El noveno mandamiento

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La comadre fue la que le abrió el apetito:

  • Fíjense coma, que su compadre se pasa. Lo que de novios no lo mostraba, hoy de casados… parece un tigre. Crioque entre más años, más fiero está.

Y la verdad, siempre le gustó el compadre y él, por el chispeo de su morbosa mirada, como que ella no le era indiferente.

Y en su mente de dama católica se fue incubando una pecaminosa idea: pernoctar, estar, o como dicen los pelados de El Cóporo: coger con el compadre.

El mefistofélico plan de la comadre Luisa consistía en hacerse la encontradiza y así supo por su esposo –que por cierto atizaba el fuego, -ah el compadre ya se ligó a… que Isaías el compa comía con José Liho, el chinito que vendía chop sueys frente al Portal.

Viviendo ella en la segunda calle de Matamoros, el Portal era su hábitat natural y sabiendo la ruta del compadre, palacio de gobierno, Portal, Liho, comer y regrésate le calculó y fue hasta la tercera vez que se la encontró frente al Hotel San Carlos

  • Coma, ¿por dónde salió el sol?

  • ¡Que coincidencia!

  • Voy a comer… la invito, me dan dos horas de chance. Y fue cuando la coma Luisa se soltó:

  • ¿Y si mejor nos metemos aquí?  Y con los ojos le señaló el hotel.

La gente iba y venía, el compadre ya llevaba tres saludos y apenas repuesto ripostó:

  • Aquí nos vería todo Toluca, aquí a la vuelta ahí en Belisario Domínguez pasando la Concha Acústica está el Hotel Pasaje. Llego, me registro y me alcanza.

  • Ora

Y el compadre según se despidió y se registró como Gelasio Miraflor y se sentó en el vestíbulo con la llave del cuarto 7.

Y en cinco minutos, chapeada, rebosante, con la bolsa del mandado llegó la coma y buscaron su habitación. El soñoliento encargado siguió leyendo su Sol.

Con mano nerviosa el compadre abrió, ella entró y el frenesí inicial se transformó en sutil dulzura: no deben quedar huellas del ilícito… debe ser el crimen perfecto y así al parsimonioso desnudarse siguió el toque calenturiento, pero medido, el compadre fue palpando, con 39º de calentura, las rotundas redondeces de la madrina de bautizo de su primogénito y ella lo encendió con leves toques a su asta bandera. Y así, len-ta, su-a-ve mente, con deli-cia, fueron deshojando la rosa del placer. Apenas, como probar con la lengua una nieve de plátano y luego comerlo saboreándolo lentamente, como meter el dedo en un nidito de hormigas, a los dulces, tibios besos; luego probar sin lastimar: que no quede ni un araño y sin sentirlo, el binomio que ya era unidad, encima de las cobijas de la cama, navegaron por proceloso mar hasta que la introducción po-co a po-co, logró que la coma no pudiera tapar más, exhalara suaves deliquios guturales y así después de un enérgico muelleo, el compadre soltó la leche dadora de vida y placer.

Ahhh. Ambos descansaron viendo al cielo raso del cuarto. Él se levantó y encendió un Faritos y ahhh, aspiró.

  • Gracias

  • A usted.

  • De esto nada, cada quien su vida… tu si puede esta semana entre con mi compadre… usted sabe… ¿Quiere bañarse?

  • Llegando a la casa. Saldríamos mojados.

Se vistieron

  • Coma, salga usted primero… no olvide la canasta.

Al rato salió el compadre, vio la calle vacía y se dirigió a Palacio a su chamba.

¿Aquí no pasó nada? Un poco con Dios y la conciencia revuelta de la comadre Luisa que trató de paliarla yendo a confesarse al Ranchito con el padre Ricardo.

Se colocó detrás de la rejilla del confesionario. Rezó el Yo Pecador y luego el ministro de Dios le preguntó:

  • Dime tus pecados, hija.

  • Padre, primero una pregunta: Dice el noveno mandamiento No desearás la mujer de tu prójimo, pero, ¿no será también no desearás al hombre de tu prójima?

El padre tragó saliva y tal vez por eso y más cosas, el Catecismo del Padre Jerónimo Ripalda hoy esta actualizado.