ENTREVISTA A JOSE LUIS HERRERA ARCINIEGA autor, periodista y docente
Los insomnios habitan las tres de la mañana con todo y sus lenguajes, a mediodía elementos del mundo narrado se transforman en tinta, en línea, en párrafos.
Sucesos temporales con protagonistas y testigos, diálogos, estilos directos e indirectos, libres.
Tres y cuarto antes meridiano y José Luis en su acto libre de escribir, extiende sus letras con viento entre sus dedos. El humo en los labios de la narrativa es un mundo actual, el que habitamos como susurro lentamente o de manera azotada que con música, solos o acompañados, encontramos y colocamos los sentidos.
- ¿Cuál es tu palabra favorita?
- ¿Cómo te describes en dos adjetivos? Impaciente y azotado.
- ¿Cuál es tu tema de conversación predilecto? Música y literatura.
- ¿Prefieres leer ficción o no ficción? Es por temporadas, las combino.
- ¿Qué sobra o qué hace falta en el mundo? Sobran inseguridad y estupidez; hacen falta honestidad y lealtad.
- Actualmente hay un semillero de escritores, jóvenes creadores, escritores de amplias semblanzas y/o reconocimientos, importa que los lectores hablen de sus poesías ¿Cómo lograrlo? No hay recetas ni fórmulas, pero debe fortalecerse el vínculo entre educación y literatura, cuidando que leer no sea por obligación, sino lo que es: un acto de libertad.
- Quien lee se involucra con el mundo social. ¿Qué les dirías a los adultos lectores? ¿Y a los no lectores? A los primeros que sigan ejerciendo su libertad; a los segundos, que le quiten el moñito y el papel celofán a su cerebro y lo estrenen, libremente.
- ¿Cómo viviste tu infancia? Con las fragilidades del caso –demasiadas–, con cierta tendencia a una soledad forzada, pero siempre en movimiento. Diría mi madre: mis dos hijos varones nunca se aburrieron, nunca dejaban de inventar algo qué hacer.
- Cuéntanos ¿Cómo aprendiste a leer, cómo a escribir y cómo te descubres como autor? Son varias preguntas… No registro cómo empecé a leer y a escribir, pero como en la casa había libros, periódicos y revistas, fue un proceso natural establecer el contacto con la letra. A los seis años sufrí una grave crisis de salud que derivó en la pérdida de mi oído izquierdo; en la reclusión y convalecencia forzadas, además de ver series cómicas gringas en la televisión –la acabábamos de estrenar–, mi madre me leyó El gato con botas; es un decir, ella leía en voz alta y yo seguía lo que iba leyendo en el libro. A los siete años, leí el primer libro que me regaló mi padre: De la tierra a la luna. Alrededor de la luna, de Julio Verne. En cuanto autor, siento que soy perseverante, que sí ha habido evolución en mi escritura, que algunas páginas se salvan o salvarán –eso no lo sabe uno de fijo–, y que en lo que escribo pretendo que haya vida. Supongo.
- ¿Cómo es tu manera de ser y de vivir? Caótica, insomne inveterado, bajo permanente tensión, vulnerable por mis paranoias y digamos que efectivo cuando enfrento, cotidianamente, los problemas. Maniaco depresivo, usualmente en el límite, añorando un estado de tranquilidad y de contacto amoroso que quién sabe si lleguen. Nunca brillaré en sociedad…
- Comparte una experiencia en tu trayectoria como escritor qué haya transformado tu vida y cómo lo resuelves ahora. El haber formado parte de la primera generación de becarios del Centro Toluqueño de Escritores en 1983; mi intención ha sido darle continuidad a ese primer significativo paso y compromiso con la escritura.
- ¿Por qué razones escribes? Para entender el mundo o, al menos, mi mundo. Para explicármelo. Para dejar registro. Para exponer mis sueños, como el de la vonnegutiana república de dos. Veo la literatura como un medio para lograr el conocimiento y encontrar un poco el sentido de la existencia.
- ¿Qué ha sido tu éxito y como llegas a él? Éxito, uh… Tan inasible y discutible… La perseverancia: escribir para publicar y seguir haciéndolo; haber abierto mi horizonte profesional al concluir, tardíamente mis estudios de licenciatura, pero después hacer los de posgrado. Lo demás, quién sabe.
- Actualmente, ¿qué lees y qué escribes? Sobre todo y sí, por obligación, tengo que leer toda clase de textos académicos y literarios vinculados con los cursos que imparto en cuatro licenciaturas y una maestría en cuatro instituciones educativas diferentes. Cuando me escapo de lo obligatorio, regreso a mis favoritos: Kurt Vonnegut, Italo Calvino, Giovanni Guareschi, Juan Villoro, José Hierro, Juan Carlos Onetti… y literatura mexiquense. ¿Qué escribo? Siempre hay proyectos en curso, aunque con frecuencia procastino, sea por dispersión mental, por conflictos mentales o sentimentales o por exceso de trabajo… Alguna novela, colecciones de cuentos, estudios sobre la literatura mexiquense.
- Algo más que deseas agregar: Que me he pasado de la cuenta ceñido a mis divisas vitales: muertos, pero no cansados (La Celestina), Más vale vivir enfermo que morir sano (Dr. Césarman) y ¡Vivo doliente en mi infortunio, pero vivo! (Electra).

