APOCALIPSIS NOW

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La unión es la correspondencia entre objetos, personas, animales, la correspondencia de dos o más de lo que sea, para cumplir algún objetivo, por más mínimo, diminuto o grande e inmenso que pueda ser. Muchas veces no lo tenemos en el consciente, pero sin duda, en el inconsciente siempre va encontrar lugar.

Cuando la unión, la fusión, la concordia, el encadenamiento, se realiza, uno cree que es para siempre, o por lo menos eso es lo que desea, siempre y cuando la unión sea por decisiones propias y no impuestas, porque estas últimas, las hay, y miles. Y es ahí donde deja de ser unión para convertirse en ruptura, la que nos deja presos y nos arrebata la libertad, la libertad que es lo más preciado que puede obtener, sostener, y con ello vivir cualquier tipo de ser que ocupa espacio en este planeta llamado Tierra.

Ahora nos podemos preguntar, ¿por qué una ruptura nos deja presos? Las rupturas por cauce natural se dan cuando la unión no está funcionando, dos cuerpos inversos, no pueden convivir juntos de ninguna manera sana, es mejor dejarlos ir, cada uno por su camino.

Tenemos siempre la tendencia desmedida de sobre esforzarnos para evitar las rupturas, para evitar el romper algo, de una u otra manera, pero lo hacemos, lo cuál casi siempre atenta contra nuestra salud emocional y muchas veces física también.

¿Por qué no nos atrevemos a soltar? A dejar que las cosas se rompan, a aceptar esa ruptura a la que tanto le huimos por temor a la pérdida constante que acecha nuestras vidas, nuestros corazones, pero sobre todo nuestras mentes.

Dejemos que las cosas se rompan, se partan, se separen, no importa el dolor que eso conlleve, porque recordemos, que después de un día de tormentas, viene un día de sol y luz plena, aunque ante nuestros ojos solo veamos oscuridad temporal, depende sólo de nosotros cuánto dure.

Dejemos de esforzarnos por mantener las uniones, por mantener las cosas pegadas, las relaciones forzadas, dejemos de nadar contra la corriente, cuando podemos dejarnos llevar por la marea, sea alta o sea baja, pero marea al fin, curso natural del mar libre con su peculiar facultad de la naturalidad, de fluir, por donde la vida lo lleve o los vientos le soplen.

Dejemos que las personas se enojen, dejemos que los animales lloren por simple engreimiento, o que los hijos hagan berrinche sin correr detrás de ellos para darles cariño y finalmente ceder a sus caprichos, los cuáles al final no los llevarán por los caminos sanos que ellos merecen para ser felices y sobre todo ser empáticos.

Dejemos que nos critiquen, no hay persona en el mundo que no se haya equivocado una vez en su vida, con haber ocurrido una vez basta, para que pierda el derecho de criticar y juzgar al resto. Está bien observar, sacar conclusiones, aprender inclusive de la experiencia ajena, pero criticar creo que está demás. Y si finalmente nos critican, porque es la ley diría que universal, será su problema, nosotros sólo somos responsables de nuestras propias reacciones, las del resto, nos deben importar nada, con el perdón del francés, al carajo con eso.

Dejemos que lo que se tenga que ir se vaya, no vivamos en la constante lucha de gladiadores versus nuestro refugio, nunca le vamos a poder ganar, es el ganador eterno, pero siempre recordemos que nadie se ha perdido por el camino, todos finalmente logramos encontrar un refugio, refugio llamado destino.

Dejemos de hacer demasiados esfuerzos en vano, cuando algo se fuerza, definitivamente no vale la pena, ir contra la ley del universo, de la unión natural y consciente, es transgredir la naturaleza del mundo donde nacimos, ese mundo en donde nuestro latido se cansará llegado el momento, exclamando un adiós definitivo al derecho a la vida que se nos otorgó.

Dejemos de posponer temas que nos atan, las ataduras no son las mejores amigas del hombre, nacimos libres, no atados con grilletes en una celda oscura y fría.

Dejemos de huir de nuestros miedos, ellos son nuestros enemigos mortales, porque no nos dejan avanzar, es natural tenerlos sí, pero a su vez es natural vencerlos, total, para eso estamos ocupando oxígeno en este mundo.

Dejemos que las hojas secas se caigan, se rompan, se arranquen solas, es su curso natural, porque después de eso viene el florecimiento. No podemos ir contra la naturaleza, ella es parte de nosotros, nosotros no somos dueños de ella ni tenemos control sobre su comportamiento.

Dejemos que todo se derrumbe, que se desate el Apocalipsis si es necesario, no nos preocupemos tanto, seamos responsables sí, pero no llenemos nuestra mente de pensamientos tóxicos y no activemos la lavadora del pensamiento con el ¿por qué?. No nos preocupemos por el después, vivamos primero el hoy.

Dejemos que se vaya, que se vayan, que no vuelvan, lo que se va o los que se van, siempre dejarán espacio para algo nuevo, y siempre habrá un mañana, un después, un posteriormente, un tan usado y tan lleno de incertidumbres que lo hacen mágico, llamado futuro. No retengamos lo que tenemos que dejar ir, si logramos eso que no es fácil, lograremos liberarnos de nuestro peor enemigo, las tormentosas, desgarradoras y asesinas, llamadas culpas.