Crónicas de la pandemia – Llueve
La gente mira con tranquilidad la forma que toman las nubes en el cielo. Hace rato que el sol ha disminuido su fuerza y los truenos llegan desde la distancia con su amenaza clara. ¿Lloverá?
El ritmo de la ciudad se acelera. Los pasos resuenan en Los portales y la gente se prepara para la lluvia. El niño corre sin preocupación por el andador. La madre lo mira con ternura, pero en sus ojos se nota la preocupación por el clima. Una pareja se apoltrona en uno de los pilares y sonríe. La mujer de los panes camina anunciando su producto mientras en la tortería una pareja mayor platica, sin prisa, de lo que sucede.
No es tan fácil quitarse la costumbre de caminar sin rumbo. Un hombre de sombrero, con una gran bolsa en la mano, cruza la esquina con la esperanza de que no llueva. Otra mujer vestida de gala se apresura a llegar a la iglesia. Sus zapatos resbalan por un instante en las baldosas. Nada hay en el ambiente que diga que no va a llover, ni la tristeza que se aguarda entre la gente que esperará bajo el cobijo de Los portales a que pase la lluvia.
Dos muchachas pasan gritando su prisa. Una pareja les sigue con miradas de desaprobación por los gritos, pero en sus miradas se nota la diversión del momento. Un auto se para junto al vendedor de estropajos que trata de vender uno de sus productos. Un carrito de papas fritas pasa veloz rumbo a la siguiente esquina. Seguramente los inspectores del municipio están por la zona.
Los truenos siguen oyéndose entre los edificios. Una motocicleta se detiene en el semáforo. A pesar del escándalo, las niñas gritaron más fuerte para cruzar la calle. Entre todo el movimiento, un joven se detiene con su cigarrillo en la mano y el cubrebocas en el cuello.
Una agente de tránsito silba con fuerza para que el motociclista se mueva, pero el conductor no se da cuenta de la orden y se queda mirando el celular hasta que la oficial se acerca a él y le vuelve a silbar.
Y resulta que las gotas no son sorpresa para nadie. Una tras otra, las personas inician el movimiento para buscar cobijo. Sí, llueve, y la ciudad por momentos se detiene, lentamente, sin prisa, con el salir pausado de los paraguas que forman un paisaje colorido.

