¿Qué te cuento?

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Martes

Y aquí estoy, sentada en mi silla de madera, viendo la pantalla de la computadora, una hoja en blanco, por así decirlo, pensando en la siguiente historia que quiero contar, pero que no sé cómo empezar, típico. Me ha llegado un mensaje, respondo y me levanto de la silla, salgo de mi recámara, voy por un poco de agua. Me acuesto un rato en el sillón de la sala y pienso en todo el papeleo que tengo que entregar, se me agota el tiempo. Respiro profundo, me levanto, de nuevo estoy frente a la computadora, retomo mi plan de trabajo que es para mañana, llega otro mensaje, respondo, me rio y comienzo a revisar las redes sociales, veo un par de videos, pasa una hora, me levanto de la silla otra vez y reviso unos documentos, escribo un poco en mi plan de trabajo, me da hambre, me dirijo a la cocina y preparo algo, veo una película, ¡por Dios, ya apúrate! – me digo a mi misma. Tengo sueño, reniego de todo, pero sigo, no paro de escribir, no mi historia, más bien el bonche de cosas que tenía que haber empezado hace una semana, pero pospuse. Dos horas después, termino. Son las 11:00 pm, necesito dormir, la hoja de mi historia se quedó en blanco.

 

Miércoles

En el trabajo:

Alumno 1: maestra, no sabía que Beethoven era alemán.

Maestra: ¡ah!, ¿ves cómo cada día se aprende, aunque sea, algo?

Alumno 2: Beethoven es un perro.

(risas, carcajadas, pataleos, gritos desenfrenados, adolescencia a su máximo esplendor)

Alumno 1: ¡cállate wey!, deja que la maestra dé su clase.

Río un poco, es la cosa más emocionante que pasa en el día. Saliendo del trabajo me dirijo al banco, pagos y más pagos. Tengo sed, este cubreboca ya me tiene hasta la madre. Me siento en el jardín del pueblo, mucha gente haciendo nada. Compro un par de cosas, miro algún aparador, veo caras familiares, saludo, manejo de regreso a casa, en el camino todo está en slow motion, ya me hartó este pueblo. Ya es miércoles y tengo que escribir mi historia, se adelantó el día de entrega por aquello de las fiestas patrias. Llego, saco las cosas que traigo en el carro, lavo los trastes, preparo unos chilaquiles, muero de hambre, termino y veo una serie, ¡las cuatro!, en chinga voy a mi recamara y me siento dispuesta a escribir mi historia, ya tengo un par de ideas, pero está a punto de llover, descuelgo la ropa de los tendederos, ya,  ahora sí, comienzo a escribir, pero borro varias veces lo que tenía en mente, después escribo algo que más bien se asemeja a un diario, algo que tiene que ver con el día a día, lo que se deja de hacer, la dificultad a la que nos enfrentamos cuando las cosas no cuadran, cuando sientes que te falta algo, o cuando simplemente no funcionan, cuando la mente está cansada. Tal vez así tenga que ser, a veces se tiene que contar la historia de alguien más, a veces es la propia, aunque parezca monótona, ridícula o irrisoria.

Jueves

Despierto temprano, cuando se supone debería seguir durmiendo; es día de asueto, comparto el enlace de mi colaboración, tomo café en la cama, veo por la ventana cómo está el clima. Tú, terminas de leer este pasaje, claro, si es que decidiste quedarte a terminarlo, gracias por leerme, te contaré otra cosa el siguiente viernes, lo prometo. Salgo a caminar un rato, es bueno regresar a la montaña, respirar aire fresco después del caos de la vida.