LAS DUNAS DEL CANTO

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LAS DUNAS DEL CANTO

Alda Merini

 

 

 

➡️ Por Ale Pastore

 

 

Adentrarse en la poética de Alda Merini es habitar un mundo entre la realidad y la ficción. Sin embargo, su inclinación literaria, fue quien le dio las herramientas para mantenerse de una manera menos dañina. No sólo vemos en su mirada atormentada un universo complejo, sino que también, nos acerca a lo que gradualmente deviene de su pensamiento y nos cautiva. Siempre nos maravilla con los métodos que utiliza a la hora de recrear imágenes, entre metáforas, símbolos, ironía, misterio y lucidez; dentro de su tan cuestionable lucidez, y es que ella se sabía observada y juzgada: Desde el alto muro que circunda el manicomio, un loco que trata de escapar ve la agitación en la calle y pregunta a un transeúnte: “¿Cuántos son ustedes en su manicomio?”. Alda Merini se presenta con voz propia, acompañada de un receptor a quien dirige su obra, ya sea un amante, un amigo, un sacerdote, un poeta, una enfermera, personajes que siempre están delante, como observándola, y con quienes ella habla a través de su yo poético. Poeta imprescindible, en lo absoluto de sus obras existen reflexiones profundas en torno a la vida, porque su poesía es verdad y sensatez, y sólo basta sea suya para ahondar y darnos la razón.

 

 

 

 

 

 

 

POEMAS DE AUTOR

 

Traducciones de Jeanette L. Clariond

 

 

 

 

Los versos son polvo sellado

de un tormento mío de amor,

pero afuera el aire es preciso,

cambiante y dulce y el sol

te habla de caras promesas,

así, cuando escribo

inclina la cabeza hacia el polvo

y anhelo el viento, el sol,

y mi piel de mujer

contra la piel de un hombre.

 

 

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Yo era un ave

de blanco suave vientre,

alguien cortó mi garganta

para luego reír,

no sé.

Era un gran albatros

y revoloteaba sobre el mar.

Alguien detuvo mi viaje

sin caridad ninguna de sonido.

Y aun tendida sobre la tierra

canto ahora para ti

mis canciones de amor.

 

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LAS DUNAS DEL CANTO

 

 

Las dunas del canto se han cerrado,

¡oh maldita magia del universo,

que todo puede sobre una blanda esfera!

No vengas por lo tanto a mi pasado,

no abrirás deltas vertiginosos,

llagas latentes, accesos

a las escalinatas que móviles se abren

sobre la balaustrada del declive,

quédate, quizá podrías ser el Orfeo

que de nuevo viene a rescatarme de la nada,

quédate, valiente y sumo caballero,

yo padezco la luz, en las sombras

soy reina pero afuera en el mundo

podría estar muerta y tú sabes

qué confusión me prende de lleno

cuando veo un árbol seguro.

 

 

___________

 

 

Manicomio es palabra mucho más grande

que las oscuras vorágine del sueño,

aún así volvía alguna vez a un tiempo

brizna de azul o lejana

canción de ruiseñor o se abría

tu boca mordiendo en el azul

el feroz engaño de la vida.

Impía, una mano de enfermo

lenta ascendía hacia tu ventana

silabeando tu nombre y, finalmente

ya borrado el número inmundo, entera hallabas

la seriedad de tu vida.

 

 

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¡AH, SI AL MENOS PUDIERA…

 

 

¡Ah, si al menos pudiera,

suscitar el amor

como una cuesta segura hacia mi destino!

¡Y apoyar el denso

hálito sobre las hojas

y arrebatar el sentido a la naturaleza!

O si sólo pudiera

tocar con dedos trémulos la luz,

ésa que valiente florece en nuestro seno,

cuerpo astral de nuestro solitario vivir

aunque permanezca piedra, principio, ribera

tangible a los dioses…

y violar los más cerrados paraísos

tan sólo con la sustancia del afecto.

 

 

____________

 

 

Pensamiento, yo no tengo más palabras.

Pero ¿tú qué eres en sustancia?

Algo que a veces llora,

y a veces da luz.

Pensamiento ¿dónde tienes las raíces?

¿En mi alma loca

o en mi regazo destruido?

Eres tan valiente, voraz,

consumes cada distancia;

dime para que yo me retuerza

como ya hizo Orfeo

mirando a su Eurídice,

y de este modo pueda perderte

en el antro de la locura.

 

 

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SOY UNA MUJER

 

a Salvatore Quasimodo

 

Soy una mujer que desespera

que no encuentra paz nunca en ningún lugar,

a la que la gente desprecia, a la que los paseantes

miran con despecho y con furor;

soy un alma colgando de una cruz

pisoteada, burlada, escupida:

me han quedado sólo los ojos

que yo elevo al cielo a Ti gritando:

¡quítame del regazo cada suspiro!

 

 

Alda de joven

 

 

 

 

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Alda Merini (1931-2009) fue una de las figuras claves de la poesía italiana del siglo XX. Empezó a escribir a una edad muy temprana y debutó con el poemario La presenza di Orfeo (1953), pocos años después de que se manifestasen en ella los primeros síntomas de enfermedad mental. Tuvo una carrera prolífica que quedó marcada por las experiencias en los hospitales psiquiátricos en los que estuvo ingresada largos períodos. Durante su vida vivió en la marginalidad. Recibió diferentes reconocimientos y obtuvo la admiración de los lectores y la crítica italiana. Entre sus libros destacan La Tierra Santa (1984, premio Libex Montale), La otra verdad (1986), Baladas no pagadas (1995), Clínica del abandono (2003) o Delirio amoroso (2011).