Depredadores digitales

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Después de la pandemia empieza a llegar la calma, el inicio del periodo vacacional de verano marca una nueva etapa en la dinámica social que empieza a recuperar parcialmente su ritmo con la inmunización de la población y el tiempo disponible para el esparcimiento de niñas y niños, que, en función de un mayor tiempo disponible realizan diversas actividades según su edad de manera tradicional, por lo que una época como esta en ocasiones anteriores sería el espacio ideal para talleres y cursos de esparcimiento, visita a familiares y lugares especiales, así como, para adolescentes y jóvenes como la oportunidad para apoyar de manera remunerada con trabajos temporales en su medio.

Es así que, los veranos tradicionalmente se insertan como la etapa intermedia del año que permiten reorientar las actividades de todos los sectores para consolidar los resultados proyectados al inicio del año, y, en el ámbito escolar constituye el cambio de ciclo a partir del cual, tradicionalmente los entornos familiares tienen la oportunidad de convivir y socializar con su ambiente en función del tiempo disponible, hasta ahora, que el proceso de digitalización y la amplia información en torno a la difusión del virus han propiciado mecanismos híbridos que entrelazan la interacción virtual con los procesos cotidianos, es decir, se han modificado los patrones de convivencia a partir de las nuevas medidas sociales para evitar el incremento de contagios de un virus que todavía presenta diversas interrogantes y para ello la tecnología se ha vuelto un aliado para poder sobrellevar la nueva normalidad que está dando paso a la nueva realidad.

Si bien existe la expectativa de recuperar la normalidad o el tiempo perdido a través de la pandemia, los hábitos digitales ya forman parte de nuestra conducta, tal como se refleja en el marco de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2020 de INEGI, IFT y SCT, que estima una población de 84.1 millones de usuarios de internet, que representan 72.0% de la población de seis años o más, cifra que revela un aumento de 1.9 puntos porcentuales respecto a la registrada en 2019, que era de un 70.1%, es decir, si bien el aumento de la conectividad no pareciera significativo, dicha encuesta todavía se lleva a cabo conforme parámetros previamente medidos en la pandemia, por lo que ahora, resultará importante dar seguimiento a la calidad de la experiencia de los usuarios de internet, así como la tendencia de los hábitos que surgen a partir de la digitalización.

Adicionalmente, algunos de los datos que más destacan son los principales medios para la conexión de usuarios a internet, que en 2020 fueron celular inteligente o smartphone con 96.0%, computadora portátil con 33.7% y con televisor con acceso a internet 22.2 por ciento, datos que no únicamente son reveladores del aumento del uso del smartphone, sino por la disminución de los demás mecanismos para la conexión, como los equipos portátiles y las consolas de videojuegos, mientras que las televisiones inteligentes se mantienen con una cantidad similar.

Por otra parte, entre las principales actividades que realizan los usuarios de internet en 2020 están para comunicarse (93.8%), buscar información (91.0%) y acceder a redes sociales (89.0%). Cabe resaltar que la compra de productos o servicios presenta un crecimiento significativo de 5.6 puntos porcentuales en 2020 (27.7%) comparando con 2019 (22.1%). Por otro lado, las actividades que menos realizan los usuarios de internet, pero que presentan un cambio considerable en comparación a 2019 son: ventas en internet con un crecimiento de 2 puntos porcentuales (11.3% en 2020), utilizar servicios en la nube con un crecimiento de 2 puntos porcentuales (19.4% en 2019 y 21.4% en 2020) y operaciones bancarias en línea con un crecimiento de 4.9 puntos porcentuales (16.8% en 2019 y 21.7% en 2020). Sin embargo, parte de la información que otorga esta sección está precisamente al margen de los tres primeros lugares y es, precisamente en el cuarto, cuando aunque presenta un decremento, el apartado de entretenimiento se mantiene constante como parte de las principales actividades que se realizan en línea.

Sin embargo, este incremento de la digitalización y el entretenimiento en línea a partir de aplicaciones que se combinan con las redes sociales genera riesgos especiales en esta temporada para las y los menores de edad que tienen acceso a internet, en los cuales, a pesar de que se busquen las actividades normales para esta temporada, el exceso de tiempo y la disminución de la movilidad genera una tendencia especial para que las conexiones que se realicen en esta temporada se vinculen con aplicaciones de juegos en línea que no únicamente pretenden fidelizar y monetizar a través de la actividad de los usuarios, sino que también está generando nuevos mecanismos de interacción en el que, salvo que los padres tengan cuidado en la configuración de los controles parentales o en los dispositivos y comunicaciones que utilizan, son susceptibles de ser interceptados por depredadores digitales.

Recientemente en las historias de Twitter destaco una historia en la que una usuaria gamer cuenta sus experiencias de interacción social, notando la facilidad con la cual las jóvenes adolescentes, que hoy en día tienen experiencias como jugadoras en línea muy parecidas a las de los hombres, establecen relaciones de amistad o de amor virtual con otros usuarios en los cuales, es posible advertir la vinculación de adolescentes que rondan de los 12 a 17 años que interactúan con jóvenes de 25, 30, 35 años, por notar a los más jóvenes, interacciones que no cuentan con una barrera efectiva y que, cambian de manera radical la forma en la cual concebíamos a los depredadores como personas generalmente de edades avanzadas con afinidad por las personas menores de edad. Quiero puntualizar que, si bien es cierto que la diferencia de edad pudiera no resultar significativa, se trata de la etapa en que se encuentran niñas, niños y adolescentes las que les pone en riesgo de resultar perturbados frente a jóvenes y adultos que eventualmente no identifican su responsabilidad en dicha relación, y que, eventualmente les puede colocar de manera circunstancial en dicha situación.

En estos escenarios, se vuelve importante que en este periodo de esparcimiento padres e instituciones seamos cuidadosos y corresponsables con este entorno y los nuevos hábitos en línea a fin de comprender de manera cercana los nuevos retos de la digitalización, a la vez, que encontramos las medidas adecuadas para que la interacción social a través de estos medios no perturbe el libre desarrollo de la personalidad de niñas y niños, y para ello, se vuelve deseable la generación de una red basada principalmente en el entorno educativo que acompañe de manera permanente la formación de niñas, niños y adolescentes, permitiéndoles navegar de manera segura en el ciberespacio y dando la oportunidad de generar un espacio de confianza y denuncia frente a cualquier tipo de abuso que se presente ante la falta de medidas especiales de estos nuevos sucesos que no se habían previsto en escenarios previos, pero que ahora forman parte de las nuevas reglas de convivencia, para disfrutar el verano de manera segura. Hasta la próxima.