Remedio
La madrugada se abre lentamente
exhibiendo su entraña negra
de enfermedad y dolores.
Guarecidos en lo profundo del miedo,
quién habrá de quitarnos el ego,
enseñarnos a golpe de llanto que
hay otros a quienes negamos hermanos.
Sólo el temor a la muerte,
A la saciedad de lo profano,
esa necedad de hormiga que no se somete
ante la inminente caída de su arcano.
Impensable lo ahora real,
un castigo, desacato.
De miles el horror,
la zozobra de lo bello, lo más querido
se difumina en una mano.
Sólo queda revelarnos.
y tapar con amor las grietas,
fuerza poderosa, confín del universo,
dicen que el amor renueva todo lo
que toca, cada olvido, cada deseo.
Como fuera, es la única espada que poseemos.

