La palabra
Era la hora justa, el tiempo que esperaba. En tiempos de reclusión domiciliaria iba a hablar sobre su tema favorito: La Palabra. Tenía dos noches en vela escogiendo las palabras que engalanaran a su palabra con la Palabra. Se acomodó la corbata de moño en la camisa de olanes que combinaba con su traje negro. Y antes de ir al estudio ensayó la voz, subió y bajó los tonos y llegó media hora antes. Lo saludaron el floor manager y los camarógrafos.
Ya estaba listo. Con la mano, después de recibir el chubasco de luz, el orador comenzó:
- La palabra.
Sucedió que un domingo bañado de sol, se escaparon sonrosadas hebras del puesto de algodón de azúcar y navegaron por el añil celeste. Aparentemente nada pasó, pero en la noche las hebras, ahora plateadas por la luz de la luna, retorciéndose en el aire formaron letras y éstas se hicieron palabras: AMOR, JUSTICIA, VALOR…
Las hebras que se enlazaban y soltaban y teniendo de testigo al negro mar de la noche, tornaron a realizar el milagro maravilloso de la sapiente creación.
En un espacio de siete segundos, que al staff le parecieron años, el orador tomó dos tragos del agua el cristalino vaso y prosiguió:
- En mi exordio, en una metáfora nuestra muy mexicana, recree un presunto nacer de la palabra, de ese milagro de la expresión, de la razonable y consciente comunicación, de lo que hace pensante al hombre, de su razón de ser, de la poesía vivencial.
Y es así, personas que me escuchan, porque gracias al milagro de la palabra estoy aquí, para expresar en ideas e imágenes que se convierten en palabras el numen, motivo y razón del humano existir.
La palabra es el verbo y como dice la Biblia, al principio fue el verbo y si en gramática, el verbo es acción, pasión, esencia y existencia… por principio, existimos, y somos, porque pensamos usando la más prístina manifestación del homo sapiens que es la palabra.
Desgraciadamente en estos tiempos que vivimos, la palabra bella, de tesis, va dejando su lugar a lo banal, vulgar y sin propia creación.
Es triste mirar a representantes populares sin argumentos ni emoción, a locutores televisivos ignorantes y con un pobre léxico. Y lo más triste, a nosotros, que en lugar de usar el galano arte de bien decir, utilizamos vulgares palabras igual lo aplico a sacerdotes, maestros y hasta aparentes líderes de opinión que no tienen, no cuentan con una fluida expresión oral.
Y esto lo aplico también a nuestra precaria escritura producto en gran medida, a la ausencia de lecturas.
Se ha creído falsamente que los libros van a desaparecer y que los aparatos…
De nuevo, suspendió la perorata y tomó agua.
- Decía: que según los aparatos tecnológicos superarán a la letra impresa y a la expresión oral. Creo lo contrario: la computadora, el internet, las tablets, y el ipad, cierto que son utilísimas herramientas, pero pienso que estas sirven para optimizar el desarrollo intelectual del hombre y por ello necesitan que quienes las manejen sean diestros pilotos de la nave. Para que nazca el ensueño debe haber neuronas de poesía. Para que la máquina sea eficaz auxiliar debe sabérsele sacar todo su jugo tecnológico.
Por lo dicho, impulsar la base intelectual por medio de la palabra es necesario diría imperativo, no queda de otra que darle primacía a la lectura, a la oratoria, a la poesía… (tomó un respiro y prosiguió):
En la palabra la vida vive, aviva el vivir, se vive totalmente la vida.
Con la palabra construimos castillos de diamantes o fustigamos coléricamente la injusticia… ¡ARAÑAR EL ARCANO O PISAR EL INFIERNO ES DICOTOMÍA TERRIBLE DE LA RAZÓN HECHA PALABRA!
Por lo dicho, excelente que expresemos, que hablemos, que digamos. Bien, muy bien si en el silencio nocturnal, vemos que unas hebras plateadas, algo escriben, algo quienes decir en el negro –celeste pizarrón–, pues la vida consciente ahí está. Malo sería que no captáramos, que no viéramos pasar la poesía que contiene la vida.
Es todo. Finalmente les expreso que con una ¡Viva! Muy nuestro y un sincero agradecimiento, premie su paciencia y su fina atención.
¡VIVA LA PALABRA!
¡Y GRACIAS, muchas gracias a todos ustedes!
Es todo ¡Corte! ¡Bien! El director de escena, sonriendo, aprobó.
En eso, vio el rostro entre angustiado y encabronado del jefe de cámaras.
- ¡¿Qué pasó?!
- ¡Qué el pendejo de Ramírez no encendió el master y no grabó nada!
- ¡Llamen al orador!
- ¡No grabaron!, de nievo, plis. Otra vez, todo, ¿plis? Al orador se le fue la sonrisa.
Y este colérico encarándose se llegó al director le espetó: usando la palabra: nada elegante:
- ¡¿Qué?! ¡ya no hago nada!
- Pero, como, si los patrocinadores…
- Fue improvisado, improvisando me tuve que inspirar y orita, no sé ni lo que dije. Y usando el otro lado de la palabra, el orador los fustigó: ¡bola de pendejos! ¡váyanse a la chingada! Y sobra decir, que lo que leyeron nunca se grabó.

