Segundo día: Feliz, 2022.

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Es el segundo día de un año nuevo, hago una revisión de hace diez años para acá, de veinte o de treinta perdiendo la noción del tiempo y no tengo conciencia de ello.

Lo que tengo presente es del momento en el que he llegado, tengo cincuenta años, miro ésta que soy, en este instante, dándome cuenta de lo soñante que ha sido la vida.

Hay recuerdos que a veces están; surgen sin aviso, otros aparecen y en muchos momentos, dejan de existir.

Es el segundo día de otro año sintiéndome gratificada por todo lo vivido en esta llamada de existencia.

Aprendo a despreocuparme por todo lo que se tiene que hacer; el tiempo pasa dentro de cada uno, en tiempos designados. Cada cosa vivida, queda; queda en las fibras íntimas de nuestro ser, de personas, ese instante, ya no regresa y al mismo tiempo pasa a ser parte de los otros acuñado en las fibras íntimas de una esencia que nos distingue como seres únicos.

Este año me siento plenamente afortunada, tengo presentes todos los obsequios de la vida, sinsabores, sabores fuertes o espléndidas experiencias; nos convertimos en un cúmulo de vivencias con los otros.

Lo importante ahora es qué hago con todo esto que he pasado en la vida. Creo que nada, el pasado dejó de ser y su herencia es: qué hago con ello; ser sabio es una palabra cósmica, difícil de alcanzar, pero no imposible.

Sabernos vivos es el privilegio más grande que los seres humanos tenemos; no es fácil de entenderlo.

Estoy agradecida de ser escribana de la vida, de borronear lo que millones podrían  decir desde un mundo interior, único. Este año quiero aprender más de lo que está ahí, en algún lugar del universo, lo quiero para mí; esos son mis regalos de vida; la vida surgida en los instantes, con los otros, en los otros, para mí.

Mis queridos lectores, nuevamente, Feliz Año Nuevo.