Álbum
Me han llamado
Llanto eterno
y yo me nombré
Queja infame
sin cuerpo,
con hambre.
Nunca podría
herir a nadie.
Se duelen de mí
antes de la herida
y luego me culpan
a dentelladas.
He aprendido a
no necesitarlos
ni a necesitarme;
a prescindir de nadie.
Mi cueva
es profunda y hosca.
No venga el más afable
Amor pordiosero
que me dejó
vagando en el aire.
Este dolor
cobija errores
de otros tiempos,
calamidades.
Y no los cuento
porque profieren
silenciosa maldición
de gente amable.
Descarte.
Quiebre.
Corte.
Escarmiento
del cobarde.
Todas esas fotos
se han tomado
para mí,
Ojo que no ve,
pero arde.
De la Serie …Y otros poemas sobre el perdón
Marlú V, México, 2022.

