El camino
La ciudad de los portales y cristales, siempre fue especial en mi infancia. Tus hijos, principalmente el menor era admiración y juegos increíbles. Te recuerdo como una figura a lado de mi tía Emi, la contadora de pambazos.
Una casa de gran altura y colores brillantes; un cuarto de T.V. constituido de tres sillones marrones y cómodos; una televisión de grandes dimensiones. Una consola de videojuegos. Un niño prende la play, interrumpe una voz: —Tú solo vienes a jugar a eso.—dijo él o recuerdo que dijo.
Ese verano fue difícil, sin querer te encontré a ti y a tu familia, con tu famosa canción del agua amarilla. Pasa tiempo, el espacio se come los momentos. Un viaje familiar, la ausencia de tú ya sabes quien, porque estaba en el hospital. ¿Será en ese momento que me diste tu total protección? Tres familiares llegan tarde por un trámite. Al regreso se abre una casa con sonidos de afecto de cinco chihuahuas.
Un crucero para año nuevo y un abrazo sincero. —Sonríe, saca la sonrisa colgate—. decías y decían tus cercanos. ¿Cómo se da el permiso para un beso en la mejilla? No tenga la certeza respuesta, pero la siento y la sigo sintiendo sin hacerlo. Una madrugada que quiebra todo, un inicio y un después en la vida de tres niños.
Misa de la nueve de la mañana o de la siete de tarde. Raides, idas por el jugo y mi primer desayuno para más de uno. Un viaje por el viejo mundo, un sin fin de anécdotas y el regreso, a donde fue tu origen. La tía la apoda al niño, ahora adolescente, el de Monterrey. Caminando por el pueblo —Pero tú ves a Manolo como un padre.— Me quede helado, ¿qué responder? No eres un remplazo, pero eres lo más parecido a lo que él solía ser.
En el viaje fotos individuales y fotos en conjuntos, intercambian roles. El tío Manolo, haz de volante, no salvaba en cada carretera complicada. Llegamos a Santiago, lugar donde finaliza el gran recorrido. Santiago es el camino. Tú eres parte de mi camino. Misma casa, en la entrada a ella: —¿Estás seguro de qué quieres gastar tu dinero en la escuela?— No dudaste en la elección de mi camino y sí, estoy seguro de que estoy en donde debo y quiero estar.
El cariño que te tengo no se expresa en un abrazo, la admiración con ningún detalle. Eres mi tío Manolo, un necaxista, aficionado a los toros, compañero de viajes, bromas graciosas y consejos profundos. Escribe un joven en una carta con lo ojos llenos de lágrimas alegres.

