Salmo

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Defiéndeme Señor de mis poderosos enemigos,

de esas mujeres rabiosas que le llaman divorcio al odio que mantienen contenido.

De las otras, ignorantes y torpes que se adhieren a las órdenes de un marido.

De la madre castrante y autoritaria

Que ronda todas las familias.

Del padre alcohólico y ausente

Del desobligado hijo

De las deudas de plástico

De los requerimientos virtuales

De las fauces de la gente indigente

Que se conforma con nada de pan

A cambio de cerrar la boca

Y morder inocentes manos de

Quienes les ayudan.

Defiéndeme, Señor, con mi decencia.