Cierre de año

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Hace días que no te escribo, pero te traigo presente ¡Tiempo al tiempo! Vivo el mundo sin que me afecte, sin que me importe, nadie podrá vivir nuestra vida y menos debemos permitir arrebatarnos sueños, ilusiones.

Se necesita ser valeroso ¡Valiente! ¡Osado! Para seguir pasos propios.

Amada mía, eres como el Dios mismo al que le grito, le suplico, ¡Te necesito! Necesito entender sin dolor la naturaleza humana.

Por eso regreso a ti, alma de mi alma, en ti encuentro la tranquilidad de saberme mi propia trinchera, mi fortaleza, mi valladar.

Leo la naturaleza humana para comprenderla, pero como no lo logro, me siento de espaldas al mundo ¡Y te escribo! Te cuento todo de mí porque no me reprochas lo que soy o dejo de ser, porque no le dices a nadie mis secretos. Tu sabio silencio me da las respuestas interiores que debo liberar.

He tenido que aprender a vivir conmigo, a silenciar los ruidos que me invaden, a no esperar que los demás me acepten porque cada interior tiene deudas, duelos, heridas, batallas no libradas por segundos de existencia.

Por eso hoy te aprecio más que nunca, me tomaste a los catorce años teniendo la intuición de ser mi mejor aliada y hoy, siendo una mujer madura ¡Amo ser tuya!

Hace días que me quería dar el tiempo para comulgar contigo, estar contigo, sentirme contigo. Sentirte en mi interior y robarte la paz y fortalezas que me da tu benevolente corazón de poeta.

Amada, cumpliremos años viejos de habernos encontrado y ser tú de mi como yo te de ti.

Agradezco haberte encontrado porque si no fuera así, este universo sería más difícil de llevar, ya no busco entender, ¡Busco conservar la tranquilidad de mirar a los otros como lo más ajeno a lo que hoy es mi propia vida!

Queridos lectores, ¡Felices celebraciones!