La verdad
Bajo el nombre de verdad se oculta un problema dramático, como expresa Ortega y Gasset: La verdad representa el reflejar adecuadamente lo que las cosas son y esta verdad es solo una.
En la realidad cada individuo posee sus propias convicciones, más o menos duraderas que son para él la verdad, entonces no hay más que verdades relativas a la condición de cada sujeto.
Dado que la verdad es una búsqueda que determina nuestra percepción del mundo, es importante comprender su sentido en el contexto del lenguaje privado (derivado de una verdad individual) como se manifiesta en la literatura. Al hablar de lenguajes privados, me refiero al modo como significan las palabras.
Según la manera como entran en el discurso, nuestras palabras se refieren a las cosas, por sus conexiones con lo que la gente dice y hace o bien, por la manera en que afectan lo que se dice y se hace.
Cuántas veces ha tratado de convencerse a sí mismo de que dijo lo correcto en la situación correcta o que tal vez, el interlocutor no escuchó nada de nada, dando tiempo para el engaño y la mentira.
A punta de ocultar palabras hemos permanecido en la incomunicación total con nuestro círculo más cercano. Así que, hoy por hoy, cuéntese su verdad individual, porque es necesario dejar bien establecida la línea del tiempo de nuestra vida. Pedir las explicaciones que nunca se mencionaron, cobrar las cuotas simbólicas de lo no dicho, llenar de palabras el vacío que los tiempos pandémicos han impuesto entre las personas. Podría ser la última oportunidad del hable o calle para siempre o de la mano en juramento de decir la verdad y nada más que la verdad.

