Cream, una efímera existencia musical de amor y odio
En la década de los sesenta, la guitarra de Eric Clapton, el bajo de Jack Bruce y la batería de Ginger Baker representaron un punto de inflexión en la música británica con la formación de Cream. Se podría decir que se trata del primer supergrupo del rock. Tres individuos con una carrera ya relevante que confluían en un proyecto común que, inevitablemente, estaba abocado al fracaso, pero no como una entidad artística, más bien como ecosistema de una precaria convivencia. El mismo Clapton llegó a definir así el ambiente: Era una situación de confrontación las 24 horas del día. Bruce y Baker no se soportaban. Clapton mediaba, pero estaba en una situación de inferioridad. Sin embargo, en la creatividad eran todo un torbellino, tres músicos excepcionales que improvisan, se retan y compiten. Estuvieron dos años juntos, tocaban hasta cinco días a la semana, sin pensarlo nos brindaron momentos memorables dejando una huella imborrable.
Entonces con una breve pero fulgurante carrera, los seguidores de Cream recuperaban de manera fugaz la esperanza de una posible reunión de sus tres componentes y una nueva gira de nostalgia después de que en 2005 protagonizaran una serie de conciertos en el Royal Albert Hall de Londres y en el Madison Square Garden de Nueva York. Sin embargo como presagio se intuía que no había posibilidad de que los miembros de Cream se juntaran de nuevo. Hace ya muchos años lo había dejado claro el bajista de la legendaria banda británica, Jack Bruce, quien había dicho que algunos de los motivos que les llevaron a abandonar la fulgurante carrera del grupo seguían presentes, por lo menos hasta hace una década y que cada uno tiene nuevos proyectos por separado.
Así es que en aquellos años de los sesentas, la guitarra de Eric Clapton, el bajo de Jack Bruce y la batería de Ginger Baker marcaron un punto de inflexión, fue sin duda una banda legendaria que combinaba blues y rock. Fue considerada por la revista Rolling Stone como una de las cien mejores bandas de todos los tiempos.
Hablando del bajista, el músico ha explicado que los mismos puntos de tensión y los mismos problemas que llevaron a la separación de Cream en 1968, seguían latentes en aquel breve reencuentro de sus miembros. Aun cuando considera que ha aprendido a lidiar con los problemas y las discusiones de forma mucho más efectiva que como lo hacía en la década de los sesenta, lo cierto es que sus diferencias con el baterísta Ginger Baker siguen siendo las mismas. Al margen de este hecho, el bajista sentenció: Hay una nueva historia ahora. Cream se acabó. Cream se ha mitificado. Creo que con un montón de bandas de rock si estás sentado en una furgoneta o en un avión, habrá algún punto de desencuentro.
Por su parte, Ginger Baker, una de las grandes leyendas entre los bateristas de rock, es un individuo que marcó un antes y un después con su virtuosismo y sensibilidad a la hora de utilizar el instrumento de ritmo como mucho más que un acompañamiento. Él redefinió las reglas en una época única para la historia de la música popular. Así es que se podría decir que estuvo en el momento justo y el sitio preciso: Fue en 1962, cuando Charlie Watts decidió abandonar la banda de blues de Alexis Korner para enrolarse con los Rolling Stones. Baker le sustituyó y allí conoció al bajista Jack Bruce, con quien desarrollaría una muy particular relación de amor por la música y odio por la persona. Ya para 1966, Bruce y Baker eran considerados como la mejor sección de ritmo del blues y el rock and roll y a ellos se unió el mejor guitarrista, Eric Clapton, quien acababa de dejar una obra maestra junto a los Bluesbreakers de John Mayall. Ahí comenzó la aventura de Cream, el primer supergrupo de la historia de la música y probablemente el mejor. Fueron dos años alucinantes, en los que el trío llevó el blues-rock a niveles inigualables. Usaban las reglas del free-jazz, es decir, largas improvisaciones, deconstrucción de la base original de las canciones, simbiosis entre todos los miembros de la banda; para crear monumentos.
Baker, gran amante de Art Blakey y sus Jazz Messengers, reivindicó el papel del baterista, inclusive como solista, con intervenciones de largos minutos. Sin embargo, como hemos recalcado, aquello no duró porque Baker y Bruce no se soportaban. Lo siguiente fue otro supergrupo, Blind Faith, esta vez con Clapton y Steve Winwood.
Por su parte Clapton, el tercer miembro, una leyenda a quien no le alcanzó la mediación para evitar la muerte de Cream. Desde muy joven buscó consuelo en la guitarra y gracias a su inmenso talento llegó a adquirir en los clubs británicos un prestigio de proporciones casi míticas plasmado en la frase Clapton es Dios que sus más devotos seguidores escribían sobre los muros del metro londinense. La irrupción de Cream en la escena musical de los sesenta lo convirtió en una gran estrella a escala mundial. Su paso por bandas como Blind Faith o Derek and the Dominos sería igualmente breve, pero nos dejó algunas de las canciones más extraordinarias y duraderas de la época, entre ellas la inolvidable Layla. A finales de la década colaboró a menudo con Jimi Hendrix, Bob Dylan, los Rolling Stones o los Beatles, y en particular con su buen amigo George Harrison, de cuya mujer, Pattie Boyd, se enamoró en un arrebato pasional inicialmente no correspondido que lo llevaría a la desesperación y a la heroína.
Ahora bien, durante su efímera existencia, Fresh Cream fue el preludio de su álbum más brillante, producido por Felix Pappalardi, Disraeli Gears (1967), magistral LP con estupendos cortes de blues, rock, pop y psicodelia como Tales of Brave Ulysses, World Of Pain, Swlabr, Strange Brew o Sunshine of Your Love. No olvidemos también Wheels Of Fire (1968), un disco doble producido de nuevo por Pappalardi, quien alternó su faceta en estudio y en directo, retomaba una actuación celebrada en el Fillmore de San Francisco con canciones como Crossroads, versión de Robert Johnson, o Spoonful, composición de Willie Dixon quien cantó por primera vez Howlin’ Wolf.
Dentro de sus nuevas rolas, sobresalen dos grandes clásicos del trío como White Room y Politician. Hay que decir con todas las voces que el triunfo de la banda en ambos lados del Atlántico les llevó a protagonizar orgiásticas actuaciones en directo, en las que dentro de su espectacular interacción instrumental, destacaban los extensos solos de Clapton, convertido ya por esa época en un mítico de la guitarra. Cuando su fama estaba en lo más alto, el grupo se separó sorprendentemente el mismo año de la grabación de Wheels Of Fire, después de un concierto de despedida celebrado el 26 de noviembre en el Royal Albert Hall.
Fue el resultado del choque de egos entre los componentes del terceto y la incompatibilidad de caracteres, especialmente entre Jack Bruce y Ginger Baker. Más adelante, cuando Cream ya había dejado de existir, apareció su LP póstumo Goodbye, un disco en el que se encontraba el single Badge, escrito por Eric Clapton y George Harrison. Esta publicación alcanzó el número uno en listas, poniendo punto y final a una corta pero trascendental trayectoria musical. En el año 1993 ingresaron en el Rock And Roll Hall Of Fame, presentados por el grupo ZZ Top.
