El Mundial como Máscara 2, política, propaganda y memoria en Argentina 1978

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El fútbol es político, y quien diga que no, pues no tengo mejor forma que presentar un caso, una verdad incómoda que se dio en el Mundial de 1978 en Argentina, uno de los ejemplos más paradigmáticos y perturbadores. Lejos de ser un mero evento deportivo, aquel campeonato se convirtió en el escenario donde una dictadura militar intentó escenificar su legitimidad, donde el placer popular fue instrumentalizado como herramienta de dominación, y donde los afiches, los papelitos y los goles se transformaron en piezas de un complejo entramado de propaganda y terror.

 

Como estudiante de filosofía, no puedo evitar preguntarme: ¿qué significa que un régimen que secuestraba, torturaba y desaparecía a sus ciudadanos se apropiara de la alegría colectiva? ¿Cómo entender la ambivalencia moral de un pueblo que celebraba mientras a once cuadras del estadio Monumental, en la ESMA, se perpetraban los crímenes más atroces? Y hoy, ¿qué significa que un organismo como la FIFA entregue un Premio de la Paz a Donald Trump mientras el fútbol financia infraestructura en Israel y el mundo arde?

 

En esta columna regreso al mismo tema, sí, que no es sobre fútbol, sino de la estructura, los bordes y columnas que forman y constituyen el fútbol contemporáneo. Para esto a través de historia retomaremos la copa mundial que se dio en 1978, que tuvo hogar en Argentina.

 

La Junta Militar y la Necesidad de una Vitrina

Para comprender la dimensión política del Mundial ’78, es crucial situarlo en su contexto histórico. El 24 de marzo de 1976, un golpe de Estado encabezado por Jorge Rafael Videla derrocó al gobierno constitucional de Isabel Perón, instaurando un régimen que se caracterizaría por la represión sistemática y el terrorismo de Estado. La dictadura se presentó a sí misma como la salvadora de una nación al borde del caos, pero su verdadera naturaleza era la de un proyecto de aniquilación de la disidencia política . Para 1978, la Junta Militar enfrentaba un problema de legitimidad, el aislamiento internacional crecía, las denuncias por violaciones a los derechos humanos se multiplicaban y el descontento interno era palpable. Fue entonces cuando el Mundial, se convirtió en una oportunidad dorada de propaganda. Como señala un estudio académico, los dictadores militares solían decir Yo soy el pueblo, y el Mundial sería la herramienta para demostrar esa fusión forzada entre el régimen y la ciudadanía .

En 1973, Juan Riera diseñó la marca representativa que circuló internacionalmente. Fundación IDA.

 

El Mundial se concibió como una máscara. La celebración en los estadios, la lluvia de papelitos y el grito compartido ocultarían el horror que se vivía fuera de ellos. Once cuadras separaban el Monumental de la ESMA, el centro de tortura más emblemático de la dictadura. Esta geografía del horror y la fiesta no fue casual: simbolizaba la lógica misma del régimen, que buscaba presentar una imagen de normalidad mientras ejercía la violencia más extrema. Los carteles del Mundial ’78 son documentos visuales que merecen un análisis detenido, pues lejos de ser inocentes piezas promocionales, son artefactos de propaganda que construyen una imagen idealizada de Argentina. Por ejemplo, la oposición internacional, consciente de la situación, produjo sus propios carteles. Un póster de la Juventude Socialista de Brasil llevaba el título Argentina mundial 78: o campeonato num pais prisao (el campeonato en un país prisión) . Otro, del artista alemán Klaus Staeck, mostraba a un soldado y calificaba a Argentina de Folterrepublik (república de la tortura).

 

El diseño de Riera intervenido en el exilio en denuncia del régimen militar. The Library of Congress EEUU.

CBA Afiche «Pas de football entre les camps de concentration». 1978. Realizado por J. F. Betallier Typofset.

 

COBA Mutualité Boicot del Mundial de Fútbol de 1978. París (Francia). Autor de imagen no especificado. (traducción del afiche: COBA – Comité pour le Boycott de l’Organisation par l’Argentine de la Coupe du Monde de Football. Boicot contra la dictadura argentina. 2 de mayo de 1978 en Mutualité. Debate sobre la situación en Argentina. Cantantes argentinos y latinoamericanos. Películas. Solidaridad con el pueblo argentino.) Derecho de uso: Memoria Abierta (Fondo AIDA) Donación Liliana Andreone

 

Estos carteles alternativos revelan que el Mundial fue también un campo de batalla simbólico a nivel global. Mientras la dictadura intentaba vender una imagen de país moderno y alegre, los movimientos sociales y políticos del mundo denunciaban la farsa. El fútbol, en este sentido, se convirtió en un territorio en disputa, donde las imágenes luchaban por definir la realidad argentina.

 

El Partido oscuro, Argentina 6 – Perú 0

Para esto traigo un caso peculiar, y que presiento se desconoce mucho (una de las cualidades del poder que opera en intersticios) y es que ningún episodio del Mundial ’78 ha sido tan debatido como la victoria de Argentina por 6-0 sobre Perú en la segunda fase. El resultado, que permitió a la selección argentina clasificarse para la final por encima de Brasil, ha sido objeto de sospechas durante décadas, la narrativa oficial sostiene que fue una gran actuación deportiva; sin embargo, la evidencia histórica sugiere lo contrario.

 

La necesidad de un triunfo por cuatro goles de diferencia colocó a Argentina en una situación límite. El régimen de Videla, que había invertido ingentes recursos en el Mundial, no podía permitirse el fracaso. Como señala el historiador Raanan Rein, el partido fue arreglado con la colaboración de al menos un gobierno extranjero. La Operación Cóndor, el plan de coordinación represiva entre las dictaduras sudamericanas con apoyo de la CIA, proporcionó el marco para este acuerdo.

 

Las teorías sobre el arreglo son múltiples y convergentes, aunque una de las más documentadas involucra un intercambio entre las dictaduras de Videla y la peruana de Francisco Morales Bermúdez. Según el ex senador peruano Genaro Ledesma, Perú envió a 13 prisioneros políticos a Argentina para ser desaparecidos, y a cambio, su selección permitió la goleada. Otra versión apunta a la entrega de 35.000 toneladas de trigo y la descongelación de créditos por 50 millones de dólares.

El propio delantero argentino Leopoldo Jacinto Luque, en 2008, admitió la posibilidad del arreglo: No sé, honestamente. Pero Videla hizo muchas cosas malas, mucho peores que sobornar, así que…«. La declaración de Luque es reveladora porque incluso los jugadores, los héroes de la epopeya, vivían con la sombra de la duda. El portero peruano, el argentino Ramón Quiroga, encajó seis goles en su Rosario natal, una ironía que la historia no ha pasado por alto.

 

La FIFA, lejos de investigar, optó por la inacción. Como señala un análisis de la Open University, en 1978, ‘no hacer nada’ fue ciertamente el principal enfoque de la FIFA . Esta complicidad por omisión revela la naturaleza política de un organismo que se proclama neutral. La FIFA entendió que su negocio era el espectáculo, no la justicia, y prefirió mirar hacia otro lado.

La pregunta sobre cuánto sabían los jugadores de la dictadura ha sido motivo de debate. Algunos sostienen que el equipo vivía en una burbuja, aislado de la realidad, otros, sin embargo, ofrecen testimonios que desmienten esta inocencia. El arquero holandés Jan Jongbloed, cuyo país fue uno de los que más presionó para que el Mundial no se realizara en Argentina, afirmó: Sabíamos que había una dictadura. Éramos personas normales, escuchábamos la radio, veíamos la televisión y en ese momento había una protesta, una campaña en Holanda, sobre este tema. Jongbloed confesó que su participación en el Mundial estuvo marcada por la conciencia política, su padre era comunista y él estaba al tanto de lo que ocurría. Sin embargo, como muchos, priorizó su carrera y su sustento familiar sobre el activismo. Esta ambivalencia moral es un tema recurrente en el análisis del Mundial ’78. Incluso dentro del plantel argentino hubo gestos de rebeldía. Alberto Tarantini, lateral izquierdo, afirmó haber insultado a la Junta Militar tras marcar un gol contra Perú: ¡Váyanse a la mierda, pueden morirse todos, hijos de puta!

 

El saludo de Tarantini a Videla, en el que supuestamente se tocó los testículos antes de estrecharle la mano, se ha convertido en una anécdota que simboliza la tensión entre la celebración y el rechazo. Aunque algunos compañeros niegan la versión, Tarantini la ha defendido como un acto de desprecio hacia el dictador. Estas pequeñas fisuras en el relato oficial muestran que el Mundial no fue unánimemente aceptado por los actores que participaron en él.

 

Los Papelitos y la Memoria Colectiva

Uno de los símbolos más perdurables del Mundial ’78 son los papelitos que cubrían el césped del Monumental en la final. Millones de trozos de papel blanco y celeste caían desde las tribunas, creando una estampa de fiesta y unidad. Sin embargo, incluso este gesto, aparentemente inocente, está teñido de política. Una leyenda urbana, difundida por el periódico The Guardian en 2018, afirmaba que los postes de las porterías habían sido pintados de negro en honor a los desaparecidos. La historia, contada por un supuesto camarero que trabajó en el comité organizador, resultó ser falsa, la investigación mostró que los postes negros eran una tradición previa al Mundial. Pero el hecho de que la leyenda haya sido creída y difundida por medios de todo el mundo revela la necesidad de encontrar símbolos de resistencia en medio de la propaganda oficial. La memoria del Mundial ’78 sigue siendo un campo de batalla. Para la dictadura, fue el mayor éxito propagandístico; para los movimientos de derechos humanos, una farsa sangrienta. Para muchos argentinos, fue una experiencia ambivalente, por un lado el orgullo por el triunfo y el placer del fútbol y por otro la mezcla con la vergüenza y el dolor. Como señala un estudio académico, el Mundial ’78 plantea una ambivalencia moral que continúa generando debates sobre lo correcto y lo incorrecto en la historia argentina .

 

El Mundial de 1978 en Argentina es un caso de estudio extraordinario sobre la intersección entre deporte y política, por suerte además existe mucha información y multimedia sobre esto. Demuestra, con una claridad abrumadora, que el fútbol no es un espacio neutral, sino un campo de batalla simbólico donde se negocian identidades, se construyen legitimidades y se ejercen formas de poder.  La dictadura de Videla comprendió esto a la perfección y utilizó el Mundial como una gigantesca operación de propaganda.

La FIFA, por su parte, optó por la complicidad pasiva (ahora, activa). Su alegada neutralidad fue, en realidad, una postura política que priorizó sus intereses comerciales sobre la defensa de los derechos humanos. El Mundial se celebró, el espectáculo continuó y los crímenes del régimen quedaron, por un momento, en un segundo plano. Pero, la memoria es un campo de resistencia, los afiches de la oposición, los testimonios de los jugadores, las sospechas sobre el partido con Perú y las leyendas urbanas sobre los postes negros son todas formas de recordar que el Mundial no fue solo una fiesta. Fue también una máscara, y como toda máscara, ocultaba un rostro de horror.

 

Hoy, cuando el fútbol sigue siendo utilizado por gobiernos y corporaciones como herramienta de soft power, el ejemplo de Argentina 1978 nos recuerda que el placer y la política están irremediablemente entrelazados. Celebrar el fútbol no es incompatible con criticar sus usos espurios. Al contrario, es una condición necesaria para que el deporte no se convierta en cómplice de la opresión. El Mundial ’78 nos dejó una lección imborrable: el fútbol, como la vida, es político. Quien diga lo contrario, que siga mirando para otro lado.

 

Breves referencias

Whelner, M. (2010). When worlds collide: Soccer vs. politics. CNN https://edition.cnn.com/2010/SPORT/football/05/17/worldcup.geo.ten/index.html

 

Verruga, M. La campana peruana de la goleada https://papelitos.com.ar/nota/el-6-a-0-a-peru

Esta página: “Papelitos, 78 historias sobre un mundial en la dictadura” dictadura» es un proyecto interactivo desarrollado por Memoria Abierta (una red de organismos de derechos humanos) que recupera 78 testimonios, discursos y análisis sobre la Copa del Mundo organizada por el régimen cívico-militar en Argentina, revísenla!

link: https://papelitos.com.ar/nota/quienes-somos

 

Sports Illustrated. «World Cup Countdown: 10 Weeks to Go – The World Cries Foul as Peru Crumble Against Argentina in 1978.» 12 de abril de 2018.

 

CBC Sports. (2013). «Soccer historians tell FIFA 1934, 1978 World Cups were suspicious.»

 

Santos, R. (2018). El boicot al Mundial de 1978. PrensaObrera. https://prensaobrera.com/aniversarios/el-boicot-al-mundial-de-1978