Dos libros en vida urbana de Toluca

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Para comprender los antecedentes del Paseo Tollocan, es necesario tomar en cuenta dos libros como obligada tarea de investigación y lectura, para así comprender la importancia de esta avenida —hoy excelente autopista— que viene de oriente a occidente para aterrizar en Toluca o que parte del Monumento a la Bandera para ir al oriente del centro de nuestra patria. Dicho monumento es otra obra relevante por su belleza que fuera inaugurado durante el gobierno del presidente de la República General Manuel Ávila Camacho y siendo gobernador Wenceslao Labra, la cita de Wikipedia dice: Toluca la Bella / El monumento a la Bandera de México, es una torre con espejos de agua, diseñada por Armodio del Valle Arizpe, y las esculturas que están en su base, son obras del artista Luis Albarrán Pliego, las cuales representan una familia amparada por el símbolo tricolor. /Este monumento fue inaugurado por el presidente Manuel Ávila Camacho, y sirvió para iluminar la entrada oriente a Toluca, por la carretera México-Toluca. Se ubica en la avenida Miguel Hidalgo, casi al entrar con la avenida José María Morelos, muy cerca del Panteón General de Toluca. Desde hace 83 años es uno de los símbolos escultóricos más importantes de la capital mexiquense. Comprender la presencia del Arco ubicado en terrenos de San Mateo Atenco para llegar por el oriente al Monumento a la Bandera representa el desarrollo de todo lo humano en urbanización y cultura en general que hace grande a Toluca.

De los textos referidos cito en primer lugar: El Paseo Colón de Toluca, escrito por Alfonso Sánchez García, primera edición de 1981 publicada por el H. Ayuntamiento de Toluca: es de citar, que en ese año fue designado Cronista Municipal por el Cabildo el profesor Mosquito, quien nos deja en el lapso de 16 años como cronista una estela de libros, que le confieren el título de ejemplar Cronista en la entidad junto a Ricardo Poery Cervantes, de Naucalpan; Alfredo Fragoso Castañares, de Cuautitlán el viejo; Isaac Velázquez Morales, de Santiago Tianguistenco; Jesús Imof Cabrera, de San Felipe del Progreso; Margarita Loera Chávez y Peniche, de Calimaya; José Luis Alanís Boyso, de Tepetlixpa; Pedro Gutiérrez Arzaluz, de Ocoyoacac e Ignacio González Polo de Polotitlán.

Época de oro en campo de la crónica mexiquense, que fuera promovida con entusiasmo y visión por don Mario Colín Sánchez desde inicios de la década de los ochenta en el pasado siglo, cuando fue director de Patrimonio Cultural por el Gobierno del Estado de México.

El citado libro del cronista municipal, es antecedente de estudio para comprender mejor la importancia del Paseo Tollocan. Por su contemporaneidad el texto fue reeditado en el año de 1992. De su admirable escrito leo sus palabras de, Presentación, cuenta don Poncho: Para los toluqueños de siempre —abuelos, padres, nosotros mismos y nuestros hijos— uno de los recreos dominicales predilectos es, desde hace cien años, recorrer el vasto espacio arbolado del Paseo Colón, ese antiguo camino a Capultitlán que un gobierno plácido y devoto de la naturaleza transformó en calzada para solaz del vecindario. José Vicente Villada dispuso, en vísperas de que se cumpliera el cuarto de siglo del primer encuentro de dos culturas, que fuera iniciada esta obra hoy también centenaria.

Imposible no admirar la prosa y genio de escritor que ennoblece la crónica de Toluca en todo momento por el profesor Mosquito, dice, por ejemplo: águila, sol… y sombra / La movida historia de la fuente del Centenario / Hasta cierto punto, fueron las pasiones políticas las que orillaron a un grupo de nuestros abuelitos toluqueños a ver con malos ojos “La Fuente del Águila” del Paseo Colón. Aseguraban que no era fea, sino más bien… horrible. Y ¿Qué pasaría si ahora les preguntáramos, por ejemplo a Polo Flores, a Matineff, su opinión sobre el monumento alado en que el águila mexicana aparece montada sobre un montón de insólitos e indefinibles trebejos? ¿Pensarán también que el monumento es feo? Nuestra modesta opinión personal resulta afirmativa en ese sentido. Además de que siempre tuvo mala suerte. La levantaron para ser inaugurado en septiembre de 1910, con motivo de las grandes fiestas del Centenario, pero no se terminó su hechura y… quedó sin estrenar. Y para colmo, después de que cierta empresa refresquera vino a instalarse en sus inmediaciones, ya no fue ni aún “La Fuente del Águila”, sino más vilmente “La Fuente de la Coca Cola”. El antecedente del Paseo Colón con sus esculturas es enseñanza de lo que ha de suceder con otros Paseos de la ciudad de Toluca que parten a otros puntos cardinales. El paseo Tollocan destaca como vemos en el tema de monumentos escultóricos.

El otro texto citado, es el que investigado por el escritor Eduardo Osorio                       —integrante del Centro Toluqueño de Escritores— aporta en la publicación del año de 1992, lleva por título: Primer Centenario del Paseo Colón 1892-1992, divulgado durante la presidencia municipal de Enrique González Isunza, la autoridad citada escribe palabras de Presentación, dice: 1992 es un año de símbolos para la ciudad de Toluca. En coincidencia con los festejos en el Continente Americano por el Quinto Centenario del Encuentro de Dos Culturas, la Capital del Estado de México conmemora también el primer siglo del Paseo Colón. Nuestro Paseo Colón, lugar de evocación y motivo de poetas, cronistas, fotógrafos y paisajistas, es un lugar emblemático en la memoria de los toluqueños.

Nació de la unidad de los toluqueños en el trabajo, cuando en 1892 un grupo de ciudadanos propuso la erección de un monumento al marino genovés Cristóbal Colón, en homenaje a su intrépido viaje que culminó en tierras americanas. No sólo obtuvieron el apoyo del entonces gobernador, general José Vicente Villada, sino que además el ilustre benefactor de la ciudad completó la propuesta con la idea de transformar la añeja calzada a Capultitlán en un paseo que atendiera a la imagen del progreso alcanzado y al gusto popular por las caminatas tranquilas y la convivencia. Destacan, por cierto en el tema de esculturas el Monumento a Cristóbal Colón, hoy vigente en su presencia elegante y enhiesta: arte y mensaje histórico se unen para dar importancia a la llegada de Colón a nuevas y vírgenes tierras en lo que ha de ser el continente de América, cuyo nombre se debe al geógrafo Américo Vespucio al señalar que no era el Asia ni las Indias el lugar descubierto, sino otro, nuevo y lleno de riquezas naturales para beneficio de los conquistadores.

Dos monumentos destacan también, el de José Vicente Villada que está al inicio del Paseo Colón, ante la vista de la iglesia de El Ranchito para llegar en su trayecto al busto de Adolfo Ruiz Cortines; se encuentra a entrada de la delegación de Capultitlán. Hace bien el investigador de dicho libro el preguntarse cómo se debe llamar el camino que une a Toluca con Capultitlán y por ese medio pensar en el trayecto al sur de la entidad, para conectarse con Temascaltepec, Sultepec, Almoloya de Alquisiras, Sultepec, Tejupilco y Luvianos. Esa misma pregunta se la hace antes don Poncho en su texto de 1981 al escribe sobre cómo llamarle: ¿Calzada, Parque, Boulevard o Paseo?…

Dos libros y una calzada, avenida, calle, carretera, sendero de tierra y huellas de huaraches y calzado popular por doquier a lo largo de los siglos. En inicio del libro sobre el Centenario, investigado por Osorio, leo: Paseo Colón: cien años de transformaciones / paseo de centenarios, festejos y homenajes, puerta al sur del municipio, es el Paseo Colón uno de los espacios verdes que reflejan el orgullo de los toluqueños por sus tradiciones. / Diversos viajeros y cronistas locales han testimoniado en diversas épocas la importancia que, como espacio social, ha tenido dicho paseo para la vida cotidiana de los toluqueños.

Desde su origen, ese camino de cedros tuvo importancia especial, pues comunicaba a los pueblos del sur con el tianguis de Toluca que era, en aquel entonces, un centro comercial de gran atractivo en la cuenca. El tianguis toluqueño se ubicaba a un costado del lugar que hoy ocupa la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Desde ahí se abría una ruta hacia el sur del municipio, que hoy se delinea por la actual avenida José Vicente Villada y por el Paseo Colón, hasta llegar al pueblo de Capultitlán. Tiempos de leyenda, de transitar ese camino yendo a la aventura para adolescentes que sabían que más allá de la Fuente del Águila por el sur de la capital mexiquense o, por el oriente, camino hacia el Monumento a la Bandera era ir a lo desconocido.