmente; lo esperado es que estas personas entiendan todo lo que pasaron y, con base en esa experiencia previa, realicen los ajustes necesarios para reorganizar sus vidas en caso de una segunda oportunidad. Desafortunadamente lo que sucede es que hay personas que, lejos de buscar mejoras, se empecinan en mantener su orgullo vigente y deciden que es el mundo el que está mal. Consecuencia, dos, tres, cuatro o más rompimientos. ¿Quiere más sinsentidos?, luego andan en sus redes sociales presumiendo que, si con un divorcio te ves bien, con dos te ves increíble. Se lo juro, lo he visto.

 

Otro ejemplo, son aquellas personas que han pasado por una experiencia traumática, como un accidente automovilístico, una enfermedad grave o la pérdida del empleo, en todos los casos, se esperaría que los afectados reconocieran aquellas causas que ocasionaron esos desenlaces, para en la siguiente ocasión que toman un auto, son revisados por un médico o reinician su etapa laboral, estén más alertas para minimizar los riesgos naturales de su accionar en esos escenarios. De nueva cuenta, las personas no entienden y siguen con su misma posición arrogante, despreocupada e irresponsable. Consecuencia, vuelven a repetir el patrón previo.

 

Todos conocemos casos de personas que aún a sabiendas de que fumar es malo, persisten en su hábito; que con la certeza de que andar de fiesta y reunión todos los días conlleva un riesgo, no renuncian a su vida social excesiva; que a sabiendas de que gastar en exceso no lleva a finanzas sanas, prefieren su vida ficticia. Lecciones no aprendidas.

 

Arrancamos un nuevo año y, como es la realidad, le invito a mirar su entorno; si no tiene áreas de oportunidad, tiene la armonía requerida para dormir tranquilo y su entorno es pacífico, va por buen camino, sin embargo, el punto es no bajar la guardia para no encontrarnos con sorpresas en el futuro.

 

No hay peor ciego que el que no quiere ver, y si negamos que tenemos mucho que hacer, porque sentimos que somos excelentes en todo (o al menos eso queremos venderle a mundo), el augurio será negativo.

 

Bienvenido el 2020 y nosotros a seguir aprendiendo.

 

horroreseducativos@hotmail.com